Slow Club de lectura #1: Rascacielos (J.G. Ballard, 1975)

En ese sentido (e igual sacando un poco las cosas del tiesto) me parece muchísimo más interesante como lo hace La vegetariana, de Han Kang.

Justo lo leí a principios de año y te da también tres puntos de vista, dos de dos hombres claramente cortados por el mismo patrón y el de la hermana de la prota, y ese giro en la narración rompe tanto en la imagen que te habías formado de la mujer que te cambia retroactivamente lo que habías leído de los anteriores xD

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Qué guapo se ha ido poniendo el hilo… Creo que las menciones a Ostlund y a Han Kang pueden dar una clave para pensar ‘Rascacielos’ bien guapa, poniendo a Bailar como tercer vértice del triángulo (no de la tristeza :winking_face_with_tongue: ).

Para empezar, Ostlund creo que se diferencia de Ballard en algo que no diría solamente de grado, sino de concepto: ‘El triángulo de la tristeza’ maneja una tesis (mierdosa y gilipollas), y articula el relato a partir de ahí. Creo que a Ballard le interesa más una situación hipotética tipo “qué pasaría si”, y aunque tiene un planteamiento no especialmente oculto (la peña no ha terminado de perder de vista su dimensión bárbara por mucha Ilustración y mucha modernidad qué haya habido), su actitud y su estilo, aséptico y distanciado, me parece que remiten a un interés más sincero por forzar las convenciones sociales desde la ficción, y no al nihilismo pijo y misántropo de Ostlund.

Han Kang, por su parte, me parece que supone una vuelta de tuerca con respecto a Ballard que, me parece, trasciende la cuestión de género (siendo esta evidente en los términos que habéis señalado): el gesto desencadenante, el negarse a comer o usar nada proveniente de animales, es profundamente revolucionario y, si se quiere, utópico. El libro disloca el pensamiento hegemónico desde una chispa positiva basada en la empatía o el reconocimiento del otro, no desde el pesimismo señoro de Ballard.

Y, finalmente, al propio Ballard le veo en una tensa convivencia entre ambos: una inteligencia narrativa enorme y una estimulante imaginación social que, finalmente, no se atreve a pensar el cambio en términos optimistas o humanos, y que se acomoda en un cinismo gélido que desazona y no siempre por buenos motivos.

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Debo decir que me ha gustado mucho más pensar sobre el libro que el libro en sí.

*Sobre el estilo estoy de acuerdo con lo que han dicho.

Es una novela que te deja sensorialmente abrumada del asco (habla bien del escritor; en este sentido, ha logrado lo que pretendió).

Por otro lado, se me hace curioso cómo muestra algo para luego explicarte lo que simboliza o, mejor dicho, lo que podría simbolizar (como ya han mencionado, ese uso de símiles con posibilidad, como una especulación «es como si…»), sin que esto le reste intriga a la historia. Es como si te dijera «eso que te estoy mostrando parece que significa esto». A mí este rasgo es de lo que más me ha atrapado, porque lejos de pensar que el autor estaba siendo demasiado explicativo (creo que más bien quiere explicarse cosas a sí mismo), me dio alas para creer que lo que él en realidad quiere decir está en una capa más profunda y no sólo pulula en lo simbólico o alegórico. Es como si él mismo estuviese explorando ese mundo. Por eso creo que no juega con el efecto, no es un narrador que se crea más listo que el lector, él también quiere entender por qué tanta desidia y crueldad, y por eso le da el mismo peso a todo. Funciona muy bien en los primeros capítulos cuando vemos el ángulo de Laing y nos identificamos con él, porque la dinámica del rascacielos nos genera extrañamiento. Hacia el final, el narrador también se ha asilvestrado junto con Laing, es decir, va normalizando la violencia y lo que le parece más llamativo ya no son los grandes acontecimientos del rascacielos sino su dinámica más micro.

