Slow Cinefórum #3: Té y simpatía (Vincente Minnelli, 1956)

Hola, Choquejuerguistas! Vamos con el tercer Slow Cinefórum, recordando que las conversaciones de los anteriores (sobre Pechos eternos y Johnny Guitar) están abiertas para quien quiera apuntar algo si ve la película más tarde o prefiere comentar a su aire: ningún hilo tiene fecha de caducidad.

La película de la que toca hablar hoy es Té y simpatía, dirigida por Vincente Minnelli en 1956. Un título quizá algo desconocido (cuesta lo suyo, de hecho, hacerse con una versión en Internet) pero que podría perfectamente pasar por una de las cumbres de un cineasta tan prolífico como era Minnelli, quizá junto a Howard Hawks y John Ford el gran exponente del clasicismo hollywoodiense.

A Minnelli le caracterizaba, en ese sentido, la capacidad para saltar de un género a otro, aunque siempre mostró una afinidad especial por el musical ya que él mismo había empezado en Broadway y se curtió en este tipo de cine de la mano de un titán del mismo como es Busby Berkeley: luego de trabajar bajo su liderazgo su primera película fue codirigida por el mismo Berkeley, un musical de 1943 titulado Una cabaña en el cielo que precedería su gran aportación al género: Cita en San Luis, protagonizada por Judy Garland. Minnelli se casaría poco después con ella y engendrarían a Liza Minnelli, aunque lo que más nos interesa ahora es considerar Cita en San Luis junto a la posterior Un americano en París dos de los títulos decisivos para que el musical de Hollywood tuviera su época de mayor esplendor entre los 40 y los 50.

Minnelli, que siempre que podía empleaba en sus películas una elaboradísima paleta de colores, dirigió múltiples musicales; podemos destacar otras joyas como Melodías de Broadway 1953, Brigadoon o Gigi (que le dio el Oscar a Mejor dirección), antes de que su estilo se quedara un poco viejo frente a la modernidad que representaría West Side Story a partir de 1960. Aunque no se limitó a este género, sino que también se especializó en melodramas románticos y de gran ambición conceptual (el díptico de Cautivos del mal y Dos semanas en otra ciudad, con Kirk Douglas, se adentra en las miserias de la industria de Hollywood primero en un momento de prosperidad en los 50 y luego en otro de declive llegados los 60).

Justamente Té y simpatía se estrenó en el mismo año, 1956, que una celebrada aportación de Minnelli al biopic, una peli dedicada a Van Gogh que también protagonizaba Kirk Douglas, El loco del pelo rojo. A diferencia de esta, que tuvo varias nominaciones al Oscar, Té y simpatía no fue ningún éxito y ha tenido que ser reivindicada más tarde. La peli era una adaptación de la obra de teatro del mismo título de Robert Anderson, dirigida originalmente por Elia Kazan y protagonizada por el mismo trío que repetiría para el cine: Deborah Kerr, John Kerr (sin vínculo sanguíneo) y Leif Erikson. Pese al éxito de la obra, el montaje sufrió a consecuencia de su arriesgada temática: el Código Hays obligó a añadir dos escenas al principio y al final convirtiendo la trama en un largo flashback, e impidió que se pronunciara la palabra “homosexualidad”.

Parte de esto explica la cierta condescendencia crítica con la que se topó Té y simpatía, aunada al desinterés del público frente a un protagonista que, aún así, parecía afín socialmente a los cambios de la época: al fin y al cabo el Tom Lee de John Kerr (cuya carrera en el cine nunca llegaría a despegar) es contemporáneo a los personajes interpretados por James Dean. Personajes que indagaban en una expresión alternativa de la masculinidad, siendo justo esta una de las características centrales de la peli.

Y por ahora me callo. ¿Qué os ha parecido Té y simpatía? ¿Os ha resultado interesante?

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Me ha gustado la película, pero he sufrido mucho viendola, pensaba que acabaría en tragedia, por suerte no es así. El personaje de Tom me ha despertado mucha simpatía (jeje).

No sabía lo de la censura de la homosexualidad. No sé si originalmente el personaje iba a ser gay, pero me parece interesante que no lo sea. Simplemente no encaja dentro de lo que la masculinidad canónica pide a los chicos. Me ha parecido curioso que un tema de tanta actualidad se tratara tan bien en una película de hace 70 años, igual es que la masculinidad tóxica siempre lo ha sido y siempre ha estado en crisis, no solo ahora.

