Slow Cinefórum #13: Sonata de otoño (Ingmar Bergman, 1978)

Nuestra travesía por los 70, tras haber recalado en títulos un poco más de nicho como Wanda o la africana Touki Bouki, nos lleva a adentrarnos en la obra de uno de los grandes cineastas canónicos, el sueco Ingmar Bergman.

Supongo que este señor no necesitará mucha presentación. Es sin duda una institución del cine europeo, uno de los grandes, y su legado es omnipresente a nuestro alrededor: ya sea por sus discípulos (en el caso de Joachim Trier y la película que nos ocupa, de forma bastante obvia) o alguna que otra polémica tardía como cuando Stellan Skarsgard sacó a relucir que Bergman fue simpatizante del nazismo cuando era joven.

Dejando de lado lo mucho que ha influido en cineastas como el mismo Trier, Woody Allen o incluso Pedro Almodóvar (Tacones lejanos no deja de ser un remake de Sonata de otoño), de Bergman hay que tener en cuenta su pasión por el teatro, su afán por experimentar con el lenguaje cinematográfico (no solo por locuras como la archiconocida Persona, sino también por los escasos remilgos que le puso a trabajar en televisión) y unas preocupaciones temáticas siempre a caballo de la espiritualidad y la culpa.

Sonata de otoño sería una de sus películas tardías y llegó en un momento especialmente duro para el cineasta (algo que quizá podamos atisbar en el propio film, de una intensidad dramática bastante loca). Fue cuando, a mediados de los 70, le arrestaron en Suecia por evasión fiscal, y encaró un proceso muy desagradable que, aunque terminó a su favor (y el gobierno tuvo que pedirle disculpas) le destrozó anímicamente. Bergman se deprimió y abandonó su país natal, mudándose a Múnich. Es el motivo por el que Sonata de otoño, pese a contar con un equipo mayormente sueco, está desarrollada al completo en la República Federal Alemana.

Años más tarde Bergman se reconciliaría con Suecia y rodaría una de sus últimas obras maestras, Fanny y Alexander, habiendo conseguido previamente un gran éxito con Sonata de otoño. Y es que este drama claustrofóbico no solo tenía a su habitual Liv Ullmann de protagonista (expareja de Bergman), sino que estaba protagonizada por la otra gran celebridad del cine apellidada Bergman: Ingrid Bergman.

Ingrid era sueca como él y había conseguido combinar el estrellato absoluto de Hollywood (llegó a ganar tres Oscars) con una obra monumental en Europa, gracias sobre todo a la colaboración con Roberto Rossellini, con quien se casaría y divorciaría más tarde (ya que a Bergman le gustaban tanto los reflejos, menuda cosa divertida es comparar su idilio con Ullmann con el de Rossellini-Ingrid Bergman). Ingrid, por cierto, fue nominada al Oscar una vez más gracias a Sonata de otoño, y sería su última peli para cines porque en medio del rodaje le diagnosticaron cáncer de mama. Fallecería en 1981 tras haber interpretado a Golda Meir en un telefilm israelí.

Y creo que esa es la trivia jugosa que tiene la peli. ¿Qué os ha parecido? ¿Era vuestra primera experiencia con Bergman?

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¿Habéis ido nunca a cenar con vuestros abuelos? ¿Os habéis quedado pegados a vuestros padres porque todo lo que hay en esa casa os da mal rollo? Las luces tan tenues, la decoración hipercargada, las paredes emparedadas con patrones que dan dolor de cabeza solo de ver, el olor…
Sonata de otoño ha sido ese sentimiento hecho película.

Las dos protagonistas son muy complejas e interesantes, pero me ha disgustado mucho cómo están escritas y dirigidas.
Es cierto que cuando escribes un personaje, incluso dotándolo de complejidad, no deja de ser la personificación de unas ideas. Cuando escribes a alguien como Eva, con los temas que pone sobre la mesa, todo lo que hace y dice se enfoca hacia ese mismo tema. Entiendo eso, claro que lo entiendo. Pero me ha irritado bastante que Eva sea solo una víctima.

Todo en su vida es un puto drama. Su hijo muerto, su matrimonio, la relación con su padre, tocar el piano. Ingmar Bergman bucea en las consecuencias de haber crecido en una casa sin una madre y encuentra en el pasado, en un hecho en concreto, las consecuencias en el presente. Cada herida no es solo una cicatriz, es algo que te transforma y te define para siempre.

