Slow Cinefórum #10: Tierra en trance (Glauber Rocha, 1967)

Décimo Cinefórum, cuarto del año, quinto dedicado a los años 60 tras Las margaritas, La batalla de Argel, La conexión y Jules y Jim.

Está siendo chulo este repaso a los 60 porque nos vamos reencontrando ordenadamente con la tónica central de estos años: el estallido de vanguardias y movimientos de renovación en el cine de cada país: tras la Nouvelle Vague, el New American Cinema y la Nueva Ola Checoslovaca, nos vamos ahora a Brasil con el Cinema Novo, gracias a Tierra en trance.

El Cinema Novo dio comienzo en Brasil a principios de los 60 y se entendió en primera instancia como una mezcla de lo que había sido el neorrealismo italiano (a nivel de temáticas y narraciones con preocupación social, localizaciones reales, actores no profesionales…) con la Nouvelle Vague (a nivel fundamentalmente formal), aunque vivió un cambio drástico a mitad de camino, cuando en 1964 Brasil vivió un golpe de estado y dio comienzo una dictadura militar que duraría hasta mediados de los 80. Esto provocó que los ánimos de los directores cambiaran comprensiblemente y sus películas fueran siendo más desesperadas e histéricas. Es el caso de la obra que nos ocupa.

Glauber Rocha ya era conocido entonces como abanderado del movimiento, gracias al tremendo éxito internacional que había tenido en 1964 Dios y el diablo en la tierra del sol. Terra en trance continuaría una suerte de trilogía que culminaría en el 69 con El dragón de la maldad contra el santo guerrero, habiendo escrito entre medias un manifiesto con el que blindaba teóricamente su visión del cine (y, de paso, la de parte de sus compañeros de movimiento). Este manifiesto se titulaba La estética del hambre y trataba de establecer los principios del Cinema Novo atendiendo a la urgencia política y social.

El Cinema Novo estuvo compuesto por otros autores como Joachim Pedro de Andrade o Carlos Diegues (así como Nelson Pereira dos Santos, que a mediados de los 50 había avanzado el movimiento con Rio, 40 Graus), aunque Glauber Rocha es con diferencia el director más conocido. Hasta el punto de que él mismo reclamó ese protagonismo (“Yo soy el Cinema Novo”, dijo en una ocasión) y no le quedó otra que ponerse en el punto de mira de la dictadura militar, teniendo que exiliarse llegados los años 70. Por entonces había hecho una pequeña aparición en El viento del este (film del colectivo Dziga Vertov, donde por entonces ya militaba Godard) y llegó a dirigir una peli en España con Paco Rabal, Cabezas cortadas. Su última película antes de fallecer por una infección en el hígado fue La edad de la Tierra, ambiciosísimo y controvertido film que hizo bastante ruido en el Festival de Venecia de 1981, donde compitió por el León de Oro. Cuando este premio fue para Atlantic City de Louis Malle, Rocha protagonizó un ruidoso altercado con Malle, acusándole de haber producido el film con una multinacional imperialista (Gaumont).

Sirvan estas líneas para contextualizar el carácter de Rocha y de dónde sale Tierra en trance: todo un clásico del cine brasileño que no por ser totalmente canónico (es una referencia obvia del cine que ha hecho más tarde Kleber Medonça Filho, el de El agente secreto) es menos sorprendente en su articulación como épica fábula política donde Brasil pasa a ser Eldorado y un poeta interpretado por Jardel Filho está en el centro de una batalla hacia un posible cambio en el poder.

¿Qué os ha parecido la peli?

5 Me gusta

Buenas, choquejuerguistas.

Sin duda, me ha gustado la película. Creo que empieza potente y va subiendo. Sus imágenes son supersugerentes, a la edición le va la marcha y, como juega con el sonido, también me parece divertidísimo. Desde un punto de vista audiovisual es, sin duda alguna, una película muy molona y con muchas ideas que me han estimulado un montón.

A nivel de discurso, pues diría que también me ha parecido estimulante… hasta que se me ha hecho bola.

Me gusta cómo me transporta a ese mundo donde las ideas, la política y la poesía son uno. Y creo que la película es muy gustosa en esos tramos. Al igual que lo es ver cómo confía en la imagen y te sumerge en medio de las palabras vacías. La escena que a mí me ha agarrado con fuerza para que esté dentro de mí es la primera vez en que Vieira le dice a un ciudadano “habla”, para después no escucharle. Momento increíble al que volvemos hacia el final para multiplicar su significado. Qué guay.