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También he visto que lo que impide a la historia ser una de origen de un supervillano (o de un incel) es la empatía y los cuidados, mediante el personaje de Laura. Supongo que si alguien se preocupa por ti y te apoya es más difícil que el resentimiento de instale en tu carácter.

Perdonad el doblepost, me ha venido esta idea después de escribir lo de antes.

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Como recordó Alberto en el hilo del cinefórum donde se proponen y se votan las pelis, el compañero @platanero dejó un enlace a un torrent que está sembrando para poder descargar la película, que es difícil de localizar. Lo pongo por aquí también

Download Tea and Sympathy 1956 1080p WEBRip x265 RARBG ORARBG. Free Torrent from The RarBg

Por Stremio he localizado una versión Full HD también pero de 8 gigas y la dejo por aquí por descarga directa por si alguien no se apaña con los torrents.

Cineforum

En esa misma carpeta he puesto los subs en formato .srt que he encontrado para esa versión en Open Subtitles.

Por otro lado, gracias a @NinoCine_akaGenis por proponerla para el cinefórum porque no sabía ni que existía, y eso que de Minnelli había visto 5 o 6 suyas.

Estoy muy contento de que de forma totalmente casual el cinefórum se haya especializado en cuestiones de género, primero con Johnny Guitar, luego Pechos eternos y ahora esta, que en líneas generales plantean qué es eso de la masculinidad y la feminidad y cómo nos aplasta el patriarcado.

Como mini reseña, que hoy no me da tiempo a más, la película me ha gustado tanto como me ha revuelto. Peliculón total sobre la masculinidad patriarcal y la represión violenta, cómo se performa el género (qué pasada las secuencias donde Deborah Kerr señala al amigo de Tom lo fácil que sería señalar sus gestos como poco masculinos, o cuando ese amigo trata de enseñar a Tom a caminar como un onvre), y como el amor, la comprensión y tomar partido son las únicas salidas (sanas).

Mañana a ver si puedo sacar un ratito para poder escribir más sobre ella.

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¡Hola, camaradas! Muchísimas gracias por haber votado por esta película en el Cinefórum de uno de mis directores favoritos (recordar El pirata me alegra cualquier día pocho) y con una de mis actrices favoritas también (todas las mujeres en Vida y muerte del coronel Blimp).

Vi esta película hará unos diez años o así y la he disfrutado aún más que entonces, ya más cerca de la edad de Laura que la de Tom. De hecho, una de las sorpresas de este visionado ha sido la sutileza en el personaje de Laura, que aunque sea la voz de la razón y el afecto de toda la película, rezuma un aura de culpabilidad que solo se comprende con el paso del tiempo. Solo ahora he podido apreciar el conflicto interno de Laura, qué la enamoró de su segundo marido cuando lo conoció, las presiones que también ejerce sobre Tom aunque las contenga y el torrente de deseo reprimido (y luego resuelto) del personaje. Hablando del deseo, magnífico trabajo de fotografía sobre el rostro y el cuerpo de John Kerr justo en las escenas en las que atenaza al personaje de Laura.

Personalmente, creo que el código Hays le hace un favor tremendo a la película. Precisamente que sea un larguísimo flashback justifica el recuerdo dulcificado del personaje de Laura (“me haces parece una santa” dice en su carta respecto al libro que ha escrito Tom, y así también se representa ante el espectador poco atento). Esta censura también permite que al final de la película, el ya exmarido de Laura, aparezca en pantalla como era cuando conoció a su mujer (tal como le describe en un momento en la cocina, el único momento de intimidad del matrimonio): un hombre melancólico, que pasa tiempo en soledad escuchando discos. Además, el hecho de que no pueda mencionar la homosexualidad lo hace aún más tabú, lo que se teme tanto que no se pronuncia. En contraposición, el constante uso del eufemismo “chicos normales” (chupito cuando digan “regular fella”).

Tremendo, de nuevo, trabajo con la profundidad de campo, especialmente difícil en una adaptación teatral (las constantes huidas del marido, el juego con las puertas, la persecución y alejamiento del matrimonio en el dormitorio, el uso de las alturas). De hecho, la constante presencia del espacio favorece la sensación de claustrofobia social que sufren los dos protagonistas. En fin, una delicia.

Me gustaría destacar que como curiosidad que, como todas las películas que hemos visto de momento son de los cincuenta, en todas está la pulsión de romper unos roles de género que a todas luces tuvieron que ser un punto de tensión en la década nivel global, especialmente tras su resurgir después de la II Guerra Mundial y con iconos de masculinidad y feminidad en la primera mitad de la década absolutamente imposibles de alcanzar. La respuesta son películas como las que hemos visto, pero también La gata sobre el tejado de zinc o Rebelde sin causa, por decir algunas evidentes.

