Elogio a la curiosidad (Pos nada un primer intento de escribir)

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Un día estaba mirando una serie en la que hablaban de Venus, uno de los personajes llamaba al planeta “el lucero del alba”, no sabía nada de astronomía por aquel entonces, pero decían que era visible desde la tierra y se identificaba por su tono amarillento. En ese momento recordé tres cosas, una, el balcón de mi casa apunta directamente hacia el este, dos, el cielo nocturno es más visible en lugares con poca luz y tres, en unos días nos tocaba apagón por la madrugada, nunca antes ninguno me pareció tan oportuno o digno de expectativa. Comencé a preguntarme si era posible para mí observar el lucero y me dispuse a prepararme. El día esperado llegó y en total oscuridad en mi balcón a la seis y veintiséis de la mañana, allí estaba, con su ligero color ámbar, a minutos de que saliera el Sol. Por un instante, mi ordinario balcón fue para mí el lugar más maravilloso del mundo.

Instinto, deseo, emoción; la curiosidad tiene diversas definiciones y no estamos seguros de cuál es su causa, pero en su efecto no parece haber duda, impulsa, nos evoca a relacionarnos con nuestro entorno, a explorarlo y particularmente a querer conocerlo, es un motor que nos apremia al descubrimiento. Todos los animales parecen tener una predisposición a explorar, pero especialmente los humanos parecen tenerla a conocer o a buscar conocer, a desentrañar los engranajes de nuestro ambiente; la curiosidad provoca esta sed, la cual valoro distintiva de nuestra especie. Nos invita a la vida contemplativa.

La mente curiosa tiende a no conformarse con la apariencia que le proponen los sentidos, la cuestiona y busca su causa, apoyándose en la imaginación, así se confeccionan las hipótesis que luego son sometidas a interpretación para su demostración o desaprobación. Una mente en la que se haya fomentado percibe las experiencias, no como simples sucesos, sino como oportunidades para el descubrimiento, y es en esta persecución de la posibilidad que la estructura de pensamiento del curioso difiere. Decía Albert Einstein “No tengo ningún talento especial, solo soy apasionadamente curioso[1]”, nuestra curiosidad influye en cómo percibimos e interactuamos con el mundo y con el resto de los seres vivos.

Por su propia naturaleza inquisitiva recompensa en el mediano-largo plazo, ya que les es intrínseca la fricción; el mundo con el que interactúa es uno que se opone a mostrarse explícito, por tanto necesita de paciencia, análisis, razonamiento, en general de tiempo para reflexionar, así como de una estabilidad económica y social suficientes, de estas maneras afila la mente en el ejercicio de la observación y le damos sentido a nuestro entorno, es entonces cuando nos premia con el conocimiento y la satisfacción que dan esas cosas conseguidas con esfuerzo.

Debido a esta fricción la curiosidad existe en tensión con la comodidad, la cual es propensa a buscar lo fácil, lo agradable, accesible, inmediato, conveniente; no importa cuál sea la recompensa que tengamos como objetivo, una emoción, una información, la comodidad pretende llegar a ella mediante la menor resistencia para esto el tiempo que necesita la curiosidad le resulta tedioso, y el aburrimiento es a lo que más teme; pero necesitamos esa incomodidad prolongada que no puede ser resuelta como la picazón y deviene en catalizador para las preguntas.

Es en esta tensión donde la tecnología se interpone como benefactor de la comodidad, respondiendo a cada una de sus demandas con celeridad; eficiencia y utilidad son los argumentos que esgrime para su uso, eliminando la resistencia. Pero a través de las tecnologías actuales, dígase televisión, internet, redes sociales, inteligencia artificial; no conocemos el mundo sino la interpretación que estas hacen de él bajo sus términos, desplazan las oposiciones, luego en redes sociales no interactuamos con las virtudes y defectos de alguien sino con la construcción editada que decide mostrar, si no es directamente un bot. Decía el sociólogo Neil Postman que “El medio es la metáfora[2]” y por ejemplo el medio de internet, por el tributo de nuestra atención, nos presenta la metáfora de un mundo que siempre está disponible cómodamente, como lo describiría Bo Burnham en su música, un mundo que es “Todo y nada a la misma vez, todo el tiempo[3]”.

Los principales medios tecnológicos poseen consecuencias más allá que la ampliación de nuestras capacidades, envenenadas por su modelo de negocio venden una narrativa que ha cambiado el discurso público y lo ha desplazado a uno donde el foco está en el entretenimiento y las emociones activadoras; spam de atención cada vez más cortos, brain rot, obras modificadas para responder a la dictadura del algoritmo, doom scrolling y el vacío son algunas de sus consecuencias, un mundo postmoderno donde nada se siente y se piensa verdadero, donde no miramos al mundo sino a la construcción que nos hacen de él, por la promesa de escapar de las dificultades de este para obtener el placer constante y accesible del otro, para así, citando una vez más a Postman, “Entretenernos hasta morir[4]”.