Y podría comprar eso. Podria. Si no fuera porque esa mirada tan “profunda” al personaje de Eva no es ni de lejos, el mismo tratamiento hacia Charlotte.

Charlotte es una mala madre porque estaba poco en casa. Porque trabajaba. Porque tenía una carrera. Porque cuando estaba, no era capaz de lidiar con ello. Porque su carrera acabó por vieja y por no estar en casa. Vete a tomar por culo Bergman.
Lo más cercano a darle la mano a Charlotte es que esta llore mientras nos explica que se sentía mal porque era consciente de esto.

Todo lo que ha pensado en Eva es todo lo que no ha reflexionado sobre Charlotte. Y todo lo que ha pensado en Eva responde a una visión simplista del ser humano. Bergman ve a los personajes con la simplicidad con la que la psicología ha intentado explicar el mal a través de haber experimentado el mal de pequeños. Los maltratadores son maltratadores porque les maltrataron.
Yo no tengo ni idea de lo que puede haber sido esta película en su momento. A mi parecer, en 2026 no hay por donde pillarla.

¿A nivel audiovisual? Ingrid Bergman es GRANDIOSA. Increible. Y Bergman dirige algunas escenas con una gracia y humanidad increíbles. La escena del piano… La primera (y única) conversación entre Charlotte y Helena, con su hermana comprendiendo y Charlotte: Cada detalle en la cara de Ingrid es ejemplo de porque es una actriz que ha pasado a la historia.
Pero la pelicula esta producida como si fuese una película de terror. Como si fuese el Resplandor. Disfrazando a su protagonista como si fuese una niña pequeña porque tiene un trauma de infancia. Porque las fotografías de su hijo solo aparecen para dar mal rollo.

No pienso ni hablar de lo desagradable que me pareció tener a la hermana con una minusvalía para dejarla encerrada (y arrastrándose por el suelo). Pero vuelvete a tomar por culo, Bergman.

Cuando vi El séptimo sello, la primera vez que me crucé con Ingmar Bergman el año pasado, quedé flipando. Me encantó. Pero con Wild strawberries quedé frío. Con Summer with Monika quedé desencantado. Creía que esta película sería mi reconciliación con este autor, pero ahora solo puedo verle como un viejo que huele a orín (espero que decir esto no sea irrespetuoso o edadista). Porque esto es pornografía sentimental. Revolcarse en el barro sin siquiera esforzarse en comprender, mucho menos querer, a sus personajes. Es humillarles y degradarles. Simplificarlas, reducirlas a su mínima expresión para observarlas como un voyeur y no querer ni sacar conclusiones.
La muerte en El séptimo sello es más humana.

Charlotte se va. Eva se queda. En lo físico y en lo sentimental.
Hemos dado una vuelta y volvemos, hechos polvo y sin resolución alguna.

Si hay algo a lo que yo me atrevo a etiquetar como “una mala película”, es esto.

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Muy buenas, colegas,

Menudo temazo para inaugurar nuestro segundo año de cinefórum… Yo ya había tenido contacto con Bergman, sin ser ni mucho menos un experto, sí he visto sus películas más clásicas (por no decir típicas, o peor, tópicas). Esta ‘Sonata de otoño’ no la había visto, aunque me parece coherente con el resto de su obra y con la reacción que me suelen producir sus películas.

Desde el punto de vista formal, es un festín. El juego con los primeros planos (un recurso frecuente en su filmografía, que aquí alcanza un nivel que me deja flipado), la pugna de los personajes por ocupar el plano, a veces compartido, otras reservado para quien mira o es mirado. En definitiva, cada plano tiene una densidad expresiva brutal, un banquete para los semióticos en tanto en cuanto todo significa de una manera específica y a la vez orgánica con el conjunto.

La única cosa que me echa en este sentido es el vicio teatral, sobre todo concretado en la verborrea disparada de unos personajes que no se callan ni cuando están solos (lo de Ingrid Bergman dando la chapa en la habitación me parece un exceso que roza lo caricaturesco). Sólo me funcionan, en parte, las evocaciones, compuestas como si de un escenario se tratase, y que contrastan desde la configuración de la imagen con el tiempo presente desde el que se rememoran.