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Me ha parecido una película transgresora como pocas, y me refiero a que transgrede desde la “suavidad”, como nunca lo podría haber hecho un Kubrick o un Fincher.

Respecto al código Hays y el tabú de la homosexualidad en general, la verdad me resulta fascinante la ambigüedad en la que se mueve el film durante casi todo su metraje, lástima que todo el misterio se rompa con la declaración explícita de Tom a Laura al final. Una conclusión donde la relación de ambos personajes se redujera a la más inocente amistad, quedando la película libre aparentemente de romance, hubiera sido el broche de oro a esa suavidad radical de la que hace gala. Si esto fue así porque el autor nunca concibió a Tom como gay o si la idea estaba ahí pero no se pudo llevar más lejos por la censura, no lo podemos saber.

Como bien decís, la puesta en escena es alucinante. Los decorados, la iluminación, el Tecnicolor (o Metrocolor, o lo que sea), producen unos paraísos artificiales que son pura ensoñación, especialmente en las escenas del jardín y la del bosque al final.

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¡Qué película más bonita! Con lo que me ha costado acceder a ella, estoy seguro de que nunca la habría visto si no fuese por el Forochoquecineforum.

Tengo muchos pensamientos, así que voy a empezar por el más banal. Pero qué bien se ve esto, ¿no? La primera impresión me recuerda a cuando vi Las aventuras de Robin Hood: revisar el año de la obra porque no me creía la fecha en que salió. Y comparándola con la (guapísima) Johnny Guitar, el color en Te y simpatía es precioso.

Como punto más negativo, es cierto que la película tiene un tono de sermonear en algunos momentos que me tira para atrás. Algunas escenas con Laura y su marido o con el propio protagonista. Aun así, me ganan mucho los momentos en que simplemente estamos con los personajes, sufriendo con ellos, con ganas de abrazarles o simplemente sentarme a su lado en silencio.

Me gustaría abrir un melón. ¿Es gay el protagonista? ¿Importa? Por aquí se ha hablado un poco. Comparto que es interesante planteárselo y también pensar que no lo es. No por ser femenino eres homosexual. Pero lo que más me interesa es cómo la obra se deja proyectar. En mi caso diré que no sé si me creo todo lo que pasa, ni creo que Tom se enfrente a su sexualidad. Al fin y al cabo, solo veo a un muchacho que hace lo que se suele hacer con una de las únicas personas que le trata realmente bien.

A pesar de la mucha gente que se empeña en lo contrario, cuando uno mira una fotografía, una pintura o una imagen, proyectamos y vemos cosas distintas. Es una de las cosas que más me gustan del arte. Y creo que Tom Lee es un personaje donde proyectar y ver.

Cuando empecé con el cine clásico, esperaba que oliese a cerrado. Y muchas veces así es. Pero cuando me sorprenden, cuando hay valientes que rompen, me emociono mucho y me siento en contacto con la parte más bonita de la humanidad. (Qué ñoñas soy, ¡¡¡pordioooosss!!!)

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¡Hola, choquejuerguistas!

Yo creo que la película plantea un debate sobre la masculinidad que no encaja exactamente con un abordaje a la representación de la homosexualidad en un entorno tan hostil como los EE.UU. de los cincuenta. Más que sobre la presencia de un chico gay en un entorno de machos supermachos, me parece que la movida es sutilmente distinta: sobre cómo un chico que ni es ni quiere ser un tiarrón encuentra su lugar en una sociedad que tan contundentemente codifica los roles de género. Y sobre cómo un disidente así se plantea sus relaciones afectivo-sexuales. En ese sentido, me flipa el contraste entre la manera en que intenta alardear delante del personaje de Deborah Kerr (demostrando su habilidad cosiendo) y la torpeza que demuestra cuando intenta comportarse como no es (en la secuencia con la camarera).

Entiendo que la peli piensa todo el rato en Laura como objeto de deseo de Tom, y lo pienso así por una decisión puramente formal: el personaje de Laura se presenta, decisivamente, cuando el punto de vista, desde la ventana de su cuarto, es el del propio Tom, que la observa sin ser visto. La planificación de esa escena me hace pensar en el carácter romántico que Tom anhela en su relación con Laura.

