Tamara Superstar

Alguien tiene que abrir este melon: Superstar de Vigalondo.

Cuando me enteré del proyecto, al ver que lo producían los Javis, me eché a temblar. Si bien los considero unos grandes cineastas, su uso y abuso de dramas ajenos me parece moralmente reprobable. Pero al que el director era Vigalondo, tuve un rayo de esperanza. A parte de ser un director estimulante, creo que es un muy sensible y que estos fenómenos frikis los suele tratar con cariño.

Y no me ha defraudado. En general, considero que es una serie muy disfrutable. La decisión de adoptar un tono lisérgico y absurdo creo que le viene como un guante a esta historia. Trata a sus personajes con un inmenso cariño, los realza sin caer en una reivindicación de postín (aunque algo de esto tenga el final). Quizá Paco porras es el peor parado, pero es que es el personaje más oscuro de todos. Era muy fácil caer en el cinismo o en el drama realista con esta adaptación. Vigalondo opta por seguir jugando a lo imposible con un fenómeno que ya fue un juego loquísimo por entonces. Mención especial al capítulo de Leonardo Dantés, el más redondo.

Los actores son fantásticos, en especial al Leonardo Dantes de Secun de la Rosa y la Tamara de Ingrid García-Jonsson.

Estas son mis primeras impresiones, pero quiero seguir dándole unas vueltas más. ¿Qué os ha parecido a vosotros?

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A mí la verdad que no me ha gustado nada y, como seguidor de la carrera de Vigalondo, me siento defraudadísimo. Es lícito mencionar las series de los Javis en cuanto a Veneno/La mesías y en cuanto a que es un encargo de los mismos Javis para Vigalondo, pero con todo lo problemáticas que eran esas series, al menos ahí veía una humanidad, una cercanía a la hora de acercarse a las figuras estudiadas, que no veo en absoluto en Superestar.

Yo lo que veo aquí es que Vigalondo ve a Tamara y su cuadrilla de la misma manera que la veía la telebasura del 2000 y la audiencia: como unos frikis fascinantes, totalmente deshumanizados. Y lo veo porque Vigalondo parece consciente de esto (por eso interpreta a Javier Sardá) y porque la serie es una fuga surreal (en realidad un Lynch wannabe) que no logra disimular que es otro intento de continuar la explotación mediática de esta gente 20 años después.

Me ha parecido una serie realmente desagradable y me ha hecho sentir muy incómodo. Creo que la solución para los males del espectáculo no es más espectáculo.

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A mí me encantó. Entiendo que la misma existencia de la serie pueda ser problemática, pero me parece que si ha habido cariño con los personajes, especialmente con Tamara, su madre y Leonardo Dantés. En el EPSA de 5 horas con Vigalondo y García-Jonsson, el primero explica que le hizo un pase privado de la serie a Yurena, y que lo encajó todo muy bien (incluso lo del ladrillo, que era tabú para ella). Estuvo emocionada durante todo el visionado, pero lo que realmente la removió, por insólito que parezca, fue cuando Yurena y Marimar se despiden en el episodio 6, un hecho simbólico que evidentemente no pertenece a su verdadera biografía. También resulta bastante mágico que el delirante episodio de Paco Porras está mayormente basado en cosas que salieron de su propia boca, secuestro incluido.

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Sí, soy consciente de que mi lectura de la serie está condicionada por angustias muy exclusivas mías, no me cabe duda de que la gente retratada estará contenta con Superestar (se nota en el caso de Yurena y Leonardo Dantés). Pero es eso, al margen de lo que puedan opinar los protagonistas, no me puedo zafar de lo problemático que me parece.

Yo soy de la opinión de que Crónicas marcianas (y sus derivados) suponen un punto bajísimo para nuestra cultura, al que no hay que volver, del que hay que arrepentirse, un punto que además causó un daño terrible a la gente involucrada (Paco Porras, por mucho que sea un tipo asqueroso, es un ejemplo de tantos de juguete roto), y frente al que no puedo comprar la tentativa de volver a él utilizando las modas del presente en cuanto a lo que entendemos por una “serie de prestigio” (capítulos de producción elaborada con fugas puntuales para desafiar aparentemente las convenciones de lo serial) o “humanización” (ficciones terapéuticas levantadas sobre los traumas del yo que se plasman lineal e individualmente, constreñidas a la alienación de sus protagonistas). Vaya, que es que no me lo trago. Me parece un producto muy de nuestros tiempos, y un producto que refleja la cutrez de nuestros tiempos del mismo modo que Crónicas marcianas reflejaba la cutrez de la televisión dosmilera.

