'A real pain', o el cine del malestar

El otro día por fin pude ver ‘A real pain’, y quería comentar por aquí alguna de las cosas que más me interesaron. Concretamente, la idea de que es un perfecto exponente de lo que podríamos llamar el cine del malestar.

Frente a un cine de raíz melodramática que sabe identificar bien las causas de los problemas y disgustos de sus personajes, los cuales, por cierto, explicitan claramente su desencanto, en este cine del malestar los personajes afrontan problemas difíciles de definir, muchas veces ajenos a ellos, en los que su agencia está minimizada o, directamente, eliminada. En realidad, es fácil pensar este cine como una manifestación de la insatisfacción permanente a la que empuja un sistema como el nuestro.

En ‘A real pain’ asistimos a la peripecia de dos primos incapaces de compaginar sus emociones y estados de ánimo con los requerimientos sociales y económicos que los acechan. No entro en mucho detalle, pero el personaje de Kieran Culkin me parece un ejemplo fantástico de lo imposible de estar bien en un mundo como el nuestro. Y la peli lo resuelve visualmente, lo que pone muy alta en la lista de lo que he podido ver en los últimos tiempos.

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A Real Pain es una peli que cuanto más la pienso más me gusta. En su momento me costó deshacerme de lo inoportuno que resulta su planteamiento (este énfasis en el sufrimiento del Holocausto que tanto está sirviendo a Israel para legitimar sus crímenes, y lanzado además por un reconocido sionista como es Jesse Eisenberg), pero dejando de lado esto es que es una ficción bastante categórica. Está escrita fenomenalmente y a mí me terminó emocionando mucho con su honestidad y sus rodeos en tanto a una pregunta que suele preocuparme: qué legitimidad tiene nuestro malestar, con qué derecho nos sentimos sufrir en comparación al sufrimiento de otros.

Dejo por aquí lo que escribí al respecto (por si además os interesa saber más del perfil de Eisenberg, que es bastante chunguillo pero en fin) Kieran Culkin se consagra tras ‘Succession’ en ‘A Real Pain’, un emotivo relato sobre nuestras estrategias para enfrentar el dolor

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Coincido con Alberto en que A Real Pain es una peli que me gusta más cuanto más pienso en ella. Creo que es interesante que haya salido más o menos a la vez que Treasure, con Lena Dunham y Stephen Fry, que cuenta una historia relativamente similar sobre un hombre que sobrevivió a Auschwitz, emigró a Nueva York y que años después vuelve a Polonia con su hija “para reencontrarse con el pasado de su familia”. Además las dos pelis tienen a Chopin de banda sonora todo el rato por supuesto. Por alguna razón haber visto Treasure después de A Real Pain ha hecho que me guste más A Real Pain. Me parece taan complicado hablar del holocausto y sus consecuencias a nivel singular-humano con respeto, sensibilidad y naturalidad a la vez que se quieren introducir chistes o elementos de humor (como ambas películas quieren hacer)… Que me fascina como Jesse Eisenberg hace que todo funcione tan bien en realidad.

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Ostras había oído hablar de Treasure pero no sabía que tenía taaantas concomitancias con A Real Pain. La verdad que también me hace un poco torcer el morro por la cantidad de propuestas empeñadas en retratar el sufrimiento judío que han salido en tan poco tiempo (A Real Pain, Treasure, Septiembre 5, The Brutalist)… pero bueno, si son pelis que funcionan y tienen cierta responsabilidad habrá que conformarse (salvo en el caso de Septiembre 5, que es basura sionista)

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Es honestamente super difícil ver estas pelis mientras el estado de Israel comete un genocidio en la vida real.

No sabía que Jesse Eisenberg era un sionista, uno más… Pero creo que eso hace que la peli sea más interesante. Me explico: diría entonces que estamos ante un caso de película que funciona a pesar de, y no gracias a, su director.

Si la apuesta de Eisenberg era lavarle la cara a Israel en pleno genocidio, creo que pierde, porque, honestamente, para mí el tema que se impone de manera sutil pero implacable es lo mal que está la gente en un mundo que, según todobel discurso dominante, no podría ser mejor. Todo lo relativo a la memoria me parece un recubrimiento, un contexto (facilón, previsible, eficaz), pero no la médula de la movida.

Pienso en el contraste entre el superviviente ruandés y el personaje de Kieran Culkin. El primero ha sufrido, el segundo está roto. A ver, que el que se ha intentado suicidar es el estadounidense de Nueva York, no la víctima de un genocidio más cercano en el tiempo que el nazi.

Y las conversaciones entre los primos entran en sus vidas cotidianas (la fuente del malestar), no en reflexionar sobre el legado de su abuela. La intimidad entre ellos pone de manifiesto que sus vidas no molan, a pesar de que deberían (al menos eso les ha dicho el sistema que los ha criado).

Mala suerte, sionistas, esta peli ha escapado, creo yo, de vuestro radar, para engrosar las filas de un cine del desencanto mucho más afilado. Y, como complemento a este aluvión de pelis sobre la cuestión judía en el siglo XX, os propongo la lectura de ‘Los Netanyahus’, de Joshua Cohen.

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