Y es que decisiones así pueblan la película. Por no aburrir mucho más, me encantan los planos de Deborah Kerr sola, sin compartir espacio con otros personajes, en varias ocasiones en las que Tom es humillado, o menospreciado. Subrayando de esa manera tanto el interés especial de Laura por Tom, como el papel de observadora (alguien que solamente dispensa “té y simpatía”) que parece atribuírsele al personaje.

Y coincido con @letipe en lo bien que le sienta a la peli tener que lidiar con la censura. Es algo que he pensado en otras ocasiones (con Berlanga, por ejemplo), en cómo las limitaciones contextuales fuerzan la tensión expresiva de formas muy estimulantes.

Os sigo leyendo con interés :wink:

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Coincido en que la película no trata sobre la (homo)sexualidad de Tom. Pero tampoco creo que la relación entre Laura y Tom sea una trama romántica. Puede ser que simplemente no la lea así porque no me la creo. Esto va de masculinidad, masculinidad tóxica y como nos relacionamos con ello. Por eso saco el tema como algo que es el propio espectador el que proyecta y se pregunta.

Y muy, muy de acuerdo en como lidiar con la censura acaba siendo algo que le sienta bien a la película.

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Me ha sorprendido mucho leeros porque la gran pega que tengo con esta peli (que por lo demás me parece magnífica y ha superado inesperadamente a Cautivos del mal como mi favorita de Minnelli) es precisamente la censura. Que claro, en ese sentido no me había percatado de cómo puede enriquecer el sentido de la obra; me ha gustado mucho lo que comenta @letipe del marido, es cierto que ese plano retratando su soledad al final es muy potente. También podría destacar en ese sentido que al parecer la censura pasó por alterar el escenario donde tiene lugar el encuentro sexual de los protagonistas: en la obra era en el cuarto del chaval, en la peli pasamos a una especie de bosque onírico y eso fue tenido por cursi pero a mí me funciona que te cagas por cómo blinda el aura de recuerdo fundacional o formativo de un carácter que acompañará al prota por siempre.

El problema que tengo con la censura es cómo impone un moralismo algo indigesto, sobre todo reflejado en esos minutos finales con la carta de Deborah Kerr exponiendo su culpabilidad. Supongo que el arrepentimiento le da más complejidad al personaje, pero yo estaba leyendo la película hasta entonces como un recorrido por las grietas de la sociedad conservadora en función a cómo el deseo y la alteridad podían hacerlas ensanchar, y no me gusta que Kerr tenga que “pedir disculpas” por su deseo y retomar su rol de mujer doliente. Me parece un repliegue conservador que desactiva la potencia virulenta del final de la obra (que terminaba con la frase icónica ‘cuando cuentes esto, y lo harás, sé amable’), con ese encuentro sexual absolutamente catártico entre una mujer casada y un joven de masculinidad no canónica a quien le dobla en edad. Supongo que mantenerlo habría sido demasiado escandaloso para los años 50, pero es que es una pena porque todo lo planteado hasta entonces es de un revulsivo que, como comentáis, ahora mismo pasa por plenamente actual.

Por ahora me callo, solo añadir que 1) yo no creo que Tom sea gay (que igual no es demasiado importante pero sí asumo que su trama con Deborah Kerr es un romance con todas las letras) y 2) otro defecto que le veo a la peli es lo cruel que es con el personaje de la camarera

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Por lo que he podido leer, la obra teatral original sí que ponía más en el centro la homosexualidad. Pero aquí, entre la censura y el final, parece que este tema queda en un segundo plano y se centra por completo en los roles de género. Para mí es menos transgresora que Pechos Eternos y Johnny Guitar, porque aquí no veo tanta oposición a la normatividad. Tom cose y cocina… y ya, no es distinto en nada más. La identidad del grupo está construida a través del deporte (que sí practica), las relaciones sexo-afectivas heteronormativas (que a través de Laura vemos que tiene) y la violencia. La diferencia es que Tom ejerce la violencia contra sí mismo, pero vemos que en el momento de la verdad acaba recurriendo a ella. Es una nueva masculinidad, pero solo han cambiado las formas, no el fondo (creo que esto es extrapolable a muchas de las nuevas masculinidades actuales).

Lo que más me ha gustado de la película es cómo, sin quererlo (porque no es un concepto que se manejara en la época), hace una representación clarísima de gris-sexualidad en Tom. Creo que pensando al personaje como gris-sexual encajan todas las piezas: es heterorromántico, pero no es alonormativo. Por tanto, sigue siendo una cuestión de orientación sexual (como en la obra teatral) y no tanto de roles o identidad de género. Y viéndolo así, creo que envejece aún mejor.

