El estado del cine actual - Soy un pollavieja

Nací en el año 1998. Y aunque muchos se empeñen en decirme que aún soy joven, también es cierto que muchos ya me empiezan a mirar como un señor mayor. Supongo que si me tienen que decir que “aún soy joven”, será porque ya no lo soy tanto. Entre mi edad y mis gustos cinéfilos pedantes, poco a poco crece en mi el miedo a ir mutando poco a poco hasta llegar a ser un pollavieja.

En el Preguntaselo a Chiclana, Marta Trivi sacó este tema (más o menos). Y creo que mi enfoque no se acerca tanto a lo que preguntan en el programa, así que he querido acudir al forochoques para hablar del estado del cine actual.

Una parte de mí dice que buen y mal cine ha existido siempre. En 2024 se estrenaron películas que me encantan. Y en 2023. Y en 2022. Y en…

Creo que esa es una base en la que todos podemos estar de acuerdo. Pero cuando alejo la mirada e intento fijarme en el cine en global, empiezo a dudar un poco más.
Por una parte, están los remakes, los live-action, las secuelas, las precuelas, los spin-offs, los reboots, la marvelificación, el control creativo excesivo por parte de compañías o los monopolios de ciertos estudios y la homogeneización de sus proyectos.
Es cuando pienso en estas cosas que prefiero decirme a mí mismo: No seas vinagre. No seas pollavieja.
Pero al mismo tiempo creo interesante el analizar el estado actual del cine (hablando puramente de sus productos, no me meto en la industria, el hacer, la distribución, el streaming vs el teatro, etc.)

Y hablando de polla viejas y cinéfilos presuntuosos. Quentin Tarantino habla de esta década como un “repressive time” como, según él, lo fue en los setenta. En parte, tener una voz de la que sabemos de su conocimiento del medio, me hace pensar que tal vez no soy un pollavieja y estoy viendo el cine por lo que es.
(aquí la fuente: https://www.youtube.com/shorts/UVrmI_zlZKg)

En conclusión. Por mucho que me resista a pensar que “antes todo era mejor”, cuando miro el cine de los últimos cinco o diez años, tal vez quince, siento que estamos pasando un periodo bastante malo en el mundo del cine. ¿Lo positivo? Que incluso en un mal periodo (si es que lo es) hay obras de sobra para sacarme de casa e ir a una sala. Y hay muchas que me encantas. Pero sobre todo que, según el bueno de Q, esto es un péndulo y en algún momento esto se moverá y será la repolla(vieja).

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Todo un señor melón que es imposible abordar sin tirar de generalidades de las que nos podamos arrepentir, así que let’s play.

A mí lo de ser un pollavieja es algo que me produce un temor inmenso y que al mismo tiempo creo que forma parte de un ciclo vital inevitable. Por ejemplo me pasa ahora que cada vez que me vuelvo a acercar a una película de los años 90 que no había visto en su día, suelo sorprenderme con sus hechuras y defenderla en plan “esto, sin ser nada del otro mundo, es mejor que el 90% de lo que se estrena ahora”; recuerdo que me pasó algo tal cual al ver Twister el año pasado de cara a la secuela y diría que ahí estoy siendo abiertamente nostálgico porque, al fin y al cabo, los 90 es mi década, y me pregunto si no me pasa con ella lo que le sucede a otra gente con los 80.

Ahí sin duda están operando unos afectos subjetivos determinados por la edad que tengo. Ahora bien, hecho este disclaimer, tengo una respuesta muy clara a lo que se pregunta @NinoCine_akaGenis. No, el cine de ahora no es peor ni está en su peor momento. Lo que sucede, simplemente, es que el cine de Hollywood pasa por el peor momento de su historia, de forma totalmente inequívoca y con motivos perfectamente claros. El empobrecimiento de la imagen que trajo el cine digital, la progresiva dependencia de las propiedades intelectuales, la subida al poder de productores que lo mismo producen pelis que reality shows porque se la suda, solo tienen ojos para los inversores (caso paradigmático el de David Zaslav, actual CEO de Warner que antes producía realitys en Discovery Max), la sombra del streaming vulgarizándolo todo, la falta de fe del propio blockbuster en sí mismo… el cine de Hollywood ahora mismo es en líneas generales una puta mierda, sin que esto implique que de vez en cuando no surjan excepciones agradables o que incluso se divisen señales de mejora (este año, por ejemplo, Los pecadores y el Superman de Gunn han hecho que vuelva a tener fe en el cine de alto presupuesto).