** Sobre el tema de la novela me inclino a creer que, por esta naturaleza del narrador de ser el verdadero documentalista del rascacielos, el autor se está permitiendo especular que la causa de tanta violencia viene del capitalismo (y lo que implica: la desigualdad, la envidia, el aislamiento, el individualismo, aspirar la homogeneidad, el aburrimiento, la falta de espontaneidad…), pero no lo afirma como causa única.

Esto me parece genial, porque es un forma de dibujar la maldad de la manera más sinestra: sin causa cierta. Ballard se aferra a que la causa exacta es desconocida, pero que debe existir y por eso insiste en seguir explorando, aunque no acaba de conocerla en su totalidad. No creo que piense que los seres humanos somos malos de base. Creo que lo que quiere decir es que con condiciones (algunas conocidas y otras desconocidas) los humanos pueden ser realmente crueles hasta el punto de irrumpir la cotidianidad de la forma insospechada.

Sabe con certeza, eso sí, que la violencia generalizada se asume fácilmente como normal hasta el punto que se refuerza y genera un placer ciego. Para demostrar esto, Ballard añade el elemento de voluntariedad: los propietarios del rascacielos podrían irse cuando quisieran y sin embargo deciden quedarse poniendo en riesgo sus vidas.

***Yo también como @alcoronag eché en falta el ángulo femenino en la historia, ya que aquí las mujeres sólo parecían objetos que sirven para amplificar lo más grave de la conducta masculina o entes colectivos (aunque de esto último no me quejo). No creo que Ballard piense que el hombre primitivo es por naturaleza machista. Lo creo porque a los individuos más machistas de la historia (los 3 protas) intenta perfilarlos, trata de entender por qué, y especula usando sus relaciones con mujeres en el pasado.

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Terminada.
Me temo que va a haber poco choque en esta juerga porque aquí todos estamos de acuerdo xD Venía justo a comentar la opotunidad perdida de la perspectiva del grupo de mujeres que comenta @Breathing_wild, pensé exactamente lo mismo y aquí creo que está la miga del asunto: Es una novela claramente política y… en fin, huele un poco a cerrao.

La cuestión es que Ballard escribe como Dios. Hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto del puro estilo. La forma que tiene de retorcer las imágenes sin aparentes alardes me ha resultado muy refrescante, sobretodo al incio que iba loco por ponerme a leer. Pero cuando se mete de lleno en la analogía es muy dificil no torcer el morro con esa misantropía tan… bueno, tan ridícula, voy a decir. Es como ver a Jordi Wild diciendo “Todos sabemos que el ser humano es EGOISTA POR NATURALEZA”. Estas ideas cuando se muestran con tanta desverguenza, como si fuera una verdad demostrada, me ponen el cerebro en modo defensa y empiezo a dejar de disfrutar de la exuberante imaginación que hay en el texto. Y esto me deja en una situación complicada… me ha encantado y a la vez me ha molestado.

Edit: Vale, acabo de leer, lo que comenta @GeePB, da gusto que alguien opine distinto. Entiendo por donde vas y es verdad que puede ser sugerente esa aparente indefinición del origen del mal. Pero… no sé, no fué esa sensación la que me dió. Por ejemplo, a mi que los vecinos no huyeran del rascacielos no me trasmitió voluntariedad sino todo lo contrario, inevitabilidad. Pero la verdad es que tu perspectiva me parece interesante.

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uuuuuuuuh, solo vengo a decir que me interesa mucho esto y que cuando tenga un hueco en libros pendientes (puede ser navidades tranquilamente con lo que tengo por delante, pero bueno) me meto aquí como loca a leeros

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Llevo la mitad, más o menos, acabo de terminar el capítulo 8.

No me está gustando demasiado. La prosa de Ballard es muy buena y pasa bien, y aunque al principio me parecía una especie de 13 Rue del Percebe desquiciado y me hacía gracia, no estoy conectando nada con este nihilismo o misantropía, como decíais por arriba. Veremos como sigue, pero se está encaminando a un final que no creo que me haga cambiar de opinión.