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Me estreno en el slow cinefórum agradeciendo en primer lugar la elección de la película porque menudo flipe que ha sido, además en mi caso es la primera película de Minelli que veo y pedazo forma de descubrir a un director.

Más allá de lo que ya habéis comentado, me ha resultado muy muy estimulante la discusión que tiene el personaje de Laura con el marido cuando éste le recrimina a ella la dulzura con la que trata a Tom. Y que en una peli de 1956 se diga abiertamente “la hombría no es irse a la montaña y ser rudo, la hombría es ser tierno” me ha desarmado completamente. Qué pasada.

Aunque a veces sea un poco desagradable, retrata TAN bien que la masculinidad es una cárcel, con cosas como el personaje del padre de Tom, que casi que prefiere que expulsen a su hijo si eso le hace UN ONVRE.

Y sobre lo del código Hays, creo que la interpretación de @letipe es increíble, aunque si que estoy de acuerdo con @alcoronag que al tener que cerrar el flashback se reduce mucho el impacto de esa frase final de Deborah Kerry. Increíble también como desde los 50 ser amable ya era ser punk, como opinaría el colega Gunn

Edit: se me había olvidado decir, en el plano más formal de la peli. Por favor, recuperemos el Technicolor, como puedo tener tanta nostalgia por algo que existía cuando mis padres ni habían nacido.

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Quizá podría considerarse la inevitable presencia de la censura del código Haya de una forma más estructural. A mí el prólogo y el epílogo me sobran, por el hecho de subrayar algo de modo que clausura la interpretación de la película en un sentido concreto, y reduce parte del discurso a una versión descafeinada de ‘El graduado’, con el lío de una señora madura con un jovencito desorientado.

Pero para mí lo fundamental es que el resto de la peli se tiene que zafar de esa pretensión censora (que siempre está ahí), y esa tensión hace que Minnelli tenga que explorar un montón de soluciones estéticas para que los debates que plantea la obra no se vean sepultados por la moralidad que quiere imponer el código Hays. La secuencia de la playa, por ejemplo, me parece modélica: toda la planificación (qué escala de plano usar en cada momento, qué lugar ocupa cada personaje en cada plano, cómo juega con los términos de la imagen y la profundidad de campo, cómo corta el plano y en dirección a dónde) obedece, creo, a una idea de hacer compleja la imagen, para que la censura, siempre básica y muy gilipollas, obvie eso y fije su mirada en besos y longitudes de faldas.

Retomó a Berlanga porque me parece un ejemplo muy oportuno de una relación creativa fructífera con la censura: ‘Plácido’, y en mí opinión, sobre todo ‘El verdugo’, tensan las posibilidades expresivas de la imagen de una manera que, por ejemplo, en ‘La vaquilla’, ya en democracia, resulta impensable por lo soso y bochornosamente cultura CT que es (a pesar de estar libre de la vigilancia de un organismo censor).

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Muy bien expresado, @Jose. Es que es eso, la censura “cierra” la película y reduce su capacidad de significar, aunque el material es tan bueno que por suerte nunca llega a ser dramática tal alteración. Además seguramente, y como en tantas otras películas (muy bien visto el caso de Berlanga), la amenaza censora haya impuesto una tensión con la que se haya crecido Té y simpatía, dándole mayor ambigüedad a los diálogos y requiriendo que la imagen exprese más de la cuenta.

Porque claro, el libreto de la película es genial, pero es que realmente a nivel de imagen se le saca a todo un partido impresionante. Qué colores, qué ambientación.

Todo debería haber contribuido a que Té y simpatía fuera un gran clásico, ni que fuera por lo atinado de sus postulados. Personalmente, y ya que hablábamos por aquí del caso contemporáneo de James Dean, me parece que la película habla de la masculinidad con una lucidez impresionante.

En este sentido puedo confirmar que el personaje de Kerr no es gay, o al menos no era como lo había ideado el dramaturgo, según estas declaraciones con las que me he topado donde aseguraba querer “atacar la noción, a menudo fomentada por el cine, según la cual un hombre solo es hombre si puede cargar a Vivien Leigh y subirla por una escalera de caracol. Yo hago campaña por la hombría esencial, que es algo interno y consiste en gentileza, consideración y otras cualidades de ese tipo y no solo de fuerza bruta”. Leídas hoy suenan algo viejunas, pero no dejan de ser interesantes por cuanto que además el propio Minnelli, al parecer, era considerado como un hombre muy afeminado.

