Mirar con los ojos entrecerrados, o cómo reaccionar a la intolerancia en cosas que nos gustan

Últimamente he estado viendo series no muy actuales, como The IT Crowd, Me llamo Earl o House. Y, aunque las adoro, en todas ha habido momentos que me han hecho fruncir el ceño: chistes sobre personas gays, trans o cualquier otra minoría, hechos desde un desconocimiento absoluto (y muchas veces con mala leche), que me sacan por completo del capítulo.

Ya sé que no es sorprendente ver este tipo de cosas en ficción con algunos años encima. Pero ese no es el tema. La pregunta que quiero hacer es:
¿Cómo gestionáis vosotros estas claras muestras de intolerancia?

Yo creo que lo llevo mal. Cuando en un capítulo de una serie antigua aparece alguien homosexual o trans, empiezo casi a mirar con los ojos entrecerrados, esperando que, cuando den “el golpe”, me pille al menos prevenido ante la cuñadez supina que están a punto de soltar. Es una reacción casi automática. Me cuesta confiar en que el tratamiento vaya a ser respetuoso.

Me pasa con las series que he mencionado al principio, o con humoristas clásicos como Miguel Gila, a quien admiro profundamente, pero que en algunos monólogos suelta cosas que ahora mismo te dejan helado.

Es cierto que a veces, poniéndolo en el contexto de la época, se puede llegar a entender por qué se hizo el chiste. Es muy interesante la reflexión que hace Millán Salcedo sobre un sketch de bastante mal gusto que hizo en martes y trece (TW: violencia machista) que señala lo reprochable y lo injustificado que es hacer humor de algo así. Pero es lo que él dice, aunque se entienda que ese chiste se hiciese, no quita que estuviese mal.

Como ya he dicho, estas cosas me generan una mezcla de incomodidad y decepción. No porque espere que todo el pasado cumpla los estándares del presente, sino porque me hace pensar cuánto daño hemos normalizado durante tanto tiempo… y cuánto se sigue repitiendo en bastantes ocasiones.

No se si me he expresado del todo bien, pero es un tema al que llevaba dando vueltas meses. ¿Vosotros cómo lo vivís? ¿Revisáis estas obras con otra mirada? ¿Os da igual? ¿Os genera conflicto?

Os leo!

5 Me gusta

A mí me sienta mal. En ocasiones me resulta muy desagradable. Por ejemplo, vi Los Soprano por primera vez este año y las primeras temporqdas, sobre todo la primera es de una misoginia insoportable desde el segundo uno. A partir de la tercera se relaja un poco sin desaparecer. Pero las tres primeras es gratuito y exageradísimo. No por ser hijaas de su yiempo, pues muchas otras series de la época no son así, ni por ser sus personajes mafiosos. Es de unnregodeo y una gratuidad pasmosa. Y no dejé de verla porque lo hacía con mi pareja. Pero si hubiera sido por mí, no hubiera seguido.
Revisioné The Wire y ahí fue decepción por ignorar al 50 por ciento de la humanidad.

Cuando son cosas aisladas, como chistes o comentarios de algún personaje de cuando en cuando, pues pongo lo ojos en blanco y en fin. Me da pena que hubiéramos tenido que aguantar eso y me alegra que al menos ahora ya no sea así o no tanto. Vamos mejorando.

También veo la diferencia entre era otra època a cuando el director o los creadores lo hacen desde su propia misoginia u homofobia. A cuando es por el contexto a cuando digamos es más gratuito. No sé si me explico bien.

Aunque lo del contexto a veces también me parece un poco excusa porque hay ficciones de una misma època que tratan los temas de otra manera muy diferente. Por ejemplo, recuerdo que ya en “Felicity” una serie de los 90 se hablaba del consentimiento en las relaciones sexuales y que si ella està borracha es violación. Entonces, que en una película de los 90 o posterior, me pongan como gracioso acostarte con una persona borracha pues no cuela lo del contexto o era otra época.