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Uf, a mí pensar sobre esta serie me mortifica. En general sí me gusta bastante, y definitivamente veo cierta sensibilidad a la hora de tratar a ciertos personajes (sobre todo Tamara y Dantés); pero en otros, como el de Paco Porras, cuyo capítulo me puede gustar por cualidades genéricas, formales o de tono, sí que veo que no consigue huir del todo de la mirada que impusieron los Sardá y los Cárdenas de turno sobre todo esto. Es curioso, eso sí, que yo sí veo algo más de humanidad aquí que en La Mesías, una serie que sí me fue pareciendo imposible de hacer en condiciones porque no ha habido una impugnación equivalente a la del fenómeno Crónicas Marcianas con las Flos Mariae, sino que todo el mundo sigue participando de forma acrítica en reírse de las frikis que cantan sus paridas. Creo que esta es una serie más sensible con el material que maneja desde el momento en el que se centra en los problemas de Tamara como resultado de habitar el mundo del espectáculo; en aquella sólo conseguía integrar una capa de pornomiseria familiar totalmente especulativa, despolitizada y paralela a los temas más interesantes que podía sugerir el tema a tratar. También es cierto que la realidad de las Flos Mariae, por dramática que pueda ser, no se compara al ejercicio denigrante que realizaba Crónicas Marcianas con sus invitados, casi bordeando el proxenetismo.

Aunque, por ampliar, este tipo de miradas son algo que me pasa con muchos directores al abordar a “personas especiales”, al margen de que tengan homólogos reales o no, y no siempre tiene por qué coincidir con lo que me gusta o me deja de gustar la propuesta. Creo que el peor caso de todos, por ser claros, es el de The Disaster Artist, una película que en todo momento trata de camuflar su (a todas luces manifiesto) desprecio por el personaje que intenta retratar, rebajándolo y sometiéndolo a una representación que bordea lo infrahumano. En Superstar no veo estas intenciones y creo que hay una vocación humanista y dignificante hacia sus protagonistas, pero también creo que parte de una mirada inevitablemente contaminada que devora por momentos cualquier buena intención que pueda haber detrás. Igual no debió hacerse, y sí me parece una postura sensata la de intentar enterrar todo este mundillo y asumir que no podemos mirarlo de forma horizontal tras tantísimos años de mierda y explotación miserable de sus protagonistas.

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Por matizar lo de La Mesías (y siempre incidiendo en lo personal de mi aproximación), lo que ocurrió simplemente es que por ser una biografía ficcionada, con los nombres cambiados, con unos conflictos tan marcados y alejados de lo sucedido más allá de lo superficial, me fue más sencillo disfrutarla como ficción (y de hecho la disfruté rabiosamente, me parece una narración impecable y solidísima, de lo mejor del audiovisual español reciente). Cuando me rallé más fue más tarde, claro, en el momento en que llevaron a Amaia al Primavera Sound a cantar algunos de los temas y ya me dio mucha vergüenza todo.

Sobre lo otro que comenta @JavierLG, desde luego hablamos siempre de obras bajo el influjo de The Disaster Artist, peli a la que en efecto no puedo tener más manía por los motivos expuestos. Sí difiero pese a todo en que las intenciones de Superestar sean distintas; no sé si el esfuerzo de Vigalondo habrá sido como tal devolverles la dignidad a los protagonistas, pero las herramientas nunca son las apropiadas (todos los actores, tan bien valorados, no hacen más que un Tu cara me suena enfatizando los aspectos más pintorescos de cada persona; me parece sintomático en ese sentido lo de García Jonsson, que es una actriz muy muy justita y que aquí claramente se está limitando a imitar a Yurena) y hace que me resulte difícil ver todo fuera de los cauces de un fanfic de la telebasura con el que me estoy preguntando todo el rato a cuento de qué existe, por qué nos tendría que importar este regreso al tamarismo si no ofrece ninguna reflexión de peso sobre la sociedad o la cultura más allá de un chapoteo superficial en lo surrealista que fue todo. Que hablando de esto último, también me parece una serie muy floja desde el mero ámbito de la imaginería: todos los símbolos que usa (el doble (dos veces!), el capítulo botella-Jo qué noche, el flashback, la madre que ve a su hija como una niña) están extremadamente sobados, y es un poco a lo que voy de que es una serie muy de ahora, de una estandarización de lo que entendemos por ficción de prestigio.

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Primero, agradecer vuestros comentarios profundos y acertados que incitan a la reflexión. Le he estado dando vueltas los últimos días.

Como comenté, disfruté la serie pero tras leeros tengo muchísimas más dudas. Me pregunto cuanto tiene que ver con que la disfrutara porque mi mirada es la misma que tuve con el fenómeno en el 2000. Una mirada llena de prejuicios, donde trato a este grupo de personas como personajes sin agencia. Unos frikis entonces y uno frikis ahora. Creo que esta serie dice más de mi que de otra cosa (y por supuesto no es intención de la serie plantar este espejo).

Para mi, la revelación viene con el papel de tiempo de marte. En la serie es un lugar enloquecido pero divertido, como un gran juego con simpatía. Tiene un efecto de reivindicación del programa. Esto, a mi juicio, es injusto y no se corresponde con lo que realmente fue: un programa de telebasura cruel. A partir de aquí es donde veo la distorsión que provoca esta serie con el fenómeno y la distorsión que llevo encima a la hora de acercarme.

