Slow Cinefórum #12: Touki Bouki (Djibril Diop Mambéty, 1973)

Menudo viaje más chulo por el mundo estamos haciendo gracias al CineFórum: ahora, como segunda parada tras inaugurar los 70 con Wanda, nos internamos en el cine africano, y concretamente en Senegal.

Una cosa fundamental para entender el cine africano es que su expansión por el mundo está marcada por la descolonización que tuvo lugar entre los años 50 y 60: lo veíamos a colación de La batalla de Argel en este otro hilo, y lo que descubrimos entonces puede darnos claves para enfrentarnos a Touki Bouki de Djibril Diop Mambéty.

Así que nos situamos en los años 70, a poco más de una década de que Senegal se independizara de Francia (junto a otras muchas colonias como Túnez, Camerún, Madagascar, Costa de Marfil, la susodicha Argelia…), y una vez ya nos hemos topado con un primer film africano que consigue repercusión internacional. Se trata de La noire de… de Sembéne Ousmane, estrenada en 1966 y también producida en Senegal. Es este país de donde surgen las primeras grandes voces africanas: aparte de Ousmane y Mambéty, también nos encontramos con Safi Faye, directora que en 1976 estrena Carta campesina.

Con el tiempo Senegal perdería este carácter de vanguardia industrial (hoy por hoy, los gigantes del continente a nivel de producción cinematográfica son Egipto y Nigeria), pero entre los 60 y los 70 es el país donde “empieza todo”. Así nos topamos con la figura fascinante de Djibril Diop Mambéty, oriundo de Dakar (la capital de Senegal) que financió su primer largo, Touki Bouki, con ayudas del gobierno senegalés. El rodaje coincidió con un incidente en una manifestación antirracista en Roma, donde fue arrestado y tuvo que recibir la ayuda del Partido Comunista Italiano y gente como Bernardo Bertolucci y Sophia Loren para que le liberaran.

Mambéty, en efecto, se había labrado ciertas simpatías europeas en los albores de su carrera cinematográfica, y con Touki Bouki terminaría ganando el Premio de la Crítica Internacional en el Festival de Cannes más otro galardón especial en el Festival de Moscú. Esta filiación europea es por cierto evidente en el film, con una influencia confesa del cine de la Nouvelle Vague en materia de montaje fragmentado y abstracción narrativa. Touki Bouki tiene mucho de road movie al estilo godardiano, y como en el caso de Godard está repleta de imágenes icónicas: esa moto con una calavera bovina sin ir más lejos, que fue reutilizada en 2018 por Beyoncé y Jay Z en un póster que anunciaba su gira On the Run II Tour.

Touki Bouki en efecto es una película con gran culto, que llegó a ser incluida en el puesto nº66 de la polémica lista de las mejores películas de la historia según Sight and Sound en 2022. La lástima es que Mambéty no pudiera hacer muchas películas más: tiene un segundo largo al que separa casi veinte años de Touki Bouki (Hienas, de 1992), y poco después murió, en 1998. Aún así su apellido sigue siendo muy recordado, entre otras cosas porque su sobrina, Mati Diop, también es cineasta y tiene mucho pábulo ahora mismo. En el último lustro Diop ganó premio en Cannes con Atlántiques y el Oso de Oro de Berlín por Dahomey. Y también ha estudiado el legado de Touki Bouki, en su documental de 2013 Mille soleils.

Y he aquí un poco de contexto para entender Touki Bouki, porque vaya peliculita la verdad. ¿Qué os ha parecido?

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Me lo estoy tomando con mucha calma porque tengo mucho curro, pero no me bajo del carro del cineforum, eh.

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Muy chula esta joyita de cine kinki senegalés (aunque no haya droga de por medio, es un poco a donde me han llevado los protas y sus robos). Lo primero que me ha llamado la atención es lo simbólica que es la película, trazando todo el rato paralelismos entre los personajes y la naturaleza o los animales (gracias, Alberto, por el aviso; la verdad es que las escenas de los animales son duras).

Me ha hecho reflexionar sobre el “sueño americano/europeo”, cómo en países de origen muchas veces existe una visión idealizada del Norte global (la que tiene el protagonista) que nunca llega a cumplirse. Hay una escena en la que le dicen que París ya no es como antes, que ya no se vive tan bien. Pero probablemente esa prosperidad para los migrantes nunca ha existido y solo son promesas que se van reciclando de generación en generación. Quienes vuelven lo hacen desencantados, pero en vez de culpar a la mentira colonial, muchas veces asumen la culpa como propia, como que han llegado tarde. Otra victoria liberal.