5 Me gusta

Hace poco, en un cine indie que tengo a mano, una de las películas clásicas que proyectaban durante el mes fue Pierrot el loco. Es de mis películas favoritas y por supuesto no iba a perder la ocasión de verla en pantalla grande. Además, en dicho cine te regalan un poster de la película. Se lo comenté a una amiga (asiática) para ir a verla juntos y a mitad de la proyección recordé que hay una escena sobre la guerra de Vietnam tremendamente racista. Mientras veíamos la escena, no sabía dónde meterme…

Al final, a mi amiga claro que le pareció tremenda racistada, pero lo que un señoro francés hiciera en los 60 no le iba a arruinar el sueño ni la comida ese día. Quidecir, no es por quitarle peso a las acciones del pasado o que por tratarse de obras antiguas “todo vale”. Pero creo que a día de hoy, podemos señalar lo fuera de lugar que son ciertos comentarios y visiones, siendo también conscientes de que la mayoría de nosotros mismos no lo habríamos hecho mucho mejor dado el contexto.

Después, creo que ya es criterio de cada uno cómo reaccionar. Me parece entendible quien se sienta incómodo y deje de disfrutar de ciertas obras, del mismo modo que uno no puede pretender que le guste todo exactamente igual que su yo de la adolescencia. También veo entendible quien quiera darle un pelín menos de importancia y quedarse con el resto de elementos que vea disfrutables.

También depende mucho del caso. Por ejemplo, series como How I Met Your Mother o Big Bang ya eran reaccionarias y pochísimas desde el primer momento y no hacía falta ir de listo para ver sus preocupantes retratos de género. No sé si House entraría en ese saco.

Repetiendo de nuevo que no quiero hacer de menos a quién se pueda sentir incómodo o rechazado por ese tipo de momentos, he de reconocer que haber trabajado durante bastantes años en entornos muy masculinizados y de cierta edad, escuchando a diario barbaridades durante los almuerzos, hace que cuando vea los problemas que comentáis acabe pensando “podría ser peor”.

Donde encuentro más interesante señalar este tipo de dinámicas es en obras más actuales, especialmente ahora que el público tiene más voz que antaño y los autores no tienen esa aura de “intocables”.

6 Me gusta

Pues un tema muy interesante.

En lo personal, me sabe mal pecar de permisivo con ciertas y de demasiado vinagre con otras. Al fin y al cabo, supongo que todos tenemos algo que nos sienta peor o mejor. Algunas veces depende incluso del día o del momento personal. Pero creo que, sobre todo, depende de los ojos con los que se mire.

Un ejemplo es cuando hay tiempo de distancia. Últimamente he visto un poco de cine asiático de los años cuarenta y cincuenta y en algunos casos es evidente que hay una visión hacia la mujer, la familia tradicional y el matrimonio que no casa conmigo y me cuesta entrar. Pero aquí tengo el tiempo y la cultura que me distancia de ello y lo siento como algo que puedo mirar detrás de un cristal y con seguridad.

En otros casos con, por decir alguno obvio, Como conocí a vuestra madre a mí incluso me ilusiona ver como éramos y descubrir como hemos dejado atrás visiones o comportamientos absurdos. Sé que la serie no es tan antigua y hay cosas inexcusables. Algunas ya las veía, otras no y otras decidía no darle importancia de forma inconsciente (a medias, supongo). La comedia también marca una distancia que puede llegar a excusar algunas cosas. Series como The office hacen la broma, se ríen con ella y luego marcan la distancia con un “es que Scott es gilipollas, lo sabemos, por eso es gracioso”. Ahí ya cada uno puede decidir si entra al juego o no.

Una obra que recuerdo que me asqueo muy desde el inicio es la película Cha cha real smooth. Una película (de 2022) donde un joven salva a una chica de un aborto, enamora a la misma chica cuidando de su hija autista (que se porta bien siempre) y se folla a una antigua compañera superpopular del instituto para que esta luego le diga “no debí tratarte tan mal en el cole, follas de puta madre”. Cuando hay un desinterés absoluto por tratar con respeto ya no a las mujeres o a un colectivo, sino a los propios personajes que has escrito. Cuando es evidente la banalidad de ni reflexionar sobre lo que escribes o creas. El tratar temas con la ligereza y el desinterés de una capibara y tener la cabeza tan metida en tu propio culo que no vas a poder salir de ahí. Ahí sera imposible que me lleves a tu terreno.