Compro lo de que los actores están haciendo una imitación, aunque no opino lo mismo de Leonardo Dantes. Creo que aquí es una interpretación más humana y un capítulo que sí trata del hartazgo y lo cruel de lo que fue el fenómeno, aunque se apunta normalmente a la relación entre ellos más que la estructura mediático terrible que lo propició. Sigo pensando que es la parte más destacable

Sí, la disfrute mientras la veía, y no me siento demasiado orgulloso. Yo también soy parte del problema :rofl:

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Creo que el tema con Superstar/La mesías es la distancia que tengamos cada uno con los hechos reales. Admito que yo caí por completo en avivar el fenómeno Flos Mariae cuando era un niñato; me hacían muchísima gracia y no fue hasta pasado un tiempo que empecé a ver lo problemático de aproximarnos a estos fenómenos virales con esa mirada. Crónicas Marcianas me pilla mucho más lejos y me cuesta bastante más medir la parodia (de hecho, hay mil personajes en la trama que ni me sonaban), por lo que igual hay un poco bastante de sesgo por ahí. Por ejemplo, la interpretación de Ingrid García Johnson como Tamara (persona de la que no había visto ni una entrevista) me parecía efectivamente muy extraña, pero no la había leído como una imitación.

Lo que sí comentas que he notado, y de hecho es algo que no se me quitaba de la cabeza mientras veía la serie, es lo que dices de Vigalondo como Sardà. Si la naturaleza de la serie fuera realmente combativa con el espectáculo monstruoso que se generó alrededor de sus protagonistas, el personaje entiendo que debería haber salido mucho peor parado, o como mínimo haber recibido un tratamiento con tan mala baba como el que han recibido el resto de sus protagonistas. La serie guarda una distancia prudente al acercarse a los vampiros de la televisión, quizás hasta de forma cobarde, cuando seguramente serían ellos los que mejor podrían servir para explicar la cruel naturaleza de este fenómeno.

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Creo que es clave la postura tan simpática que tiene la serie con respecto a Tiempo de Marte/Crónicas marcianas. Aunque desde luego es esperpéntico y no diría que reivindicativo, hay una complicidad que me parece muy chunga incluso por lo que dice de lo que Vigalondo piensa de su trabajo: este rollo de vincular a Los felices 20 (un programa que a mí me parece fantástico y que en un lugar mejor habría creado escuela) con esa telebasura me desconcierta y me pone muy triste. Incluso me hace sentir un poco estúpido por haberle dado tanto crédito a lo que me parecía un milagro televisivo.

No lo sé. Es una serie que me despierta muchísimos conflictos. En Veneno, por volver a los Javis, también había un retrato algo complaciente de la explotación televisiva, pero al menos eran conscientes de que, al mismo tiempo que sin esa explotación televisiva Veneno no habría llegado a ellos ni se habría convertido en un icono, también le había destrozado la vida. Es una ambivalencia de la que no hay ni rastro en Superestar, que solo quiere ser una fiesta y, según como yo lo veo, una secuela “poética” del culebrón al que la sociedad española se enganchó en los 2000.

Aprecio mucho las palabras de @Jesus por otra parte. Yo también creo que Leonardo Dantés sale el mejor parado… también porque es que Dantés… ¿es una genuina buena persona? Osea esta figura es la que siempre me ha cautivado de la cuadrilla porque he percibido en él una bondad a prueba de bombas que supongo que Vigalondo y Secun de la Rosa saben explotar en este capítulo (aunque no me convenza demasiado la herramienta del doble)

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Uf, lo de la relación entre Los felices veinte y Crónicas marcianas es doloroso de leer como persona a la que también le flipaba el programa de Vigalondo. De todos modos creo que no son lo mismo: en todo caso, en Los felices veinte el que más se humillaba era el propio Vigalondo, y aunque era muy agresivo y borde con los invitados (entiendo que por la performance, porque en otras entrevistas es un tío encantador) creo que había algo mucho más pactado, amén de que dichos invitados no eran potenciales frikis de los que reírse. Si Vigalondo realmente ha querido relacionar ambos programas creo que la mala lectura es más suya que nuestra al elogiar su trabajo, por paradójico que pueda parecer. En cualquier caso quizás rescató algo de la forma hipertrofiada de espectáculo enrarecido que había ahí, pero dudo que nada de lo verdaderamente problemático.

La serie de la Veneno no llegué a verla, pero desde luego hubiese molado ver más en Superstar de lo que comentas que hay en ella. Creo que por ahí se podría haber afinado mucho mejor el propósito de una serie como ésta, vaya.

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Comparto esta crítica que, más allá que podamos estar de acuerdo o no, me ha parecido interesante por su profundidad:

Siendo indiscutible que la serie no es cínica ni irónica, aquí la clave está en la interpretación sobre si la serie dota de agencia a sus protagonistas o se aprovecha de ellos para continuar con el show. Tengo sentimientos encontrados. Me parece que sí hay afecto pero que la perspectiva escogida es la de seguir viéndolos como frikis y no como personas. Lo que seguro que no hay es crítica a esa época y sus verdaderos artífices (no estoy de acuerdo con su mención a tiempo de marte), ni espejo con nosotrxs. Por eso, me parece más bien conservadora. Aunque me gustó, como ya comenté.

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