Y esto me lleva al tema que veo recurrentemente en la película: cómo da igual lo que le digas a los jóvenes, que muchas veces no van a aprender las lecciones hasta que las sufran en sus propia carnes. O dicho de otro modo: deja que los chavales camelen. La familia de la chica le dice que cuidado con su novio, que es un pieza, pero no hace caso. Y ocurre lo mismo cuando ella le dice en qué arcón está el dinero de la arena.

Por último, quiero ver un mensaje (no tengo tan claro que esté, pero quiero que esté) cuando planean el golpe de la arena. Ella le dice algo así como que tienen un tesoro bajo sus pies. ¿Y si el director no se refiere al dinero de las luchas y las apuestas, sino que va más allá y habla de que el tesoro es literalmente la tierra, Senegal?

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Otra vez más, muchas gracias por la intro, Alberto.

Me ha costado un montón encontrar tiempo y energía mental para ver una peli y no quería que pasase de hoy y la he disfrutado.

Esta trama de escapar del Senegal a través de varios robos como excusa para ir moviéndonos de aquí para allá y descubrir el mundo y la cultura me parece que funciona muy bien.

Como es una cultura totalmente desconocida para mí y siento que la película es poco autoconsciente, he registrado las contradicciones de la obra como algo inherente a ese mundo (ficticio, pero como reflejo del real) y me ha parecido interesante.
También tiene imágenes sugerentes (no hablo de una ola rompiendo como orgasmo femenino) y honestas.
Es como esas imágenes de las vacas o la cabra siendo asesinadas. Luego vemos a alguien despellejando al animal. No hay interés por hacer espectáculo. Es honesto.

El final también es sugerente, pero me pierdo un poco. ¿Cómo lo leéis? Porque entiendo un paralelismo entre subir al barco e ir al matadero, que aunque sea interesante… no sé si se puede comparar (porque ir al barco es algo voluntario). La lectura con la que me quiero quedar es la de que es muy difícil escapar, huir de tu cultura.

Otro día más encantado de formar parte del Slow Cinefórim.

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Pues vamos con ‘Touki Bouki’… con un pequeño rodeo. Viendo la peli, me he acordado de un texto de Julio Pérez Perucha (uno de los referentes de la historiografía del cine español de los últimos cuarenta años) en el que decía que cualquier cine nacional tiene como objetivo fundamental construir a su propio público.

En el caso de ‘Touki Bouki’, buque insignia del cine senegalés, yo he visto ese propósito, esa idea de elaborar un público para el cine de Senegal, a partir de dos grandes ideas (para mí, lo principal de la peli): por un lado, la falta de contextualización, y, por otro, el alejamiento de una estructura narrativa sólida. Me explico un poco.

Por falta de contextualización entiendo el desinterés por explicar las dinámicas de relación, los usos y costumbres de la comunidad representada. En la película se evita la mirada del turista, del visitante, y la narración avanza sin ubicar conceptualmente o en el espacio y el tiempo los hechos y los personajes. En otras palabras: la peli quiere construir comunidad e identidad a partir del cine, por lo que asume en el relato el conocimiento de un espectador vinculado a lo que ahí se cuenta, y a cómo se cuenta.

En cuanto a la ausencia de una estructura narrativa sólida, Alberto ya comentaba la filiación expresa con Godard, solo añadiría que alejarse del relato explícito y reconocible sirve para situarse en un margen cultural en el sistema cinematográfico mundial, donde la narración de relatos audiovisuales es el estándar establecido por los grandes núcleos. De manera que me atrevería a decir que abrazar ciertos postulados de los nuevos cines de los sesenta constituye un gesto político de clara raíz anticolonial.

Por último, una última batallita: en la carrera leí un libro, ‘Los cines periféricos’, de Alberto Elena, y fue una experiencia rara, porque apenas pude localizar las películas que quise ver y que se comentaban en él. Me alegro de que hoy en día el acceso a estas producciones no sea cosa de cuatro festivales.

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Qué gustoso leeros! Y además sobre una peli bastante dificililla, que a mí me dejó bastante descolocado de entrada (no ayudó las escenas de masacre animal, que me parecieron ultradesagradables y gratuitas y me predispusieron a alejarme de lo que me querían contar).

Superado ese escollo, y en general lo desafiante que es el visionado, puedo decir que las imágenes de Touki Bouki se me han quedado en la cabeza y me he estado peleando con ellas durante los últimos días, lo que supongo que habla muy bien de la peli más allá de que no me haya entusiasmado.