Y si es al revés también me va a llevar a abrirme a escuchar discursos que, a priori, no simpatizan conmigo. Broker, una película sobre el abandono infantil, sobre la maternidad y la paternidad, sobre el aborto. Sobre el tráfico de niños. En algunos momentos choca frontalmente con mis ideales, pero su tratamiento, el respeto con el que lo hace y la evidente intimidad desde el que lo hace, me abre a escuchar discursos como este (o el de Shoplifters, otra peli de Hirokazu Koreeda) y me abre a nuevas visiones.

Creo que desde la reflexión, la consciencia y el conocer, se puede decidir de que se quiere ser cómplice (en la intimidad de tu casa) sin necesidad alguna de sentirse culpable o condenar aquello con lo que no te sientas cómodo o cómoda. Todo desde la honestidad con uno mismo.

5 Me gusta

Yo esta clase de cuestiones las abordo teniendo en cuenta que series, películas o cualquier artefacto cultural está pensado y realizado por personas, contradictorias, poliédricas, y para nada seres de luz de los que no esperar ni un borrón. Y, con esa premisa, entran en juego un montón de factores: desde cuestiones estéticas y narrativas, a posiciones políticas, a lo que estoy dispuesto a soportar o disculpar en función de otras virtudes…

Por ejemplo, ‘La red social’ me parece una obra audiovisual virtuosa y un objeto político repugnante (por reducir el entramado de motivos sociales, tecnológicos y culturales detrás de Facebook a unas calabazas mal digeridas… Lo de la misoginia de la movida lo comento ya en otro hilo cuando se tercie). ‘The wire’, o ya puestos ‘Breaking bad’, tienen evidentes problemas con sus personajes femeninos, pero el discurso sociopolítico de la primera y la brillantez artística (ya siento el palabro) de la segunda creo que compensan esa laguna. ‘El club de los poetas muertos’ es muy moñas en bastantes cosas y también articula ciertos elementos en el relato sobre la camaradería varonil que me dan vergüenza ajena, pero su concepto de la educación como proceso emancipador me sigue emocionando (supongo que por deformación profesional).

No sé, es un tema que sospecho que solamente puede abordarse caso a caso, y teniendo en cuenta que cada relación estética entre obra y persona es única (lo que complica de narices la generalización que necesita toda teoría). También yo os sigo leyendo, quee interesa mucho el tema.

3 Me gusta

The The Wire no me molesta que no tenga un personaje femenino interesante, bien hecho y con agencia. Ni siquiera la representación horrorosa de las madres versus positiva de los padres aunque estos sean asesinos desalmados. Eso ya lo vi en su día hace 25 años.
Me molesta que hace una supuesta representación de la sociedad y ese discurso sociopolítico deje fuera al 50 % de la población. Por ejemplo, es especialmente sangrande que, siendo las niñas y las mujeres las principales afectadas por la violencia y la pobreza, eso no se vea por ningún lado. Y eso sí me resulta bastante decepcionante y creo que le resta calidad y credibilidad a la serie. Está cojísima. Una amiga me comentó recientemente que en trabajos posteriores eso lo corrigió. Si es así, me alegro.

Obviamente las películas/ series están hechas por humanos falibles e hijes de su tiempo y no creo que nadie le pida pureza ni que coincidan 100 por cien con nuestra forma de ver el mundo. Ahora bien, hay creadores que son racistas, misóginos, reaccionarios etc entre otras cosas y eso lo ponen en su obra de manera descarada. Y muestran ataques de manera gratuita. Ahí no lo paso por muy bonita que sea la peli y cualquier discurso que pueda ofrecer se me cae.

Otro ejemplo es Sorrentino y su hipersexualización de mujeres muy jóvenes, casi siempre objeto de deseos de señores mayores…me produce mucho rechazo. Por muy bonitas que sean las imágenes, sinceramente no me interesa.

El club de los poetas muertos era de mis películas favoritas. Yo quería ser ese alumno porque claro, alumnas no hay. Era pequeña pero ya había notado que los personajes femeninos no pintan nada. Así que mi identificación era siempre, salvo alguna excepción, con los personajes masculinos. También quería tener ese profesor ( da para otro post hablar de como una profesión tan feminizada està representada en el cine por tanto señor guay). Luego crecí y me di cuenta de que este tipo de profesor también es un timo pero sigo llorando con el final.

