Menudo viaje más chulo por el mundo estamos haciendo gracias al CineFórum: ahora, como segunda parada tras inaugurar los 70 con Wanda, nos internamos en el cine africano, y concretamente en Senegal.
Una cosa fundamental para entender el cine africano es que su expansión por el mundo está marcada por la descolonización que tuvo lugar entre los años 50 y 60: lo veíamos a colación de La batalla de Argel en este otro hilo, y lo que descubrimos entonces puede darnos claves para enfrentarnos a Touki Bouki de Djibril Diop Mambéty.
Así que nos situamos en los años 70, a poco más de una década de que Senegal se independizara de Francia (junto a otras muchas colonias como Túnez, Camerún, Madagascar, Costa de Marfil, la susodicha Argelia…), y una vez ya nos hemos topado con un primer film africano que consigue repercusión internacional. Se trata de La noire de… de Sembéne Ousmane, estrenada en 1966 y también producida en Senegal. Es este país de donde surgen las primeras grandes voces africanas: aparte de Ousmane y Mambéty, también nos encontramos con Safi Faye, directora que en 1976 estrena Carta campesina.
Con el tiempo Senegal perdería este carácter de vanguardia industrial (hoy por hoy, los gigantes del continente a nivel de producción cinematográfica son Egipto y Nigeria), pero entre los 60 y los 70 es el país donde “empieza todo”. Así nos topamos con la figura fascinante de Djibril Diop Mambéty, oriundo de Dakar (la capital de Senegal) que financió su primer largo, Touki Bouki, con ayudas del gobierno senegalés. El rodaje coincidió con un incidente en una manifestación antirracista en Roma, donde fue arrestado y tuvo que recibir la ayuda del Partido Comunista Italiano y gente como Bernardo Bertolucci y Sophia Loren para que le liberaran.
Mambéty, en efecto, se había labrado ciertas simpatías europeas en los albores de su carrera cinematográfica, y con Touki Bouki terminaría ganando el Premio de la Crítica Internacional en el Festival de Cannes más otro galardón especial en el Festival de Moscú. Esta filiación europea es por cierto evidente en el film, con una influencia confesa del cine de la Nouvelle Vague en materia de montaje fragmentado y abstracción narrativa. Touki Bouki tiene mucho de road movie al estilo godardiano, y como en el caso de Godard está repleta de imágenes icónicas: esa moto con una calavera bovina sin ir más lejos, que fue reutilizada en 2018 por Beyoncé y Jay Z en un póster que anunciaba su gira On the Run II Tour.
Touki Bouki en efecto es una película con gran culto, que llegó a ser incluida en el puesto nº66 de la polémica lista de las mejores películas de la historia según Sight and Sound en 2022. La lástima es que Mambéty no pudiera hacer muchas películas más: tiene un segundo largo al que separa casi veinte años de Touki Bouki (Hienas, de 1992), y poco después murió, en 1998. Aún así su apellido sigue siendo muy recordado, entre otras cosas porque su sobrina, Mati Diop, también es cineasta y tiene mucho pábulo ahora mismo. En el último lustro Diop ganó premio en Cannes con Atlántiques y el Oso de Oro de Berlín por Dahomey. Y también ha estudiado el legado de Touki Bouki, en su documental de 2013 Mille soleils.
Y he aquí un poco de contexto para entender Touki Bouki, porque vaya peliculita la verdad. ¿Qué os ha parecido?