Entiendo que en su día esto podía ser como un aviso, una advertencia sobre lo que podía pasar si el mundo se desarrollaba en una dirección concreta. Y creo que sí, hemos ido por ahí, y ahora no necesitamos nihilismo, si no soluciones o alternativas. Esto no es culpa de Ballard, claro. Seguramente si hubiese leído esta novela hace diez años me hubiese flipado, pero ahora estoy en otro punto y no puedo con este pesimismo extremo xD

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Hoy he podido aprovechar el día de fiesta en Barcelona para acabarme el libro.

Leerle es un gusto. Salta de un concepto a otro con un dinamismo que engancha y me parece muy sugerente a nivel visual. Pero también me parece que está todo lleno de un cinismo y una visión de la humanidad que me aleja de disfrutarlo. Alrededor de la mitad del libro empecé a entrar en el juego y lo disfruté más, pero en general me suponía lo mismo que ponerme a escuchar las noticias. Me dejaba mal cuerpo.

Lo que si disfruté mucho es en pensar e imaginar como podría funcionar un proyecto como este. Varias noches me las pasé imaginando simplemente como podría existir un supermercado en una planta diez. Siempre acababa pensando en los cruceros turísticos. Supongo que esto dice más de mi pobre salud mental que del libro.

Y por último me gustaría compartir una historia a la que el libro me llevó:

En un día como cualquier otro para mi yo de ocho o nueve años, Mariona llegó tarde la colegio. Algo sorprendente para la que era mi crush. Tan sorprendente que le pregunté en el recreo. Mariona se había mudado de casa.
La muchacha llegó tarde toda la semana, algo que no acababa de comprender hasta que mi madre me lo explicó. Mariona no solo había cambiado de casa, sino de ciudad. Entre Tortosa y Amposta, donde yo vivía, alguien con mucho dinero quiso construir una nueva ciudad. Construyeron pisos, casas, supermercados y calles que poco a poco se deberían ir llenando. A pesar que el sur de Cataluña no sea una zona especialmente adinerada, muchas familias fueron seducidas por el proyecto y la promesa de una ciudad nueva y revolucionaria. Otro día cualquiera Mariona dejó de llegar tarde.

Aún hoy pasas por delante de La ciudad fantasma cuando sales de Amposta dirección norte. Muchas familias perdieron muco dinero, sus casas y la posibilidad de volver a sus vidas por culpa de sueños y proyectos estúpidos de gente que tiene demasiado capital y pocos escrúpulos. La ciudad aún es salvaguardada por varios guardias que evitan que la gente vaya ahí a vandalizar, robar cobre o hacer el idiota en que sigue siendo un área privada de la que algunos aún creen posible sacar rédito económico.

Por suerte, la familia de mi crush era de las pocas previsoras y contrató un seguro. Perdieron dinero, pero no perdieron su casa ni su vida. No sé si alguien le verá alguna relación entre lo que cuento y lo que escribió J G Ballard, pero era una historia que tenía constantemente en mi lectura de High Rise a pesar de que el autor no tenga interés en ese tipo de lectura.

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Llego tardísimo, incluso para el estándar lento que suele asumirse aquí (ha sido un final de verano bastante raro, con proyectos y estudios que me absorbían todo el tiempo), pero debo decir que esta lectura me terminó asqueando hasta un nivel físico, y lo digo de la forma más halagadora posible para la novela, aunque voy notando cómo cada año me cuestan más ciertas cosas.

La prosa de Ballard es, por supuesto, absolutamente extraordinaria: te lleva exactamente adonde quiere (que lo que quiere, percibo, es joderte vivo), sin concesiones ni misericordia alguna. Creo que no tenía el cuerpo preparado para una experiencia tan asfixiante, con tanta pericia para generar esa incomodidad. Mola mucho cómo dialogan todos sus elementos porque hasta el propio lenguaje se compacta, se cierra en frases sin grietas, herméticas; en el mismo rascacielos donde todo se pudre lentamente. Es un tipo de asfixia que, sin tener mucho que ver ambos escritores (que yo sepa, igual hay una relación clara que se me escapa), me recuerda a lo que sentí con algunos relatos de Cortázar, como No se culpe a nadie: esa sensación de que la narración te encierra físicamente, de que el texto se va convirtiendo poco a poco en un espacio sin aire.

