Una pegadiza melodía de piano (obra de Nick Diamonds, al que algunos conoceréis por ser el frontman de The Unicorns o Islands), una locución grabada (This is a Global Tel-Link prepaid call from Adnan Syed, an inmate at a Maryland correctional facility) y una voz (la de Sarah Koenig, resumiendo el punto en el que está la historia).
Por alguna razón tengo grabada en el cerebro la intro de la primera temporada de Serial, el podcast con el que arrancó la actual época dorada del true-crime.
Hace unos días vi Zodiac Killer Project, la película en la que Charlie Shackleton cuenta su proyecto fallido de hacer un true-crime sobre el asesino del zodiaco y, de paso, hace un repaso por los lugares comunes del género.
En el 2014 yo estaba intentando mejorar mi inglés cuando oí a hablar por primera vez de Serial, que en Estados Unidos al parecer se estaba convirtiendo en un auténtico fenómeno social.
Me puse el primer episodio y la dicción perfecta de Sarah Koenig me hizo pensar que sería una buena forma de hacer oído. Fue también mi primera aproximación (consciente, al menos) al género del true-crime.
La película de Shackleton tiene una estructura peculiar, ya que la mayoría del metraje consiste en planos generales de paisajes sobre los que en director explica cómo habría sido su película, una película que no pudo hacer porque fue incapaz de conseguir los derechos del libro que iba a utilizar como base.
Al margen de esos planos paisajísticos hay varios insertos de algunos de los true-crimes más conocidos que se usan para ejemplificar ciertos clichés del género.
Y también aparecen de vez en cuando secuencias con recreaciones de lo que se está contando. Esas recreaciones, que tienen una duración mínima y nunca muestran ninguna cara, son introducidas por una pulsación aguda no muy lejana a la primera nota de la sintonía de Serial.
En Serial se contaba la historia del asesinato de Hae Min Lee a manos (supuestamente) de Adnan Syed, centrándose sobre todo en el proceso judicial que condenó a Syed. La historia está llena de giros y el ritmo con el que Koenig narra los hechos es impecable, así que enganchaba.
Claro que enganchaba.
Zodiac Killer Project no tiene vocación “enganchona” y, de hecho, en la narración que sirve de base a la película, el propio director (que es quien pone la voz) llega a hacer chascarrillos sobre lo bien que habría funcionado algún elemento como cliffhanger, o sobre cómo habría aportado dramatismo a una determinada escena.
El caso es que, aunque me estaba enganchando al podcast no tardaron en aparecer mis problemas con el género: lo que se estaba contando había pasado de verdad, la gente que hablaba era real, habían matado a una chica y su ex-novio estaba en la cárcel condenado por el asesinato… y el podcast convertía eso en una escucha entretenida.
Nunca he tenido problemas con la violencia cinematográfica y sin embargo los true-crimes me incomodan bastante.
De hecho, aunque tuve mi época, cada vez me cuesta más ver true-crime y hace bastante que no me pongo ninguno.
Hacia el final de Zodiac Killer Project, el director/narrador se lamenta por no haber podido hacer la película que tenía prevista inicialmente y se cuestiona a cuánta gente le interesará lo que ha acabado haciendo.
Supongo que es una duda legítima, pero en mi caso no puedo más que celebrar que Shackleton no consiguiese los derechos del libro que quería y que eso lo obligase a alejarse de los estándares del género. Sólo así ha podido ver la luz una obra tan singular como esta.
Y vosotros, ¿qué tal os lleváis con el true-crime?