Y vaya, eso, solo el de Hollywood. Las cinematografías alrededor de él son tan amplias y complejas que yo no me atrevería a definir un declive más allá del cine masivo al que inevitablemente seguimos prestándole mayor atención. El cine español por ejemplo, pese a estar atrapado en fetiches industriales y académicos, produce tanta cantidad que raro es el año que no haya una peli que me sorprenda muchísimo. Y lo mismo se podría decir del cine independiente USA, el cine de género (este año en otro gran momento diría), el cine francés (menudo bombazo fue el año pasado La bestia de Bonello), el cine japonés (Hamaguchi, Kurosawa sin haber parado nunca de trabajar!)… en fin, es un poco ridículo determinar estados cualitativos si abrimos tanto el foco, pero es necesario para negar finalmente que no, que el cine actual no está nada mal jaja

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Del mismo modo que uno puede decir que la década de los 70 es algo floja en comparación con los 50 y los 60 (y ojo, no solo en referencia a Hollywood, sino también a muchas cinematografías europeas), creo que puede ser bastante válido señalar que estamos viviendo una década bastante meh. No sé si la peor, pero pueden haber muchos argumentos para criticarla.

Sin embargo, eso no está reñido con cierto “pollaviejismo” y un sesgo de estar viviendo la presente década que condiciona las opiniones. Quizás la década actual es floja, pero estar viviéndola, ser más conscientes de los fracasos y decepciones, tragarse muchas cosas que en la vida verías si no fuese la década actual, etc etc Todo eso da lugar a ese cóctel de emociones “pollaviejistas”.

Un ejemplo que me gusta poner: estuve trabajando un par de años en Alemania y mis amigos acabaron hartos de lo brasas que era, pues no paraba de quejarme de la vida de allí y la cultura. Era un hater de cuidado. A día de hoy, podría escribir un libro de todo lo que no me gusta de allí y aún así no sería ni la mitad de largo que el libro que habría podido escribir mientras vivía allí. Ahora, no solo tengo mejores recuerdos de las cosas buenas y he olvidado muchas de las malas experiencias/sensaciones, sino que también, al no estar ya viviendo allí, todo me da un poco más igual y tampoco tengo ese mal sabor de boca del día a día como para quejarme tanto.

Con esto de si el cine de antes era mejor pasa un poco lo mismo: la época que estás viviendo (cuando dejas de ser joven) suele producir mucha negatividad cuando te encuentras cosas que no te gustan. Al menos vivimos en una época donde es más fácil que nunca acceder a cinematografías independientes, de otros países, de otras décadas, … así que a disfrutar con lo que podamos.

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Yo voy a ser el optimista en este caso: el discurso pollaviejil es tan viejo como el hilo negro, así que no creo que haya que preocuparse en exceso. Me explico: a día de hoy sigo encontrándome a menudo con discursos que hablan de lo buena que era la educación de su tiempo (con el aprendizaje de los ríos españoles como cima intelectual), que la política de ahora palidece frente a la de hace décadas (con referentes tan admirables como Felipe González, el chiste se cuenta solo) o, yendo a nuestro tema, que el cine actual es una mierda al lado del de antes (el de antes, por cierto, suele ser cine de Hollywood de antes de los setenta y ya).

Y lo siento, pero no: el cine actual vive su mejor momento. Y no lo digo yo, lo dijo Mark Cousins en su monumental ‘Historia del cine’, en una hipótesis que comparto. A ver si la resumo bien: el volumen de producción actual, unido al conocimiento que tenemos de cinematografías distintas y distantes (sin parangón a lo largo de la historia del medio), han contribuido a crear un panorama de una creatividad sin precedentes. Claro, hay fuerzas en sentido opuesto, que ya habéis descrito perfectamente. Pero no creo que debamos caer en el cinismo de señoros que no somos: una peli como ‘Flow’, por ejemplo, es un síntoma magnífico de lo que intento decir.

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Muy bien y muy sintéticamente expuesto. Lo que ha traído el digital es un empobrecimiento generalizado de la imagen comercial, pero a la vez ha puesto en nuestras manos un caudal de películas absolutamente inagotable y vertiginoso, desde múltiples puntos del mundo y contribuyendo a que nos lleguen más cosas que nunca.

La temible idea de “el cine no es como antes” quizá sea en muchas ocasiones una reacción al vértigo que produce este panorama.