Hace tiempo que no sé si soy optimista o si me fuerzo a serlo. A veces pienso que me fuerzo naturalmente a serlo, lo cual significa ambas cosas y ninguna. Y digo esto porque, aunque no lo sea y no lo quiera ser, cuando una obra está rodeada de cinismo, no me cuesta dejarme llevar por ello. Es que la peli apunta con una precisión muy loca.

Y aquí es donde igualmente se me ha hecho bola. El último tercio me dejaba pensando: “¿Pero tienes algo más que decirme, aparte de que todo está en la mierda?”.

El final es potente y tenía toda mi atención, pero sí ha ido perdiendo esa capacidad de estimularme.

4 Me gusta

Después de saltarme los dos últimos slow-cinefórums ya iba tocando volver… ¡y menuda película más peculiar me he encontrado!
Entiendo que, siendo la peli del 67, el argumento de Tierra en Trance tiene mucho que ver con la situación de Brasil en esos años, y no sé hasta qué punto lo que cuenta puede leerse como una recreación de los detonantes que llevaron al país al golpe de estado militar del 64.
No se puede negar que la película va fuerte desde el principio, con ese arranque en el que te suelta en medio de la acción sin ningún asidero al que poder echar mano y que sólo te da pie a dejarte llevar por el ritmo que plantea (sorprendentemente enérgico, sobre todo por cómo se apoya en el montaje y en el uso enfático de la música, diría yo).
Sin embargo, este ímpetu hay veces que creo que puede llegar a jugar en contra de lo que se pretende transmitir porque en ocasiones me dio la impresión de que va demasiado pasada de vueltas (creo que el ejemplo más evidentente es la escena de Paulo hablando con Díaz en la que Díaz acaba sacando la pistola).
De hecho diría que hay cierta tendencia, no sé si buscada, a la sobreactuación en practicamente todos los personajes, una cosa nivel Nicolas Cage, poca broma.
Con todo, a pesar de sus momentos de arrebato (que ya digo que no son pocos), me ha gustado esta Tierra en Trance, aunque me haya dejado con la desasosegante impresión de que 60 años después hay cosas que resuenan sorprendentemente actuales.

Sobre lo que comenta @NinoCine_akaGenis de que el último tramo es especialmente bajonero, a mí desde el principio me dio la impresión de que si algo busca transmitir la película es rabia, y en ese sentido va a más todo el rato… ¡por eso termina especialmente “rabiosa”!

3 Me gusta

A mí nuestra primera incursión al cine latinoamericano me ha dejado con sensaciones encontradas. Cuestiones formales muy propias de los nuevos cines, como las que comentaba @NinoCine_akaGenis, me han interesado mucho… Hasta que las he visto contradictorias (e incluso incompatibles) con su intención política.

No sé si el problema, más que de Rocha, es del concepto en sí: los nuevos cines suponen una impugnación a una forma de pensar y hacer cine vinculada a una posición vital acomodada, y de clase burguesa. De ahí que en no pocas ocasiones las posturas políticas de estos movimientos hayan sido contestatarias de un modo muy genérico (aunque habría que citar casos como el de Godard, muy explícito en sus postulados). Si con ese enfoque estético quieres hacer un acercamiento a una realidad política concreta, puede que la cosa no salga fina, que creo que es lo que pasa aquí.

Me parece que la peli funciona mucho mejor como sátira (el momento de Vieira que señala @NinoCine_akaGenis, o la forma de representar a Porfirio, perturbador y ridículo al mismo tiempo), subvirtiendo incluso la matriz expresiva propia de los tiranos que codificó con tanta potencia Leni Riefenstahl. Pero flojea cuando quiere acercarse a las diferentes modalidades de líderes, le queda una cosa muy del “todos son iguales”, que me echa bastante.

En cualquier caso, creo que es una muestra muy interesante de los retos que plantea el posicionamiento político a la modernidad cinematográfica de los sesenta, en un contexto completamente atravesado por las tensiones entre los reaccionarios y los movimientos emancipadores.

Como siempre, el cinefórum proporcionando buena conversación.

1 me gusta

A mí la película me ha gustado mucho mucho con un cierto regusto amargo que creo que ya se ha ido intuyendo a la perfección en lo que decíais.

