Hola, Choquejuerguistas! Vamos con el tercer Slow Cinefórum, recordando que las conversaciones de los anteriores (sobre Pechos eternos y Johnny Guitar) están abiertas para quien quiera apuntar algo si ve la película más tarde o prefiere comentar a su aire: ningún hilo tiene fecha de caducidad.
La película de la que toca hablar hoy es Té y simpatía, dirigida por Vincente Minnelli en 1956. Un título quizá algo desconocido (cuesta lo suyo, de hecho, hacerse con una versión en Internet) pero que podría perfectamente pasar por una de las cumbres de un cineasta tan prolífico como era Minnelli, quizá junto a Howard Hawks y John Ford el gran exponente del clasicismo hollywoodiense.
A Minnelli le caracterizaba, en ese sentido, la capacidad para saltar de un género a otro, aunque siempre mostró una afinidad especial por el musical ya que él mismo había empezado en Broadway y se curtió en este tipo de cine de la mano de un titán del mismo como es Busby Berkeley: luego de trabajar bajo su liderazgo su primera película fue codirigida por el mismo Berkeley, un musical de 1943 titulado Una cabaña en el cielo que precedería su gran aportación al género: Cita en San Luis, protagonizada por Judy Garland. Minnelli se casaría poco después con ella y engendrarían a Liza Minnelli, aunque lo que más nos interesa ahora es considerar Cita en San Luis junto a la posterior Un americano en París dos de los títulos decisivos para que el musical de Hollywood tuviera su época de mayor esplendor entre los 40 y los 50.
Minnelli, que siempre que podía empleaba en sus películas una elaboradísima paleta de colores, dirigió múltiples musicales; podemos destacar otras joyas como Melodías de Broadway 1953, Brigadoon o Gigi (que le dio el Oscar a Mejor dirección), antes de que su estilo se quedara un poco viejo frente a la modernidad que representaría West Side Story a partir de 1960. Aunque no se limitó a este género, sino que también se especializó en melodramas románticos y de gran ambición conceptual (el díptico de Cautivos del mal y Dos semanas en otra ciudad, con Kirk Douglas, se adentra en las miserias de la industria de Hollywood primero en un momento de prosperidad en los 50 y luego en otro de declive llegados los 60).
Justamente Té y simpatía se estrenó en el mismo año, 1956, que una celebrada aportación de Minnelli al biopic, una peli dedicada a Van Gogh que también protagonizaba Kirk Douglas, El loco del pelo rojo. A diferencia de esta, que tuvo varias nominaciones al Oscar, Té y simpatía no fue ningún éxito y ha tenido que ser reivindicada más tarde. La peli era una adaptación de la obra de teatro del mismo título de Robert Anderson, dirigida originalmente por Elia Kazan y protagonizada por el mismo trío que repetiría para el cine: Deborah Kerr, John Kerr (sin vínculo sanguíneo) y Leif Erikson. Pese al éxito de la obra, el montaje sufrió a consecuencia de su arriesgada temática: el Código Hays obligó a añadir dos escenas al principio y al final convirtiendo la trama en un largo flashback, e impidió que se pronunciara la palabra “homosexualidad”.
Parte de esto explica la cierta condescendencia crítica con la que se topó Té y simpatía, aunada al desinterés del público frente a un protagonista que, aún así, parecía afín socialmente a los cambios de la época: al fin y al cabo el Tom Lee de John Kerr (cuya carrera en el cine nunca llegaría a despegar) es contemporáneo a los personajes interpretados por James Dean. Personajes que indagaban en una expresión alternativa de la masculinidad, siendo justo esta una de las características centrales de la peli.
Y por ahora me callo. ¿Qué os ha parecido Té y simpatía? ¿Os ha resultado interesante?
