¡Buenas!
Hace poco más de un año empecé a ver One Piece. Lo hice porque las personas de mi entorno me decían todas las semanas que cada vez se ponía mejor. Yo era muy escéptica. No podía creerme que una serie con más de 1000 episodios fuera siempre in crescendo. El fenómeno llamó aún más mi atención cuando terminó siendo la única de las Big 3 (Naruto, Bleach y Once Piece) que seguía en emisión y mantenía una fanaticada muy fiel. No creo que haya una serie actual que pueda extenderse tanto como esta y que además goce de los «privilegios» con los que cuenta el mangaka para realizar esta obra (esto lo digo con la boca muy pequeñita, porque tengo entendido que al autor se le permite descansar un poco más que a sus homólogos, porque hablamos de la niña consentida de la Shonen Jump).
Pregunté a varios fanáticos por qué les gustaba tanto y varios me contestaron que la historia tenía mucha coherencia interna, las elipsis podían llevar años cocinándose y había que estar atento a todo porque cualquier elemento podía ser de importancia en el futuro.
En ese entonces también me costaba creer que una serie que comenzó a finales de los 90 pudiera sentirse fresca, que aún pudiera contar cosas que no hubiésemos visto en series más recientes o que pudiera contarlo mejor. Así que después de haber visto la primera temporada de One Piece en Netflix me animé a empezar la obra original… y vaya que sí es interesante.
Aunque su desarrollo es extremadamente lento (además de ser una serie muy larga, lo que entraña una barrera de entrada altísima) y a veces no tenga el mejor ritmo del mundo o las mejores batallas, tiene mucho corazón e ideas. Su autor logra construir un mundo coherente lleno de enigmas que se van desvelando y personajes con diseños creativos que conservan el aura de los gustos infantiles.
La injusticia y la opresión son los grandes males a los que se enfrentan los héroes en su viaje . En One Piece los villanos están motivados por el dinero, el prestigio, el control, la indiferencia al que se deshumaniza, el resentimiento, el egocentrismo, el seguimiento estricto del deber… Puede que se trate de las motivaciones genéricas de cualquier villano, pero en One Piece el contexto social es un elemento crucial que el autor no omite. Los personajes, sean buenos o malos, siempre están rodeados de un mundo cuyo poder recae en gobiernos injustos, prejuicios y arbitrariedades.
El peso de este mundo hace que sus héroes brillen. El personaje principal encarna el anhelo de vivir libre de las circunstancias que someten al mundo oprimido. Luffy es libre y, en consecuencia, su instinto siempre es proclive a solidarizarse con los demás. Luffy no sigue todos los convencionalismos de los héroes puros y reconoce el valor de la interdependencia y la comunidad. Es especialmente afectuoso con sus amigos y ejerce más como un líder moral que como un jefe al uso. Lo más interesante de One Piece es creo que cuenta con un sustrato revolucionario y marxista.
Algunas de sus sagas hablan de las guerras por agua, los peligros de privatizar la atención médica, las fakes news, la memoria histórica, la explotación laboral, la discriminación, la opresión de los pueblos, la esclavitud, la igualdad de género, la corrupción, el respeto al colectivo transexual, entre otros… (con esto no digo que no tenga sus elementos rancios).
En One Piece, hay un sueño que perseguir, pero no es más que una excusa para un viaje repleto de aventura. La prioridad del protagonista es divertirse y para ello la liberación del prójimo es un requisito sine qua non para avanzar.
Por todos estos motivos, no es de extrañar que One Piece se convirtiera en el símbolo de las manifestaciones de 2025 en Indonesia.
¿Ustedes, qué opinan? ¿Creen que es posible que haya otra serie igual de larga durante estos años?
(Voy por la saga de Whole cake, así que si vas más adelante te pido que, por favor, uses el borrón de spoiler. ¡Gracias!)