En segundo lugar, tenemos muchas metodologías (desde semiótica hasta teoría de conjuntos) y casi siempre se aplican de forma independiente, casi sectaria. Y es bastante habitual lo que yo llamo el “síndrome de los partidos de izquierdas”: ninguna metodología me encaja al 100%, así que voy a crear una nueva, LA BUENA. Os podéis imaginar el desastre que es. Y son sistemas complejos, cada uno con su propia terminología, por lo que suele ser complicado entenderse con gente que usa métodos distintos.
Esto es algo que veo en absolutamente todos los ámbitos de estudio, y es risible, porque (como bien indica @Jose) ocurre al margen de la academia simplemente por creer haber invalidado el resto de perspectivas con su nuevo juguete teórico, y provoca un distanciamiento aún mayor con la vida más allá de estos estudios. Lo de la jerga es tal cual: yo siempre pienso más en escuelas filosóficas para esto (porque creo que ahí están los colgados de primer orden), pero me flipa que al indagar en cualquier otro ámbito me encuentre siempre lo mismo. Partir de que tu postura lo explica todo es la receta perfecta para no abordar a fondo un objeto de estudio (en este caso, el cine) y descartar miradas que podrían enriquecer el análisis.
De lo que dice @alcoronag, lo de la mirada marxista me parece esencial y para nada una chorrada o algo que baje el nivel. De hecho, a mí es el tipo de análisis que más me impone, porque implica un nivel de rigor muy diferente a la ambigüedad que nos puede ofrecer una peli al margen de su realidad material y sus condiciones de producción. Normalmente yo no doy ese salto porque, a pesar de considerarme firmemente marxista, al mirar el arte no me resulta tan divertido investigarlo para extraer una conclusión desde ahí como lo es leer lo que concluyen otros (de ahí mi choquejuerguismo). Eso sí, cuando de verdad tengo una hiperfijación con algo, no puedo evitar acabar tirando por ahí, porque me parece la mirada que en última instancia más claridad ofrece y lo único que nos libra de volvernos unos flipados obnubilados por el placer y la experiencia estética. Y creo que con ciertas cosas es muy difícil esquivarlo, vaya. Por ejemplo, escribí un texto sobre Andor para WookieeNews (un sitio de noticias de Star Wars muy apañado) en el que no pude obviar las tensiones que genera esa serie en el ecosistema de Disney+, ni dejar de cuestionar con cuánta confianza debemos acercarnos a una serie que aparentemente desafía los códigos de su ecosistema industrial.
Además, y siguiendo por lo que señalas de que es la que mejor comunica el arte con el mundo, creo que sirve también para delimitar qué condiciones materiales no estamos dispuesto a tolerar en favor de la experiencia estética. Para mí, importa más cómo se hace una película (en qué entorno trabaja el equipo y cuál es la realidad material de su producción) que la película en sí. No quiero limitarme a un análisis formal que ignore la ética y el contexto (pienso en el caso de Albert Serra y Tardes de soledad como uno de mis “límites”, pero hay más por ahí). Y, como señalan @Jose y @Koznarov, todos los enfoques se cruzan: desde la forma o el contenido hasta la crítica desde una mirada marxista, ninguno es exclusivo y lo guay está en hibridarlos y localizar sus puntos de encuentro. En el caso del análisis marxista, siento que muchas veces se evita por la “seguridad” que nos ofrecen otros materiales teóricos frente al melón que abres al mirar una obra por lo que es y cómo se ha realizado, y a mí solo me sale agradecer a los que tiráis por ahí sin venir de otro sitio, desde dentro de la propia crítica cultural.
@Jose sobre lo que dices de Sontag y Barthes, con Sontag estoy completamente de acuerdo en su carácter torrencial, pero a Barthes sí le veo un par de herramientas que, aunque no constituyan un sistema o construyan un asidero teórico firme, sí les veo recorrido y me suelen parecer interesantes para leer lo que hacen algunas obras. Sobre todo, me parece bastante útil la metodología que señala en S/Z sobre las lexías como unidades de lectura, que nos sirven para fragmentar y leer ciertos textos que igual se resisten a encajar en estructuras más rígidas.
Pero sí, estoy definitivamente de acuerdo en que, al contrario que Bordwell, son dos autores que muchas veces siento que sacrifican la rigidez argumental en favor del recurso poético. Que eso también tiene sus virtudes, y la intuición desbordada es perfecta para estimular el coco, pero siento que rescato sus ideas de forma más aislada, y que en su totalidad me gustan más por lo divertido que es leerles que por haberme ofrecido un material verdaderamente versátil.
Y por cierto, por aclarar, yo formación teórica, cero patatero! Siempre que me meto en estos mundos siento que lo hago “desde fuera”, y soy tremendamente poco diligente y sistémico al ordenar mis pensamientos en la cuestión de la forma, que de hecho me parece un melón dificilísimo de abordar y en el que menos tendencia hay a ponerse de acuerdo (y por eso me parece estimulante y divertido).
EDIT: Madre mía, no era consciente del tochazo mientras lo escribía. Prometo intentar quitar más grasa para la próxima xD