Muy buenas, colegas.
He escuchado el último CdT, buenísimo como siempre, y me ha cogido en un momento muy oportuno por algo que he vivido esta semana: varios jóvenes me comentaron que el Bono Cultural Joven les parecía una parida porque gastarse el dinero en eso lo consideraban una gilipollez. “Eso” es la cultura en cualquiera de sus manifestaciones.
La movida es que no tenían un problema con la mejor o peor gestión del bono, o por las críticas que les pudiera suscitar la medida en sí, sino por poner dinero público en lo cultural. Y joder qué susto, aún estoy recuperándome. Básicamente, me encontré con unos interlocutores que consideraban la cultura, o bien una afición, o bien algo propio de pedantes. La cultura como hobby, qué vuelta más inesperada a los noventa, joder.
Y después de eso, llegué al capítulo de CdT, donde mi desazón me hizo pensar que lo jodido no es cómo está el periodismo y la crítica cultural (que también, por descontado), sino… ¡la propia idea de cultura! En ese momento decidí que ya valía por mi parte de berrinches de señor privilegiado, y, por deformación profesional, tiré de bibliografía. La primera referencia, un imprescindible para mí, Raymond Williams: “Ser verdaderamente radical es hacer la esperanza posible, no la desesperación convincente”. No puedo añadir gran cosa, así que voy con la siguiente: Christian Metz, un viejo conocido para quienes hayan pasado por las aulas de Comunicación Audiovisual.
Metz, hablando del cine, observaba un objeto central (las películas) y tres categorías de sujetos que se relacionan con él: quienes hacen pelis (cineastas), quienes las ven (espectadores) y quienes piensan y hablan sobre ellas (peliculeros, filmólogos o cualquier otra denominación que prefiráis). Diría que est propuesta puede emplearse en cualquier campo cultural, porque quien crea, quien ve/lee/escucha/juega y quien piensa y charla sobre ello siempre están ahí.
Todo este circunloquio me sirve para llegar a dos conclusiones: la primera, que la cultura, como el espacio donde formular preguntas, ni pierde vigencia ni importancia. La pelea por su definición y los múltiples esfuerzos por reducirla a evasión y desconexión solo me parecen síntomas de ello, no de su pérdida de sentido.
La segunda, que la charla cultural (la profesional, por descontado, y los espacios compartidos, que personalmente me dan la vida) no es un capricho sino una conversación imprescindible en términos estéticos, éticos y políticos. Por ello, gracias @alcoronag y @MartaTrivi (y a la peña estupenda de esta comunidad) por pelear desde la trinchera y dar un lustre increíble al diálogo y la reflexión. Yo, que estoy al borde de los cuarenta y no me ha dado ni por correr ni por montar en moto, no puedo imaginarme vivir sin esto.
Hasta aquí la chapa, gracias a quien haya tenido la paciencia de llegar hasta aquí ![]()