Me quedo con tu idea, @alcoronag, de que la autora no te da más asideros que las emociones que te quiera crear. Es lo que recuerdo que sentía mientras leía pero no lo había asimilado en una frase tan acertada.
Lo de Alicia en el país de las maravillas no sé si lo ponía en la faja del libro pero yo lo olvidé bien pronto y no le di más importancia. Ahora pensándolo y junto con la información sobre la faceta poética-cuentista de la autora, me encaja. Sobre todo si no sólo coges la primera aventura de Alicia sino también A través del espejo y lo que Alicia encontró allí.
Ahí va mi take: Sara es la Alicia de la segunda novela de Carroll que vuelve al país de las maravillas y Lejla es la Alicia de la primera que nunca pudo escapar.
El comportamiento de Lejla es el de alguien que quiere entender el mundo en términos sencillos, sin la capa de lenguaje y reglas que Sara tiene por defecto. De hecho como metalenguaje es interesante que el estilo de la autora pueda ser cargante sabiendo que es Sara la que escribe y que Lejla no para de quejarse de esa parte de ella en todo el libro.
Lejla rechaza esa forma de relacionarse con la realidad: piensa en números y fórmulas y por eso mismo ve el mundo desnudo, sin florituras. Es más honesta e inocente que Sara y que la gente que la rodea. Eso le permite ser aparentemente más caótica, enigmática y magnética (Lewis Carroll también era un reconocido matemático)
Pero final nos da una arista oculta de Lejla: ella nunca pudo escapar del país de las maravillas y eso la rompió. Por no ser capaz de envolver el mundo con palabras, como Sara, no ha podido sobrellevar la pérdida de su hermano y ahí se queda atrapada hasta que un día decide llamar a Sara para ver si así puede encontrar un nuevo significado: entender el mundo de otra forma, como su amiga lo hacía.
La historia deja muy claro el punto de inflexión en el que muta la relación de Sara-Lejla: en la isla. Sara le deja claro que ella piensa en el fondo que el hermano de Lejla ha muerto. Como Lejla no puede ni huir del país de las maravillas (espera la vuelta de su hermano/liebre) ni envolverlo todo con metáforas, ni su amiga experta en ese campo le ayuda, se cambia a ella misma. Cambia su pelo, su nombre…Pero no basta. Espera a la liebre que la pueda sacar de la madriguera, que nunca llega. Y cuando finalmente encuentra al fantasma de la liebre, corre, sin dirección. Aunque no sepa cómo escapar.
Ni la liebre ni su amiga, la Alicia que escapó, la han salvado.
Por otro lado todo el arco de Sara y la historia en sí se sienten en parte como A través del espejo. Una secuela en la que Alicia conoce lo que se va a encontrar, conoce las reglas y lo asume. Sabe qué personajes se va a encontrar pero a la vez los recuerda como en la primera novela: Sara recuerda a Lejla como esa Lejla “aliciesca”, mágica, pero a la vez tiene miedo de que eso se haya perdido. Y lo mismo con todo el viaje. Sara rechaza ese mundo porque sabe que puede volver por el espejo y se conoce las reglas. Una escena muy sintomática de esto es cuando espera encontrarse a una madre idílica y luego la ve tal cual fue siempre y huye.
Sara ya ha pasado al mundo adulto, a Irlanda con su dios sucio, con sus artificios y sus mentiras, pero en un código que ella sabe manejar para cubrir sus heridas y un pasado doloroso. Se me quedó grabado por ejemplo cómo describe antes de coger el avión que su piso con su pareja parece ahora un museo y ella una visitante.
Sara ha sabido entrar y salir. Dejar atrás la liebre a la que una vez siguió y esperó. Pero Lejla es lo contrario, clama por un guía que la ayude a significar su vida y no lo encuentra ni lo encontrará jamás, atrapada en un mundo desquiciante.
Por eso ambas son codependientes: son las protagonistas de dos libros que se han fundido en uno.