Eso sí, al terminarlo me quedó una sensación muy extraña, quizá porque malinterpreté desde el principio sus intenciones “políticas”. Esperaba una sátira más nítida o una alegoría de clase más estructurada, y me encontré con algo mucho más entropizado: un relato profundamente derrotista, con un acercamiento casi clínico al colapso social, que no permite que entre una sola idea reparadora o alternativa a ese espacio decadente. La forma en que Laing se asimila e integra en el propio edificio, casi como un ejercicio de “liberación”, me parece completamente terrorífica. Pero entiendo que quizá ahí resida su fuerza: en mostrar cómo la modernidad y el confort vienen cargados de violencia primitiva, y cómo no sólo no reprimen, sino que despiertan ciertos impulsos humanos que en un principio se pretende ordenar y contener.

Como dice @shalashaska, quizá esta sensación de antipatía que puede llegar a generar se deba simplemente a leerlo en pleno 2025, cuando todo es, a grandes rasgos, una mierda, y lo último que necesitamos es alguien que nos la meta por la garganta. Recuerdo que al terminar la novela me dio por leer algunas entrevistas a Ballard, y, como suponía, sus intenciones no iban tanto por construir una crítica estructurada al capitalismo (de hecho, la “clase” que él menciona es una “clase profesional”) que produce estas condiciones miserables y decadentes como por explorar la psicología de una comunidad de individuos frente al encierro y el deterioro, y cómo surgen formas de violencia, deshumanización y alienación cuando ese aislamiento se vuelve total. Puedo entender que a día de hoy nos interesan más los elementos constitutivos que producen aislamiento que la propia experiencia agónica del mismo.

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Poco comentar a lo que aporta Javi, solo decir que qué forma tan atinada de describir el estilo de Ballard. Yo es literal con lo que me quedo de la experiencia: haber descubierto a un tipo que escribe rematadamente bien.

(y muy bien tirada la comparación con Cortázar, también!)

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Me paso por aquí para comentaros que me he leído ‘Noches de cocaína’, de Ballard, y mis impresiones son muy similares: premisa interesantísima, desarrollo inicial muy conseguido, y estancamiento progresivo hasta un final que encaja a lo bruto con la tesis de la novela, pero muy lejos de la expectativa generada.

Aun así, me interesa muchísimo este autor, y me parece que voy a ir leyendo sin prisa pero sin pausa su obra.

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Sobre Ballard, he visto recientemente que se han publicado dos cosas sobre él en Españita: una edición de El mundo de cristal y (con esto estoy salivando) un ensayo de Alberto Santamaría sobre su obra, por título La Tierra es el único planeta verdaderamente alienígena.

Parte de mi interés por Ballard se debe a una charla que vi de Santamaría (que creo que es el mejor filósofo/crítico cultural que tenemos en este país), así que creo que voy a terminar haciéndome con ese libro más pronto que tarde, incluso aunque mi conocimiento de Ballard se reduzca a este club de lectura jaja

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Yo ya lo tengo, soy otro seguidor incondicional de Alberto Santamaría :grinning_face_with_smiling_eyes: Creo que se merece un hilo en el foro, tarde o temprano, porque es increíble lo imaginativo, crítico y tremendamente inteligente que es.

La obra de Ballard la está reeditando Minotauro, ya llevan tres (‘Crash’, ‘Noches de cocaína’ y ‘El mundo de cristal’), y ya está anunciada la publicación de ‘El mundo sumergido’. Os iré contando jejeje…

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No me había enterado de lo de Noches de cocaína! A ver si me hago con él y El mundo de cristal y me pongo con Santamaría con conocimiento de causa.

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