(sobre esto de la apertura de la cinefilia, por cierto, recomiendo mucho un ensayo que seguramente @Jose tenga controlado; se titula Mutaciones del cine contemporáneo y creo que habla muy bien de todo este cambio de paradigma)

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A todo lo que comentais, super interesante, añadiría que, cuanto mas creces, menos te sorprende lo que ves. Es fácil caer en lo de que antes todo era mejor, porque para ti todo era nuevo y el mundo cultural estaba por descubrir. Ahora todo te empieza a parecer repetido. Y de ahí al pollaviejismo hay un paso. Hay que ser consciente de esta condición, estar abierto y esforzarse por buscar el valor de lo que las nuevas generaciones aportan.

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Muy buen apunte. Pienso en cuando empecé a aficionarme al cine, abrir la puerta del hobby y descubrir tantos directores, épocas, géneros, diferentes formas de hacer cine… esa época no va a volver. El volumen de experiencias por descubrir era astronómico.

Como bien dices, ahora es más difícil sorprenderse, aunque por otro lado, puedes tomar ventaja de esta situación. Cuantas más películas has visto, mejor te conoces a ti mismo. Puedes ser más selectivo a la hora de elegir qué ver y con ello la experiencia sigue siendo bastante enriquecedora. Además de lo satisfactorio que resulta acertar en las elecciones y sentir que estás viendo lo que realmente te gusta.

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Aunque tengáis razón y es obvio que dejarse llevar por la nostalgia o perder la capacidad de sorpresa lleva a una falsa idea de “las cosas antes eran mejor”, siento que es igualmente interesante el ser capaz de ver de forma crítica el presente y analizarlo según lo que es.

A mí si me parece que vivimos unos años relativamente pobres en varios sentidos. Y cierto, aquí pongo a Hollywood como el gran representante de ese empobrecimiento, pero como la industria tiende a fijarse y copiar a la norte-americana, entiendo que se acaba extendiendo. La forma misma en la que se financian muchos proyectos menores son una piedra en el camino (no solo para el proyecto, también para sus trabajadores).Y eso no significa que no vea películas que me entusiasmen en la actualidad, todo lo contrario (Challengers, Priscilla, The Holdovers, River, Perfect Days, Argentina 1985, hay tantas…).

Y sobre lo que comenta charliewoodhead, he de reconocer que vivo con la ilusión de saber que me queda muchísimo cine por descubrir. Décadas y décadas, países y artistas que conozco, pero no he disfrutado aún o los muchísimos que me quedan por descubrir. He de reconocer que vivo con la tranquilidad de que “no me voy a acabar el cine”.

*Me ha encantado leeros. Es un tema que me tiene dando vueltas a la cabeza unas semanas ya.

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Apuntando lo que recomiendan :star_struck:, gracias

A mí me ha ayudado a combatir ese sentimiento casposo tener muy en cuenta que sí, el cine cambia, pero yo también y mis intereses ya no son los mismos. Si un chiste pastelazo me hacía gracia a los 4 años, es normal que ya no y que pase por limbos de “esta peli no me habla a mí”. También aplica si mis valores han cambiado: me he reído de chistes cancelables que hoy, sabiendo sus implicaciones, pues ya no me hacen gracia. Entonces, sabiendo que cada uno tiene sus ritmos y caminos, asumo que el cine (que al final lo hacen personas) es igual. Claro que, similar a lo que pasa con los libros, hay temas más universales y que conectan bien con un público ancho (creo que muchas pelis de Pixar son buenas en eso, lo típico de que son obras que envejecen bien), pero hay otras que halan más de tu experiencia para que conectes con ellas.

Apoyo lo que dice la mayoría, ya la industria no parece tan hegemónica y eso tiene la ventaja de que hay más variedad y la desventaja de que el cine de grandes presupuestos ya no te guía a la hora de elegir una pelicula hecha con mimo, toca investigar o simplemente sorprenderse y disfrutar viendo calidad (y muchos chascos).