A mí Touki Bouki me interesa sobre todo porque yo la leo como una peli sobre el trauma de la descolonización. No exactamente anticolonial como comenta @Jose, porque yo creo que la peli se pregunta si realmente puede ser anticolonial, o superar lo colonial, con sus condiciones de producción. Estoy más en la línea que comentaba @NinoCine_akaGenis sobre la complejidad de las raíces. Es decir, Touki Bouki ahonda en el rastro que deja la experiencia imperialista en un país concreto: una experiencia que no va a diluirse fácilmente por mucha independencia cultural o económica que alcance el territorio descolonizado. De esa experiencia viene entonces la curiosísima indeterminación de la peli, su carácter entre dos ejes simbióticos: por un lado la imagen de la antigua metrópoli (París como capital de Francia, que por mucho que en teoría haya abandonado Senegal se mantiene como un lugar de periplo deseable, desde donde despojarse de las condiciones de pobreza del país originario) y por otro la imagen del país descolonizado, que lucha por encontrar su propia identidad nacional pero está confundido porque no está muy seguro de cuál es esta.

Esta indeterminación afecta a la peli tanto a efectos narrativos (al fin y al cabo se reduce a un intento semifallido de viajar a la antigua metrópoli) como de lenguaje (la influencia de la Nouvelle Vague como código de aparente libertad y desafío para las convenciones cinematográficas). La figura de Mambéty invocando a Godard se reflejaría en las necesidades de los protagonistas de seguir los cantos de sirena que vienen de París (con esa canción irritante que no deja de repetirse) y daría lugar a una fusión muy estimulante que, más que abstracción narrativa, es como una síntesis: fondo y forma se funden según una misma sensibilidad, una sensibilidad que se pregunta cuál es su lugar de procedencia, y qué hay exactamente de natural u originario en ella.

Esta síntesis lleva a momentos realmente magníficos, de un poder estético bastante increíble, cuando por ejemplo la comunicación de los amantes se alterna con el oleaje (acaso pretendiéndose que ahí hay realmente una inmersión “pura” en la naturaleza, sin intermediarios o precedentes que la hayan manipulado), o con todo lo que sucede al final, con esa separación que también tiene el agua como telón de fondo. También creo que esta síntesis naturaleza/espectro colonizador se concreta muy bien en la imagen de la moto con la calavera.

Una peli super interesante la verdad.

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En cuanto tenga un rato continúo la conversación, ahora solo un inciso: ¡qué buenos sois! Qué gusto de sitio es este foro, de verdad :wink:

Ya estoy de vuelta… y recojo la cosa en esa tensión sobre lo colonial que hay en la película.

Es cierto que yo me puse estupendo y equipado el cine moderno con el anticolonialismo, e igual me pasé de frenada, sobre todo si recuerdo que en este mismo cinefórum hemos visto ‘La batalla de Argel’. Me convence más vuestro matiz: ‘Touki Bouki’ no puede escaparse de tener que tomar postura sobre el reciente pasado colonial, y si bien hay posturas bastante explícitas (lo del Memorial a De Gaulle, por ejemplo), el hecho de tomar la Nouvelle Vague como referente estético, joder, es un manifestación evidente de la inercia colonial.

Porque Godard y compañía son muy modernos, pero también muy franceses. Y que una peli senegalesa mire a la metrópoli para buscar referentes… pues la cosa se pone problemática.

Seguramente el gesto más radical habría sido conjugar la representación cinematográfica con una recuperación/reivindicación de la cultura visual (o narrativa, o escénica) de Senegal. Algo que Perucha, al que citaba en mi primer comentario, indicaba acerca del cine español, que era más interesante cuanto más buscaba cómo insertarse en la tradición cultural de la comunidad de la que emanaba.

Lo que está claro es que asomarse a cines muy al margen de los núcleos habituales de producción, distribución y exhibición exige tener en cuenta factores inadvertidos en otros espacios.

Ah, y lo de las escenas de los animales: sin palabras…

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Me gusta mucho el concepto de “inercia colonial” porque creo que puede valer incluso al margen de que haya habido relaciones directas de colonización y llevarnos a simplemente cinematografías asiáticas/africanas/latinoamericanas que hayan aceptado el influjo estético europeo/estadounidense.

No tiene mucho que ver con Touki Bouki, pero a mí por ejemplo me alucina cada vez que veo una superproducción china o india y me fijo en lo muchísimo que beben del blockbuster canónico (siempre marcado, afortunadamente, por la locura de los 90 y no tanto por sus evoluciones posteriores).

Volviendo a Touki Bouki, supongo que a la larga lo más guay es como partiendo de esta inercia construye su iconografía propia y resignifica toda la herencia colonial desde la aspereza y la búsqueda de unas imágenes autónomas. Ya os digo, me parece muy significativo que Beyoncé utilizara la moto-toro en su cartelería, sin duda a partir de la peli de Mambéty se quiso construir algo nuevo, al margen de la herencia de la Nouvelle Vague y tal.