Slow Cinefórum #1: Johnny Guitar (Nicholas Ray, 1954)

Yo lo que creo que representa Emma es la sociedad puritana e hipócrita de EEUU, la de las cazas de brujas. Vienna es la modernidad, la libertad económica y sexual, representada por el casino y el ferrocarril. Y si el director era bisexual, me cuadra más todavía que le diera este enfoque.

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Creo que ‘Johnny Guitar’, siendo tremendo peliculón y un western bien guapo, tiene un problema que se relaciona, creo, con la propia evolución del género. Le tomo prestada la terminología al profesor González Requena para explicar el western en tres fases: el clásico (donde cristalizan todos los rasgos del mito, y que quizá tenga a ‘La diligencia’ como gran exponente), el manierista (donde cobra importancia la toma de conciencia explícita de los mecanismos de construcción de sentido del género, y que encuentra su cima en dos cineastas tan importantes para mí como el Peckinpah de ‘Grupo salvaje’ y el Leone de la citada por @alcoronag ‘Hasta que llegó su hora’) y el postclásico (donde se vuelve la vista a un pasado clásico que nunca volverá porque una vez que pierdes la inocencia ya no vuelve, y que tiene como principal referente a Clint Esatwood en ‘Sin perdón’).

En ese panorama, ‘Johnny Guitar’ creo que está entre dos aguas, lo clásico y lo manierista. Para mí el balance es muy bueno, porque entiendo que sabe manejar códigos de ambos modelos con mucho tino, pero eso no quita para que haya cagadas. Las cuales, insisto, me parece que derivan de esa hibridez conceptual que, casi inevitablemente, tenía que asomar para mal en algún punto. Por supuesto, en ramalazos misóginos ya señalados, o en indefiniciones discursivas como las que indicáis.

Dicho lo cual, para mí el conflicto Emma/Vienna está (cuando lo miro con ganas de construir) en el choque good old times in the west (Emma) frente al supuesto progreso económico y técnico que trae la mercantilización de la vida (Vienna). Pero claro, cuando parece que la cosa va de que se pelean por un tío, tampoco me voy a esforzar mucho en defender la movida…

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Qué buena la distinción de González Requena, no la conocía y me parece desde ya una herramienta super útil para clasificar los westerns. Yo solía emplear la fórmula básica de clasicismo (años 30-40), modernidad (años 50) y posmodernidad (años 60 en adelante), pero es mucho más concreta y útil la que propone este señor.

Dicho esto, desde luego que Johnny Guitar es manierista y me gusta que hayamos llegado a un punto en el que podemos asociarlo al cine de Leone, porque aquí ya podría tener encaje la teatralidad o la cierta sensibilidad camp que también se ha comentado (y que sin duda es el motivo por el que la peli le gusta tanto a Almodóvar). Creo que también desde esta línea podríamos entender el retrato más positivo de Vienna teniendo en cuenta que lo que trae consigo es la destrucción del western tal y como lo conocemos (es decir, su vínculo con James Stewart en El hombre que mató a Liberty Valance u otro ejemplo que a mí me gusta especialmente, en el de Gregory Peck en Horizontes de grandeza).

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Uhm, @Jose tiene razón cuando dice que el western suele estar basado en personajes bastante arquetípicos. Quizás en este caso me chirría más que sea así por lo que venimos comentando de que este no es un western típico en muchos aspectos.
Mientras que en muchas otras cintas del género el conflicto es tan básico como “el bien contra el mal”, en el caso de Johnny Guitar creo que no es tan así, y por eso me cuesta más encajar a un personaje tan marcadamente antipático como el de Emma. Como dice @alcoronag , se pone mucho empeño (quizás demasiado) en hacer que caiga mal, lo que acaba por llevarlo a la caricatura.

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Gonzalez Requena es increíble para leer estas cosas, con su teoría resuelves muchos géneros clásicos y su trayectoria por encima de los debates que se establecen internamente entre sus aficionados (el terror por ejemplo también aguanta muy bien esta perspectiva). Yo lo descubrí gracias al canal de Aarón Rodríguez Serrano, y la verdad es que fue una lectura clave para mí. Aunque también reconozco que a veces uso sus herramientas con mucha cautela por miedo a sobreutilizarlo o convertirlo en una muletilla (creo que con DEMASIADA precaución por momentos).