La distinción es que el entretenimiento tiende al hedonismo y la curiosidad a la posibilidad, una sociedad que no es curiosa simplemente es una que no cree en las posibilidades, enferma de un escepticismo hiperbólico se paraliza. Nuestra sociedad no solo distingue cada vez menos lo real sino también carece de la voluntad para buscarlo, y cuando digo lo real me refiero a lo humano y a las cosas del orden terrenal entendidas como lo hacía Hannah Arendt, cosas del mundo con la misión de “estabilizar la vida humana[5]”.

No se trata de ser un luddite, sino de conocer el medio en que nos movemos y no aceptarlo como providencia, inevitable, ser conscientes de que se gana y que se pierde y saber distinguir la tecnología del progreso, que no es más, sino mejor, y que mejor no es más rápido para unos pocos, sino mas saludable para todos.

Bien, entonces ¿Por qué aferrarse a la curiosidad? ¿Por qué no permanecer en el espejismo que tejen para nuestro entretenimiento y placer constante? ¿Por qué es la curiosidad digna de elogio? El espejismo demanda sin cesar nuestra atención, no le da ni tiempo ni espacio a nuestra mente para vagar, para preguntarse, para maravillarse (nada se parece más a un adicto que una persona que no sabe dónde está su smartphone), no existen en él la incertidumbre o las posibilidades, luego no se encuentra en el esperanza, al contrario la curiosidad todo lo que hace es preguntarse ¿Cómo es posible? ¿Qué pasará? ¿Sería posible que…? Según Jürgen Moltman la esperanza es “una pasión por lo posible[6]”, y la curiosidad en su interés por el conocimiento nos llena de ella, una mente curiosa es una que piensa que puede conocer una verdad y aquellos que piensan que pueden están esperanzados y aquellos esperanzados son difíciles de manipular, no son estoicamente obedientes, quieren hacer, quieren buscar, cuestionan la autoridad, quieren intentar. La curiosidad es digna de elogio porque nos da esperanza en un mundo que nos quiere convencer de que no existe.

Lo desconocido nos aterra precisamente por su condición, por eso nos contamos historias, historias acerca del mundo y sus seres, que sospecho nacieron de los que fueron vencidos por las preguntas, narrativas que nos motivan a ponderar los sueños por encima de las dificultades y no paralizarnos en el miedo, en palabras de Cervantes en su inmortal Don Quijote “Como no estás experimentado en las cosas del mundo, todas las cosas que tienen algo de dificultad te parecen imposibles[7]” Debemos conocer para darnos una oportunidad, para llenar el vacío y labrarnos un camino hacia la empatía. La curiosidad nos es natural pero se puede ahogar, en ese momento nuestra capacidad para reflexionar pierde su guía y somos reducidos a satisfactores de nuestras funciones vegetativas. Debemos apreciar la curiosidad porque nos humaniza, ya que el ser humano es lo que ocurre cuando esta se encuentra con la reflexión.

Hesai.


[1] Albert Einstein, carta a Carl Seelig (11 Mar 1952), Einstein Archive 39-013

[2] Neil Postman, Divertirse hasta morir, Ediciones Tempestad, 2001, p. 7.

[3] Bo Burnham, INSIDE, Welcome to the internet, 2021.

[4] Neil Postman, Divertirse hasta morir, Ediciones Tempestad, 2001.

[5] Hannah Arendt, La condición humana, Barcelona*,* Paidós, 2016, p. 158, trad. de Ramón Gil Novales.

[6] Jürgen Moltman,Teología de la esperanza, op. cit., p. 43

[7] Miguel de Cervantes Saavedra, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, segunda parte, La Habana , Editorial Arte y Literatura, 2010, Capítulo XXIII, p. 162

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Qué texto tan bonito, @Hesai! Y qué chulo que hayas escogido este sitio para publicarlo, mola mucho que el foro dé pie a este tipo de encuentros creo.

Por mi parte qué decir salvo que no puedo estar más de acuerdo con que la curiosidad es el motor del mundo (por lo menos el motor de mi mundo y de toda la gente que admiro). Es preciosa la última frase, “el ser humano es lo que ocurre cuando la curiosidad se encuentra con la reflexión”.

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Muchas gracias por leerlo, este foro es el primero en el que me atrevo a escribir algo así y es por el espacio seguro que han creado, tú y Marta son una inspiración, muchas gracias.

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Me alegro mucho de que lo veas así! Si en algún punto de apetece volver a escribir algo, esta es tu casa :))

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