Y luego, claro, está la parte del tema, y del tono con el que se aborda. Y, como a menudo, aquí Bergman me parece alguien que se recrea en un espectro que va desde el malestar irritante hasta la crueldad más cabrona. ‘Sonata de otoño’ es una peli muy cabrona porque emplea un aparato formal depuradísimo para conducirnos, lenta pero segura, al sufrimiento de unos personajes dibujados entre el folletín melodramático más barato y la misantropía más repugnante (aquí sigo a @NinoCine_akaGenis sin duda).

La peli termina y me pregunto al servicio de qué está un talento visual tan acojonante. Qué puede llevar a alguien a construir tan minuciosamente una representación de la vileza gratuita. Y es la cuestión sumamente incómoda que me hace plantearme siempre el lugar de Ingmar Bergman en la historia del cine.

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No había caído en que entrábamos en nuestro segundo año de CineFórum, qué guay jeje

Muy fan del comentario iracundo de @NinoCine_akaGenis! Y eso que a mí la película me ha maravillado, diría incluso que es la peli que más me gusta de un cineasta en el que tampoco he profundizado nunca mucho (osea, me gustan bastante Persona y Fresas salvajes y El séptimo sello, El manantial de la doncella y Un verano con Mónica sí que me la pelan bastante). Osea que escribo con una sensación muy agradable de por fin haber conectado a lo grande con un cineasta canónico, si bien no puedo dejar de ver los problemas que enumera Genís y en parte @Jose.

A decir verdad tampoco puedo replicar mucho a la idea de que Sonata de otoño es pornografía emocional. Supongo que es cierto, y que hay un regodeo en la miseria y lo más penoso del ser humano que yo, por principio, no suelo comprar. Aún así la belleza plástica de esta peli me ha superado: esos flashbacks dispuestos como planos fijos desde un escenario teatral, esos colores, esa luz, esa música… sobre todo, esa forma de enmarcar los rostros de los intérpretes y coreografiar cada gesto y cada réplica devastada… la verdad es que la peli me ha impresionado mucho mucho. Solo he notado que a veces se pasa de frenada en ciertos pasajes como la pesadilla que tiene Ingrid Bergman.

Por otra parte también la he disfrutado desde el punto de vista de compararla con Valor sentimental y el trabajo de Trier: Valor sentimental es una peli que me gusta poquísimo y nunca había sabido explicarme acertadamente por qué, y he aclarado un poco mi cabeza según la recordaba con respecto a la peli y el estilo del que indudablemente estaba replicando el esquema, Sonata de otoño y Bergman.

Y es que Bergman es muy bueno. Sin duda su escritura falla también un poco por ese psicologismo tan simplón, pero hay tal magia a la hora de ubicar a estos personajes en pantalla que me he quedado maravillado, y he entrado a saco y he llorado al ritmo que Liv Ullmann. Y también he podido aferrarme a los momentos luminosos que deja Bergman de vez en cuando, normalmente concernientes al marido: la escena inaugural, en la que Viktor nos presenta a su mujer mirando a cámara, ya empezó conmoviéndome muchísimo y decidiéndome a que iba a disfrutar a saco de todo.

Igual no estoy explicando bien del todo por qué esta peli me ha impactado así, a ver si la conversación continúa y puedo concretar algún aspecto.

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Yo creo que te has explicado perfectamente, la belleza de la peli, en un sentido casi kantiano, es apabullante: el dominio que exhibe Bergman de su lenguaje expresivo es sumamente acojonante. En el fondo es difícil resistirse a un despliegue estético así, sea en el medio que sea, precisamente porque opera triangulando ideas, emociones y sensaciones (lo cognitivo, lo patémico y lo somático, como decía Imanol Zumalde en su libro ‘La experiencia fílmica’) de una manera tan completa, tan absorbente y magnética, que joder, para qué resistirse.

En mi caso, no me coge por banda tan fuerte precisamente porque la potencia audiovisual la veo deslucida por lo que considero malas influencias del teatro (insisto, el peso desproporcionado y redundante de los diálogos), lo que, supongo, me permite zurrarle con cierta facilidad por el tema de la ética. Pero vamos, como os decía en mi primer comentario, me pasa siempre con la obra de Ingmar Bergman. Salvando las siderales distancias, es un problema que me he encontrado, por ejemplo, en cineastas como Haneke (admiro su lenguaje, me toca las pelotas su crueldad).

Y hablando de influencias a colación de Joachim Trier, supongo que toda la peña que reconoce su deuda con Bergman hablará del estilo, ¿no? Porque admitir que te ha marcado la misantropía de un señor nórdico atormentado igual es jodido :rofl:

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