En cuanto a Johnny Guitar, creo que todo lo que leemos hoy como propositivo y “avanzado” efectivamente está ahí, pero aparece desincronizado, como si estuviera desplazado y algo mermado por esa herencia inmediata del cine clásico. A eso se suma que las intenciones originales, en mi opinión, no están necesariamente alineadas ideológicamente con muchas de las lecturas que podamos hacer, sino que mas bien derivan de una impregnación prematura de ciertos códigos posteriores por una sensibilidad estética concreta. Estos códigos que la rodean estaban apenas emergiendo en el momento de su concepción, y eso hace que las lecturas posteriores (aunque válidas) resuenen con alguna que otra desincronía. Aun así, y volviendo a lo que decía de sobreutilizar ciertas herramientas o rebajar nuestra mirada, creo que está bien ser “echao palante” con estas cosas e intentar rascar todo lo que se pueda de esos puntos convergentes con lo que podemos entender como manierismo, a riesgo de forzar un poco la maquinaría. Siempre a favor de exponer al límite una idea para intentar averiguar dónde está.

Sí, desde luego hay que tener cuidado con los sistemas rígidos de pensamiento, lo suyo es tener varias herramientas a tu disposición para ir alternando, o incluso tirar de intuición propia y a ver dónde te lleva eso.

Está muy guay haber empezado con Johnny Guitar porque todo apunta a que es un ejemplo de cine clásico que puede conducirnos a repensar qué entendemos por cine clásico. Yo normalmente siempre lo he entendido (al margen de como marco temporal, quizá una cosa entre los años 30 y los 60 más o menos) como una celebración de la funcionalidad narrativa: poner todas las herramientas cinematográficas al servicio de una historia y que esta se comunique sin fricciones.

Pero claro. Lo maravilloso es que estas herramientas nunca son ni nunca fueron controlables al 100%, y así pasa que creo que es difícil encontrarse una sola película en toda la historia donde se dé del todo esta funcionalidad (al fin y al cabo por eso los franceses se obsesionaron tanto con la recuperación de nombres de directores de estudio para establecer alrededor de ellos la política de autores).

En cualquier caso Johnny Guitar, y me atrevería a decir Nicholas Ray por entero (me gusten o no me gusten sus pelis), es un caso especialmente elocuente de toda esta movida.

Volver a ver cualquier película de Nicholas Ray, para mí, es como volver a casa: un lugar de confort en el que sé que voy a disfrutar cada minuto. He leído todo lo que han compartido, pero por no alargarme demasiado, solo quiero hacer un par de apuntes.

A veces nos centramos en exceso en el “argumento”, cuando una película es mucho más que eso. Muchísimo más. @Basmer ha dado en el clavo con su análisis, que aunque se centra en una escena concreta, podría aplicarse a cualquier fragmento de la película con el mismo nivel de acierto. La evolución del vestuario de Vienna, el tratamiento del color, las ideas de sonido (Eddie, you can stop spinning the wheel)… Para mí, lo verdaderamente importante no es tanto lo que ocurre, sino cómo lo cuentas. Siento que no es tan relevante buscar lógica absoluta en el comportamiento de los personajes, especialmente en una historia que transcurre en 1880 y además está contada desde la sensibilidad y los códigos de 1954.

Aún así sobre Emma, y por aportar una mirada femenina, no me parece un mal personaje. Hay incontables villanos masculinos cuya única motivación es hacer el mal, y las mujeres también podemos ocupar ese lugar. Emma está celosa porque está encaprichada de Kid, pero sobre todo está enfadada porque Vienna representa todo lo que ella detesta. También se siente amenazada: las acciones de Vienna pueden hacer tambalear su posición económica. El conflicto entre ambas no gira en torno a un hombre, sino en torno a la clase. Vienna es una mujer de origen humilde que ha hecho lo que fuera necesario para llegar donde está. Emma, en cambio, es una mujer respetable y rica de nacimiento que desprecia precisamente eso, y sin embargo, Vienna tiene todo lo que Emma quiere.

Aun así, como decía antes, prefiero abordar el cine desde otro lugar. Lo que realmente me fascina de Nicholas Ray, del western y del buen cine en general, es cómo todos los elementos —el montaje, la luz, los silencios, el vestuario, el espacio— se entrelazan para trascender el guion y convertir la película en una obra de arte.