Emtiendo que es más fácil abstraerte e ignorar según que cosas cuando estas no te atañen directamente. Y desgraciadamente cuando no, tienes que correr un tupido velo la mayoría de las veces para poder disfrutar.

Como mujer paso normalmente de que los personajes femeninos sean en gran parte la nada y en otra parte super desaprovechados. Si no, no podría ver nada.

Lo de que la calidad compensa lo pocho que pueda ser en otros aspectos pues como he dicho. Cuanto menos te toque, más fácil será. Yo lo veo como el tema separar obra de autor. Personalmente no separo. Creo que se debe contar la mierda y luego ya cada uno que haga lo que le haga sentir más cómodo. Con las películas y series igual. Es machista, racista etc pues se dice. Que eso no te impide disfrutarla, adelante. Que sí, pues también.

6 Me gusta

Como dice Vir, una cosa es que una obra de hace 50 años tenga aspectos machistas o racistas (que hay que decirlo y criticarlo, pero en ocasiones es algo casi inherente a su tiempo) y otra que el creador tenga una ideología (ejem) cuestionable y poco menos que se jacte de ello en sus proyectos.
Lo ideal, como apunta Jose, sería analizar caso a caso, pero al menos a mí en algunos aspectos me resulta imposible no ser más condescendiente con las obras cuanto más antiguas son. Sé que seguramente no esta bien, pero en muchas ocasiones ya me enfrento a una película antigua casi predispuesto a encontrarme alguna racistada, por ejemplo, y esa predisposición hace que me afecte menos a la hora de disfrutar de la obra.
En cambio si eso pasa con algo más o menos reciente y ne pilla desprevenido me va a tener ya con la ceja arqueada todo el rato y seguramente no acabe de entrar en el asunto.
Hace poco me contaba una amiga el caso de Eric Gill (conocido mundialmente por ser el creador de la tipografía Gill Sans), que resulta que fue un artista de grabado bastante reconocido… que abusaba de sus hijas. El caso es que a día de hoy muchos museos han retirado (o se lo han planteado) retirar su obra de exposiciones por ese hecho, pero parece ser que es un asunto que fue bastante discutido.

4 Me gusta

Quizá no me expliqué todo lo bien que debería cuando hablé de ‘The wire’: cuando @Vir comenta que falta la mitad de la población, tiene toda la razón. La cuestión, tal y como yo la veo, es que David Simon, hombre blanco heterosexual, hizo una serie sobre aquellos elementos sistémicos que, a su juicio, tenían a una parte enorme de la población en unas condiciones de vida de mierda. Pero claro, su foco y su sesgo son masculinos sin discusión lo que sí, hace que su representación esté falta de muchas precariedades que no muestra.

Pero creo que lo fundamental es enfrentar las obras en la singularidad de la propia obra y de quien la ve/lee/escucha/juega: ahí se crea un diálogo que puede compartirse, pero que difícilmente puede replicarse.

1 me gusta

No hay una fórmula para enfrentarse a esto, claramente. Yo creo que pasé de ver las películas de con total inocencia a luego ver vileza en todos lados, pero creo que con el tiempo he llegado a cierto equilibrio en que soy capaz de ver aquello que me parece problemático e intentar comprenderlo y analizarlo, pero que no necesariamente me lleve a un rechazo de la obra.

Creo que es decisión propia enfrentarse a una obra desde una generosidad interpretativa o asumir que detrás hay las peores intenciones. Y eso no significa cegarse, sino evitar el juicio rápido y la superioridad moral, y considerar las posibles barreras culturales e históricas que nos limitan.

Creo que se puede discrepar profundamente en términos éticos o ideológicos con un libro o una peli y aún así poder apreciarlos, incluso disfrutarlos. Me parece positivo enfrentarse a esa tensión con las creencias propias y no rechazar de plano aquello que nos incomoda.

Por supuesto que en eso hay límites, y cada quien es libre de fijarlos. Por ejemplo, hace poco vi M.A.S.H. de Robert Altman, cuya misoginia es tan evidente e insistente, que para mi opaca casi completamente las innegables ideas brillantes que tiene la peli.

1 me gusta