Te levantas un sábado por la mañana tempranito, con tu café en el escritorio, sin nada que hacer durante el día más que descansar y jugar. Entras a Steam a echar un vistazo a la tienda, un poco por inercia, no porque necesites mas entradas en tu backlog, y ves: OTRO INCREMENTAL.
Sritchy Scratchy es otro de esos juegos que revientan tu sábado y te obligan a trabajar cual operario en una fábrica apretando tornillos, en este caso, rascando con el ratón hasta que se te abra la muñeca.
Realmente me pregunto que tienen estos juegos para que deje de pasarme el Bayonetta por tercera vez y dedique mi día de descanso y relax a ver los numeritos subir. Atomización, repetición y un mundo previsible. Para mi esos tres son los ingredientes mágicos de este género que no nos cuenta una historia apasionante, ni nos deja una jugabilidad llena de parrys y combos. Nos da la simpleza de limpiar un plato, la de descubrir que hay debajo de un rasca, la de hacer click en una moneda. Esa simpleza hace que tu cabeza no haga ni el mas mínimo esfuerzo por entender que está pasando en pantalla, es evidente.
Nos convertimos en los mismos robots que mas adelante en la progresión nos sustituirán para conseguir recursos con los que comprar mas trabajo que hacer, más recursos y mas números mágicos en pantalla. Interfaces coloridas, músicas de ascensor con tonos alegres y normalmente una especie de jefe que te llama por teléfono para contarte que tiene mas mejoras para tu pequeña función exponencial, hacen de este genero, y de este juego en concreto, una delicia para los amantes del genero.
Seamos sinceros, lo que realmente nos gusta es automatizar tareas tediosas y repetitivas. Tener un puntero que hace click por nosotros, un gato que recoge las recompensas por nosotros o un brazo que recoja la producción y la vierta en una cinta transportadora. Es absolutamente reconfortante ver como los rascas se compran automáticamente, se rascan automáticamente y se canjean automáticamente. Donde el juego empieza como un minijuego, mas propio del Mario Party, se convierte tras unas horas y algo de esfuerzo en un juego de gestión de recursos.
Nos gusta ordenar cosas, meterlas en cajitas, poner etiquetas, tener todo organizado y pulcro. Es algo inherente a la condición humana, por el ansia de nuestro cerebro por ahorrar energía a toda costa o por que nos rasca en el lugar correcto cuando vemos que hemos invertido un esfuerzo en dejarlo todo bien ordenado y de esta pulsión es de la que se aprovecha este juego. Crea un entorno controlado en el que muy difícilmente puedes fallar, donde siempre avanzas y el esfuerzo se ve recompensado, donde las reglas están claras y definidas y nadie está por encima de ellas. No como en nuestras vidas, donde parece que por mucho que hagamos y nos esforcemos es mucho mas importante la suerte y la coincidencia que nuestras propias acciones o habilidades. Es un lugar seguro en un mundo precario y absurdo.
Por esto recomiendo descansar en esta hoguera, ya no solo del juego mencionado en el titulo, si no de los videojuegos en general, que nos hacen sentir seguros de nosotros mismos y nos brindan una paz y una coherencia que se agradece enormemente.
Jueguen a Sritchy Scratchy.