Más allá de la anécdota, creo que lo auténticamente importante es cómo la película aborda la necesidad de escapar de una expresión enquistada de masculinidad, y en ese sentido diría que la secuencia clave es aquella en la que habla con el amigo y discuten sus formas de andar, y Tom finalmente dice algo devastador: “lo peor es que me he hecho autoconsciente de cosas que llevo haciendo años”.

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Pues sí, qué bien expresado @Jose , a mi me falta capacidad para articular de esa forma mis ideas, pero leyéndoos en el cinefórum me está sirviendo mucho en ese sentido.

Sobre la censura que comentáis tú y Alberto, estoy muy de acuerdo.

El prólogo por un lado expresa una nostalgia por parte de Tom hacia un lugar donde ha vivido una serie de hechos traumáticos que simplemente no cuadra. Impone con eso una reconciliación “madura” con el pasado, y al hacerlo en elipsis va en contra del resto de la narración, que propone una mirada detallada y valiente a un tema tan complejo.

Y con el epílogo ocurre algo parecido: impone el perdón de Tom a Bill Reynolds, el profesor, que vive ahora en un hogar roto, lleno de sombras, con las plantas sin regar (habría que ver la cocina y el dormitorio cómo los tiene). Creo que Minnelli, obligado a comerse este epílogo, disfruta un poco mostrando el desastre de casa que tiene ahora que está solo, creo que algo incluso hoy en día bastante común entre los hombres cis heterosexuales.
Y la carta de Laura exponiendo las consecuencias de la transgresión hace que efectivamente todo se estreche y resulte menos interesante.

En el resto de la película, creo que la censura genera una ambigüedad que consigue que cualquier masculinidad se pueda ver reflejada en Tom, de ahí las interpretaciones sobre su homosexualidad u otras lecturas que han hecho otros compañeros del foro (yo en particular di por hecho que estaba hablando de la bisexualidad, por ejemplo).

Pero estoy con @alcoronag y otros compañeros más arriba, no veo una intención camuflada ni unos códigos que lleven a interpretar que Tom es gay. A no ser que demos por hecho que en la obra de teatro original el autor ya estaba autocensurándose al introducir la secuencia final (anterior al epílogo), o que no fuera del todo honesto en la cita que ha puesto Alberto, cosa que no comparto.

Ya que mencionáis la secuencia de la playa: especialmente en esa parte, pero en el resto de la película también, creo que a través del tecnicolor y la composición hay una intención clara por recordar al estilo de Norman Rockwell, que ayudó a construir esa imagen de lo “americano” en los 40 y 50. Eso permite que la crítica hacia esa imagen tan rígida e idealizada sea mucho más contundente.

Edit: En la secuencia de la playa además tuve la sensación de que iba a arrancar un número musical a raíz del test sobre masculinidad, algo que habría encantado a los censores XD

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Qué interesante lo que comenta @Mario de Norman Rockwell. Té y simpatía creo que se instala plenamente en lo que podríamos definir como “imaginario Suburbia” (por tomar prestado el nombre de la exposición que Philipp Engel le dedicó a los barrios residenciales estadounidenses de los años 50). El imaginario Suburbia es jugoso que flipas por cómo es inseparable de la construcción mediática moderna del sueño americano (así como la clásica sería el western y el mito de la frontera) y nunca ha dejado de ser una neura recurrente del aeudiovisual: pensemos en una peli reciente como Don’t worry Darling de Olivia Wilde (que a su vez se inspiraba en una novela más cercana a la construcción de dicho imaginario como es Las mujeres de Stepford), y en cómo quiere analizar su estructura opresiva.

Lo guay de Té y simpatía, como podría ocurrir con otras pelis de la época estilo Un extraño en mi vida o los melodramas de Douglas Sirk, es que estaban efectuando la crítica de forma prácticamente paralela a que se constituyera el fenómeno. Por eso yo creo que son tan potentes: a la vez que trabajan desde la urgencia, la noción de que se está dando alas a un monstruo, se tienen que plegar al aparato oficial, sufrir su censura, adaptarse a algo más aceptable para la época, etcétera.

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Por fin la vi. Seré escueto: tremenda película, Deborah Kerr es inmensa y Minelli convierte el panorámico en absoluta gloria bendita.

P.D.: vaya discusión más maja se ha montado en este post.

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¡¡Nunca es tarde si la dicha es buena!! Me alegro que te haya gustado, tanto Té y simpatía como la discusión :blush:

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