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Es cierto lo que comenta @Ray, quizá mi reticencia con Emma se deba a que es el otro único personaje femenino y me choca verlo enfrentado de forma tan directa e iracunda a la heroína.

Creo de todas formas (y saliéndome un poco de los últimos apuntes tan guays sobre la necesidad de ver el cine como una serie de elementos que trascienden el guion, muy de acuerdo con eso), hay un cierto problema con la rivalidad femenina en la ficción, y en particular con el Hollywood de la época. Justamente vi hace poco, protagonizada por la misma Joan Crawford, otra peli clásica de mucho nombrerío, Qué fue de Baby Jane, y me despertó mucho rechazo la mirada inmensamente misógina que había sobre las dos protagonistas, retroalimentándose de la rivalidad mediática que entonces tenía Crawford con Bette Davis.

Con esto no digo que Ray sea misógino (difícilmente podría decirlo teniendo en cuenta el cariño que desborda por Vienna y la delicadeza con la que está planteada su relación con los hombres), pero sí que hay una cosa muy chunga en lo de enfrentar a las mujeres, de lo que veo trazas en Johnny Guitar.

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Y sobretodo que digan que parte de ese odio es por celos de que otro hombre prefiera a la otra.

Eso también claro. Vaya que desde luego es de celebrar una peli con las inquietudes de Johnny Guitar y no deja de ser rompedora para los estándares de la época, seguramente sea un referente histórico en cuanto a representación.

Solo eso, que lo de Emma me chirría un poco, sin desmerecer el talento de la actriz

Buenas familia, por fin saco un rato para participar en este santo Cinefórum, no podía perdérmelo. Ha sido un placer tanto reencontrarme con Johnny Guitar como leer todas las aportaciones que han ido comentando, gracias por ello y por permitir que este espacio exista en el lejano y salvaje internet.

Dicho eso, la verdad es que no siento que pueda aportar mucho más a la discusión de la película en sí (si acaso decir lo que me apasiona el plano en el que Sterling Hayden coge el vaso en el aire antes de que se estalle contra el suelo), pero sí me gustaría resaltar un poco (y creo que también tiene su valor dentro de este espacio tanto de reflexión como de compartición) lo que supone Johnny Guitar para mí.

Johnny Guitar para mí es una suerte de lugar mítico, un Shangri-La, que sin embargo existe y que, por esa naturaleza mítica que tiene, su visualización siempre sorprende aún conociéndola de cabo a rabo. Cuando estudiaba cine, en las maratonianas clases de Lenguaje Cinematográfico, era una de esas películas que salían una y otra vez en distintas partes del temario. Esto era por el claro fetiche que mi profesor tenía por el cine de Nicholas Ray, pero también por su inagotable aportación al medio, siendo una masterclass en todos sus niveles y desde todos los ángulos, con un Ray que parece no cansarse de aportar ideas a través del encuadre, el montaje, el color, la música, el atrezzo, la dirección de actrices y actores…

Y mítico será siempre para mí el propio Nicholas Ray, con su cabellera ondulada. Con su parche en El amigo americano. Consumido pero eterno en Relámpago sobre agua… Mi profesor recordaba siempre una conocida frase de Godard a propósito de Ray que define también certeramente el valor de Johnny Guitar (y esa naturaleza mitológica suya a la que apelo) que decía algo así como “Si el cine dejara de existir, solo Nicholas Ray da la impresión de poderlo reinventar y, lo que es más, de querer hacerlo”.

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Joder, qué bueno era el maldito Godard con las frases, qué magnífico tuitero habría sido!

Es muy bonita esa idea de Johnny Guitar como patrón oro del cine o algo parecido. Es cierto que pensándolo desde ese lugar podemos verlo como una película total donde explote algún tipo de cumbre cinematográfica: el color apasionado, el drama romántico, las convenciones agitadas del western, el vínculo del lenguaje cinematográfico con el teatro, el estrellato hollywoodiense (lo de Joan Crawford no es de este mundo y me atrevería a decir que lo de Hayden tampoco; mira que era un actor discretillo, pero menuda PRESENCIA)… es como la peli perfecta para recurrir a esas frases hechas temibles estilo “CINE CON MAYÚSCULAS”

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