Quizá @Jose esté dando en el clavo al vincular los problemas a los Nuevos Cines que tan gustosamente estamos inspeccionando, y que en la peli de Glauber Rocha se concretan en un desgajamiento del poeta/artista con respecto al pueblo y sus gobernantes, que son vistos de una forma muy despectiva y gruesa. Esto conduce a que toda la peli esté embargada por un halo de cinismo muy bajonero y que quizá a veces se haga bola. A mí en lo personal tampoco me funciona demasiado el tema de la poesía punteando las imágenes (en este caso se debe exclusivamente a ser una persona totalmente invulnerable a la poesía jeje).

Al mismo tiempo sí creo que la peli es muy estimulante precisamente por la honestidad que encuentra en esta separación poeta/sociedad. Porque a la hora de separar a Paulo de la acción y ponerle todo el rato lamentándose y frustrándose (y también, muy importante, yendo de un lado a otro del espectro político, beneficiándose tanto de la aristocracia como de los gobernantes populistas), me cuesta no ver una indagación más amplia, y proponer que en realidad Tierra en trance es una reflexión sobre las dificultades que encuentra el cine y sus condiciones de producción para dialogar con la sociedad. Paulo y la poesía serían Glauber Rocha y el cine, progresivamente frustrados y dolidos por ver cómo no hay nada que puedan hacer para salvar a su país mientras van cayendo en buena parte de sus trampas.

Esta idea creo que además tiene un grosor especial por desplazar el foco de Europa y EEUU, que nos lo sabemos de memoria, a América Latina, y toparnos con otros condicionantes muy chulos como la presencia de la religión para guiar parte de estas fuerzas o la angustia ante la intromisión de capital extranjero. En ese sentido, Tierra en trance me ha parecido una peli muy completa y ambiciosa, muy capaz de ofrecer un fresco histórico con los grandes interrogantes de su tiempo (que, en efecto, siguen siendo en buena parte los nuestros), y que además a nivel formal es asombrosa.

2 Me gusta

Puede ser que haya sátira, pero yo soy incapaz de verla.
La sensación es la de puño en alto y gritar todo lo que se ha de gritar. Yo no entiendo la sátira sin la intención de hacer humor y creo que la película en este sentido (y en muchos otros también) es muy seria.

1 me gusta

Esto también es algo a lo que le he estado dando vueltas.

Aunque haya visto otras películas donde la política es el centro… no se si la había visto así nunca.
La película que me venia en mente cuando pensaba en esta era All the king’s men. Y luego pensaba en otras como Ides of March, ciertas partes de Citizen Kane, Vice, etc. Y aunque ese cinismo hacia la política y hacia el hombre esta en todas, nunca había tenido la sensación de “esta película baja al barro” hasta Tierra en trance. Y creo que esta película si ve la política como algo que esta al servicio del hombre y no como algo de lo que sacar una trama, entretenimiento o espectáculo.

Es una sensación similar a cuando vi Argentina 1985 y The trial of the Chicago 7, porque creo que la cultura de unos y otros lleva a películas con tonos, lenguaje y objetivos distintos.
Una me quiere hacer conocedor de algo, denunciar. Otra me busca Vender.

Sin yo saber mucho del tema y arriesgándome a caer en prejuicios y racismo, entiendo que los problemas políticos de un país blanco y del primer mundo no se pueden comparar con otros países donde los ciudadanos están en una situación mucho mas comprometida.

2 Me gusta

Por supuesto, creo que la peli es seria (y se toma en serio), cuando menciono la sátira me refiero a una intención retórica para observar determinados elementos de la representación desde una distancia que desmitifica o refuerza lo criticable de dichos elementos.

Para mí, el retrato de Porfirio o de Vieira es satírico porque pone de manifiesto lo ridículo de una figura que se quiere solemne en un caso (la elección del ángulo del plano en alguno de sus discursos creo que va en esa línea) o lo hipócrita de otra que pretende estar cerca del pueblo (con secuencias como la que planteabas del “habla, habla”).

Pero sí, como digo, completamente de acuerdo en que el tono general de la película está lejos de ser satírico (de hecho, diría que es uno de los problemas que tengo con ella).

1 me gusta

Temazo este que sale por aquí. La pregunta por sí la representación espectaculariza lo representado, y todos los problemas éticos que plantea eso, está en el centro de los debates de los cines políticos.

Participo en otro cinefórum donde precisamente se va a comentar en un par de semanas ’El juicio de los 7 de Chicago’, a ver qué sale de ahí :wink:

2 Me gusta

Uuuh, qué interesante. A mí me gustó y me dejó frío a partes iguales. Que curiosidad.

1 me gusta