Muy buenas choquejuerguistas.
Motivado por el club de lectura de mis amigos, he podido indagar sobre Emmanuel Carrère y su obra El adversario, basada en los asesinatos reales de un supuesto médico francés. Durante el debate de la novela, se mencionó la obvia referencia a Truman Capote y su A sangre fría, además de mencionar también una novela mucho más reciente: La ciudad de los vivos de Nicola Lagioia. Esta novela la devoré en escasos días la semana pasada.
Mi primera conclusión es que el true crime, en este formato de novelas donde el autor es un personaje más, no me termina de convencer en absoluto. Todavía no puedo decir que el true crime no me interesa o que no es lo mío, al igual que tampoco veo un género que sea moralmente reprochable. Sin embargo, es con estas novelas donde siento cierta incomodidad. Es aquí donde veo que el morbo sí cruza líneas muy debatibles, cosa que no me pasa con los típicos podcasts de true crimes o cuando veo a Carles Porta en Crims.
A falta de leer A sangre fría (aunque a priori, mi interés por adentrarme en esta novela es bastante bajo), la sensación que me dieron al inicio Carrère y Lagioia es la de querer explicar por qué habían sucedido unos crímenes tan terribles e incomprensibles. El caso del italiano es todavía más ambicioso. Aparte de contar con un perfil de asesinos poco habituales en el mundo del true crime, la novela se enfoca también en las diferencias de clase, problemas políticos y sociales actuales y la decadencia de la Roma donde vive y trabaja.
En ambos trabajos tengo la misma sensación de que no buscaban resolver ningún misterio en especial sobre las motivaciones de los criminales (o quizás que ellos no han conseguido sacar interpretaciones relevantes), que fallan en sus pretensiones y que las novelas terminan siendo un ejercicio de ego donde se lucran de una tragedia ajena. Con Carrère, parece que termina haciéndole un favor al criminal, quien estará encantado de que se haya escrito una novela de renombre sobre su “obra maestra personal”. Con Lagioia, hay pasajes donde muestra un narcisismo y superioridad moral bastante repulsivos.
Un tema que siempre me chirría es el tropo de hablar del background de los asesinos para intentar explicar los sucesos posteriores. Sé que exponer estos detalles no se hacen con ánimo de justificar nada al igual que empatizar con asesinos no quiere decir que apoyemos su causa. Pero ya que correlación no implica causalidad (y eso por no hablar de la cantidad de asesinos que tuvieron infancias y pasados felices), siento que contar las historias así no aporta nada. Por eso veo que los true crime que más me convencen son los que se centran en investigaciones policiales y posteriores juicios. En el caso de las novelas, al supuestamente profundizar más en los personajes, tengo más sensaciones encontradas o incluso la opinión de que son obras mucho más cuestionables a nivel moral.
En la ciudad de los vivos, uno de los asesinos se tira buena parte de su vida abusando, manipulando, violando y estafando a numerosas personas. Aún así, el juicio y su detención solamente se centran en el mediático asesinato. La novela, si bien da detalles y cuenta los terribles actos del asesino hacia tantas personas, parece que sigue anclada a que el crimen fue algo súbito, inesperado y que prácticamente podría haber cometido cualquier otra persona. Lagioia además señala incontables veces al público y a sus reacciones, quienes acusan lo agravante que es que los asesinos vinieran de familias burguesas y cometieran sus atrocidades contra un joven de clase baja. A veces parece haber cierta burla, como diciendo “la gente se queja de que al ser burgueses se van de rositas y no es cierto!”, cuando resulta que el padre de uno de los asesinos fue corriendo a solicitar ayuda a sus influencias políticas… Y es que la cuestión de clase sí que juega un papel crucial en la historia, con un asesino que se deleita aprovechándose de los demás y que ve en la víctima un objetivo ideal al considerarlo un ser inferior, ignorante y manipulable. Tanto la justicia como incluso Lagioia (o al menos, es lo que interpreto de sus palabras) inciden en que no hay premeditación o móvil en el crimen. Pero resulta que los meses posteriores uno de los asesinos se aprovecha continuamente de la víctima, abusando de ella. Los días anteriores al crimen, los asesinos se dedican a estafar e intentar abusar de otras personas, hasta que encuentran en la víctima una presa ideal.
Y el intento de contar las historias de los tres personajes no veo que funcione en absoluto. No dejo de ver ciertas tendencias a la hora de contar las historias. No hay reparos a la hora de contar la doble vida de la víctima y los engaños que comete hacia su familia y novia. Se recrea incluso en la desagradable historia de la novia cuando le quieren hacer ver lo que hacía la víctima cuando estaba necesitada de dinero. En cambio, cuando hablan de la pareja más reciente de uno de los asesinos, el capítulo entero es “pues siempre saludaba, era una pareja estupenda, un ser humano ejemplar, etc.”. Aquí ya no aparece un personaje para recriminar que su pareja le había engañado y que mientras estaban juntos violaba y estafaba a amigos y desconocidos.
Quizás estas impresiones mías son demasiado subjetivas, pero donde considero que es imposible no hacer reproches a Lagioia es en los capítulos donde habla de su propia vida, mencionado episodios donde casi agrede una mujer al lanzar botellas de vidrio estando borracho o cuando tiene un accidente al coger el coche borracho con un amigo. No sé qué otra interpretación puede haber, porque yo aquí veo un intento de decir “pues a mí también se me podría haber ido la pinza un día y podría haberme convertido en asesino”. Me parece que esto no se sustenta por ningún lado. Pero es que, por si esto fuese poco, luego se atreve a compararse con la víctima, aludiendo a un episodio de necesidad donde pensó en prostituirse. A mí este espectáculo de ombliguismo me dejó helado.
Hasta aquí me he enrollado suficiente, la verdad es que La ciudad de los vivos es una novela extensa que toca muchos palos (aunque pienso que no termina de profundizar en nada) y también está el tema de la historia paralela que se narra y de la decadencia de Roma, temas que de nuevo en mi opinión no funcionan.
Lo que estoy viendo en este tipo de novelas es que aparte del morbo no entiendo qué ofrecen exactamente, más allá de un autor que aprovecha la tragedia para hablar de sí mismo y rascar premios literarios. Parece que dejan un legado que sube el ego de los criminales y en algunos casos se aprovecha para sacar trapos sucios de las víctimas que no aportan nada. Nunca he querido entrar en el debate sobre el entretenimiento del público con los true crimes, pero sí que me deja con cierta indignación la actitud y trabajo de ciertos escritores de renombre cuando publican este tipo de novelas.