Décimo Cinefórum, cuarto del año, quinto dedicado a los años 60 tras Las margaritas, La batalla de Argel, La conexión y Jules y Jim.
Está siendo chulo este repaso a los 60 porque nos vamos reencontrando ordenadamente con la tónica central de estos años: el estallido de vanguardias y movimientos de renovación en el cine de cada país: tras la Nouvelle Vague, el New American Cinema y la Nueva Ola Checoslovaca, nos vamos ahora a Brasil con el Cinema Novo, gracias a Tierra en trance.
El Cinema Novo dio comienzo en Brasil a principios de los 60 y se entendió en primera instancia como una mezcla de lo que había sido el neorrealismo italiano (a nivel de temáticas y narraciones con preocupación social, localizaciones reales, actores no profesionales…) con la Nouvelle Vague (a nivel fundamentalmente formal), aunque vivió un cambio drástico a mitad de camino, cuando en 1964 Brasil vivió un golpe de estado y dio comienzo una dictadura militar que duraría hasta mediados de los 80. Esto provocó que los ánimos de los directores cambiaran comprensiblemente y sus películas fueran siendo más desesperadas e histéricas. Es el caso de la obra que nos ocupa.
Glauber Rocha ya era conocido entonces como abanderado del movimiento, gracias al tremendo éxito internacional que había tenido en 1964 Dios y el diablo en la tierra del sol. Terra en trance continuaría una suerte de trilogía que culminaría en el 69 con El dragón de la maldad contra el santo guerrero, habiendo escrito entre medias un manifiesto con el que blindaba teóricamente su visión del cine (y, de paso, la de parte de sus compañeros de movimiento). Este manifiesto se titulaba La estética del hambre y trataba de establecer los principios del Cinema Novo atendiendo a la urgencia política y social.
El Cinema Novo estuvo compuesto por otros autores como Joachim Pedro de Andrade o Carlos Diegues (así como Nelson Pereira dos Santos, que a mediados de los 50 había avanzado el movimiento con Rio, 40 Graus), aunque Glauber Rocha es con diferencia el director más conocido. Hasta el punto de que él mismo reclamó ese protagonismo (“Yo soy el Cinema Novo”, dijo en una ocasión) y no le quedó otra que ponerse en el punto de mira de la dictadura militar, teniendo que exiliarse llegados los años 70. Por entonces había hecho una pequeña aparición en El viento del este (film del colectivo Dziga Vertov, donde por entonces ya militaba Godard) y llegó a dirigir una peli en España con Paco Rabal, Cabezas cortadas. Su última película antes de fallecer por una infección en el hígado fue La edad de la Tierra, ambiciosísimo y controvertido film que hizo bastante ruido en el Festival de Venecia de 1981, donde compitió por el León de Oro. Cuando este premio fue para Atlantic City de Louis Malle, Rocha protagonizó un ruidoso altercado con Malle, acusándole de haber producido el film con una multinacional imperialista (Gaumont).
Sirvan estas líneas para contextualizar el carácter de Rocha y de dónde sale Tierra en trance: todo un clásico del cine brasileño que no por ser totalmente canónico (es una referencia obvia del cine que ha hecho más tarde Kleber Medonça Filho, el de El agente secreto) es menos sorprendente en su articulación como épica fábula política donde Brasil pasa a ser Eldorado y un poeta interpretado por Jardel Filho está en el centro de una batalla hacia un posible cambio en el poder.
¿Qué os ha parecido la peli?