En mi opinión, lxs noventerxs somos una generación muy cinéfila. Prácticamente nos crió la tele y creo que por eso tenemos un hambre insaciable de ver historias de noventerxs, aficionadxs y millennials. Entonces cuando lanzan una peli para niños o para personas con más edad, pff muchos no nos sentimos apeladxs. No digo que no tengamos desarrollada la empatía para conectar con las historias de personas de otras edades (Up es un bello ejemplo), pero sí percibo esa hambre de querer identificarnos cada vez más con personajes que para nosotros sean creíbles con nuestra realidad.
Puede que por esto para muchos (yo incluida) sea frustrante saber que la gran industria apuesta a lo seguro con remakes, secuelas o guiones formulita, porque pensamos (a veces muy ingenuamente) que es un desperdicio. Ojo, no digo que no hayan remakes, secuelas o guiones comerciales que no introduzcan una perspectiva más actual, con esas pelis no hay problema; hablo de las que se quedan en tirar de la nostalgia del público o las que por querer complacer a todo el mundo no profundicen en nada.
(Jajaja ya ves, este párrafo ha quedado muy polla vieja…).

En fin, creo que cada vez los creativos son más conscientes de eso y puede que se vengan años buenos para volver a las salas de cine así sea para verse con amigos y comentar.

Saludos

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En esto es claro que hay mucho de una inclinación psicológica a idealizar el pasado, un sesgo del que no se escapa nadie. Es algo estudiado y que se ha comprobado en distintos ambitos: incluso si el cine fuera mejor que en las últimas décadas el discurso predonimante sería que vamos de mal en peor, lo que lleva a tomar posiciones muy conservadoras.

A mi me parece además que aquí juega un rol importante el sesgo del superviviente: vemos más películas actuales a las cuales nos acercamos porque son novedad o porque están disponibles en el cine o en streaming, y por lo tanto filtramos menos. Muchas de ellas son peliculas que después de dos semanas ya han pasado al olvido o que se reconocen ampliamente como deficientes, y que probablemente muy poca gente va a ver de aquí a diez años más. Por el contrario, al acercarnos al cine más antiguo nos decantamos por obras más consolidadas culturalmente, aquellas que han sobrevivido al paso del tiempo.

Por supuesto que esto es un punto de partida según el cuál podemos empezar a hilar más fino y no impide un análisis crítico del panorama actual.

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Lo del sesgo del superviviente que comenta @Basmer es absolutamente clave; fijo que si siguiéramos en tiempo real la actualidad cinematográfica de cualquier década nos hartaríamos de comer mierda, como nos la estamos comiendo ahora.

Aún así creo que hay fenómenos contemporáneos que contribuyen no tanto al tráfico habitual de mierda como a que, por decirlo así, esta mierda nos irrite más. Si por ejemplo Netflix no nos quitara tanto tiempo o lograra tanto respaldo mediático lo mismo nos podríamos enfadar con ella lo mismo que con cualquier telefilm alemán, pero no es el caso y pica igual y da para ponerse apocalípticos.

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A mí este tema me cuesta abordarlo sin sentirme un poco tonto, o sin pensar que se me escapa algo sobre el cine del presente. Definitivamente creo que la industria tiene ahora unos problemas que antes no existían, y la exposición a la imagen es tan brutal que quizás han perdido su valor si no desgarramos un poco su lenguaje. Creo que, por centrarnos en la industria más decadente y problemática como puede ser la hollywoodiense y el cine espectáculo, aquí hay un factor importante: los estudios han comprendido que maravillar con la ficción ya no es una estrategia ganadora, y que quizás los estudios de marketing y el control mediante 50 departamentos (sin exagerar) como los que tienen Warner y Disney para revisar sus películas con el fin de adecuarlas a sus exigencias transmedia, a la vigencia de una u otra IP, a sus parques temáticos o sus planes de cara a futuro importan mucho más para tener a un público bien adherido a la marca.

Entiendo que cuando no estábamos tan expuestos, la maravilla le valía a los estudios y los controles e imposiciones que hacían partían de que las películas tenían que ser evocadoras por sí mismas, porque hasta los mismos ejecutivos estaban asombrados por el artificio. Ahora tenemos, como bien habéis señalado, a ejecutivos que entienden como el mismo espectáculo una película de superhéroes (que ya no asombra a nadie, ellos incluidos) y un reality de Netflix. Comparten códigos, plataforma y se comunican de forma parecida, lo que ha llevado a una devaluación de la imagen que alcanza incluso a las películas que sí nos pueden llegar a gustar. No sé si estos problemas configuran la peor época de la historia del cine (creo que también nos hemos quitado de encima unas cuantas cosas indeseables), pero estoy bastante convencido de que parte del problema de la estandarización del blockbuster contemporáneo surge de ahí.

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