Slow Cinefórum #9: Jules y Jim (François Truffaut, 1962)

Noveno Cinefórum, tercero del año, cuarto dedicado a los años 60 tras Las margaritas, La batalla de Argel y La conexión.

Esta peli apunta a ser bastante jugosa, sobre todo por responder a algo que ya hemos explorado previamente en el Cinefórum como son los inicios (o precedentes inmediatos) de la Nouvelle Vague, representados en La pointe-courte de Agnès Varda (por aquí lo que hablamos al respecto).

Y es que a Jules y Jim se le considera “la película definitiva de la Nouvelle Vague”, algo que es fácil suscribir de entrada por su año de estreno: 1962, cuando ya han desfilado por las salas francesas Los 400 golpes del mismo François Truffaut que dirige esta peli, Al final de la escapada de Jean-Luc Godard, Los primos de Claude Chabrol o Hiroshima mon amour de Alain Resnais. Así como por su carácter de sofisticación o espectacularización máxima de un estilo: por supuesto no se le puede achacar a la NV un estilo unitario, pero sí desde luego unas preocupaciones por que el dispositivo cinematográfico sea consciente de sí mismo (y por las disrupciones a lo que esto puede llevar), facilitadas porque buena parte de sus artífices tengan un pasado como críticos de cine y un gran armazón teórico.

Es el caso de Truffaut, evidentemente. Discípulo y amigo del ama de André Bazin (fundador en 1951 de la revista Cahiers du Cinéma), Truffaut estuvo en primera línea de la revolución de la crítica francesa, al firmar en 1954 el influyentísimo texto Una cierta tendencia en el cine francés, donde a la vez que ponía a parir el estado anquilosado de la industria francesa (por entonces se le conocía como “el sepulturero” porque era sumamente duro con sus críticas negativas), hablaba de unos cuantos directores que, reclamando el estatus de “autores”, podían cambiar las cosas.

Truffaut, en efecto, es junto a Bazin el principal impulsor de la política de autores, que tanta influencia ha tenido. Su labor teórica es fundamental pero claro, en un momento dado sintió el deseo de dirigir además de escribir sobre cine y el resultado, Los 400 golpes, inauguró oficialmente la Nouvelle Vague en el 59. Truffaut, como vimos hace poco en Nouvelle Vague de Richard Linklater, fue asimismo quien le dio a Godard la idea para hacer Al final de la escapada, con lo que no sería descabellado erigirle como el centro de todo este movimiento.

Los 400 golpes inició por su lado una saga alrededor del crecimiento del personaje de Antoine Doinel (interpretado por Jean-Pierre Léaud) que constó de cuatro películas y un mediometraje. Besos robados, tercera entrega, se estrenó el mismo año de Jules y Jim, que fue un éxito absoluto (uno que Truffaut solo equipararía más tarde, en 1973, con su ejercicio de cine dentro del cine La noche americana).

Jules y Jim es la tercera película de Truffaut, tras Los 400 golpes y Tirad sobre el pianista. Plantea un triángulo amoroso cuyo centro es una de las grandes actrices de su época: Jeanne Moreau, que había mostrado un gran interés por trabajar con estos nuevos directores (en el 58 encabezó otro film considerado pre-Nouvelle Vague, Ascensor para el cadalso, a las órdenes de Louis Malle). La música (absolutamente magnífica) es de Georges Delerue, y la fotografía (otro tanto) es de Raoul Coutard, operador de cámara habitual de las pelis de Godard.

La historia se basa en una novela autobiográfica de Henri-Pierre Roché aparecida en 1952 y basada en un triángulo amoroso que tuvo verdaderamente con el traductor alemán Franz Hessel (que vendría a ser Jules) y la periodista Helen Grund. Y poco más queda por decir por ahora, ¿qué os ha parecido este chapuzón a lo grande dentro de la Nouvelle Vague?

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¡Cinefórum choquejuerguista! Una de las cimas del mes.

Haré un comentario más adelante, pero no puedo dejar pasar la oportunidad para zurrar a Truffaut. Y lo paradójico es que lo voy a hacer con la peli que más me gusta de él, pero… mi movida con este hombre es que su labor crítica (cuyo texto totémico es el que menciona Alberto), dedicada a pegarle hasta en el cielo de la boca a un cine según él muy aburguesado, contradice, en mi opinión, su posterior praxis fílmica: su cine, pasado el inicio (si me pongo estupendo solo saco de ahí a ‘Los cuatrocientos golpes’), tiende lento pero seguro a ser burguesito, pelín (o muchín) pijo, y alejado de las inquietudes éticas y estéticas que impulsaron a la Nouvelle Vague.

Dicho lo cual, me preparo algo más lo que vaya a decir de ‘Jules y Jim’, y mientras, os leo con interés.

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Bueno, suerte que esto es Slow, porque mi pareja me ha tenido secuestrado y ha querido ver películas conmigo, pero no Jules y Jim… ¿¡Cómo se le ocurre!? Qué dura es mi vida…

Me ha encantado, la verdad.
Mi interés por esta película venía por las palabras de Noah Baumbach (en esta charla que tanto me gusta https://www.youtube.com/watch?v=XIz_7A2F5u0&t=439s), pero por lo que sea (pereza), no me animé hasta oír a Mr. Scorssesse hablar de la película y haciendo referencia, de nuevo, a ese montaje inicial.

En la primera parte de la película, la posterior a la guerra, me sentía como en casa. Todo aquello por lo que amo el cine de Baumbach estaba aquí. La mirada de Truffat en lo pequeño para definir lo grande:


Los muchísimos recursos estéticos o estilisticos también me tenían suficientemente entretenido. La relación entre Jules y Jim me parecía divertida y honesta como para tener mi interés (y pensar en Frances Ha, lo siento). Pero seguramente estaba demasiado a gusto.

Eso cambia por completo a partir de la guerra.
El confort y la distracción dieron paso al interés genuino y la película dejó de ser una película. Jules, Jim y sobretodo Catherine pasaron a ser personas de las que me preocupaba y interesaba de forma honesta.
La película deja de ser una carta abierta a ser algo complejo, sutil y reflexivo. La confianza plena en el espectador para que interprete, busque y encuentre.
La verdad, aquí he pensado en Raging Bull y esa primera vez que sentí que una película me hacia trabajar a mi, en lugar de dármelo todo mascado.

Mis reflexiones se mueven por el amor, buscar otro tipo de amor y, sobretodo, por como es obvio que sea una mujer quien lo busque. Pienso en todos esos planos donde Jim le daba permiso a Charlotte para hacer ciertas cosas. Con Jim queriendola pero siendo completamente incapaz de comprenderla.

Y me encanta como la obra no pierde su mirada. Cierro mis divagaciones con otro momento que me enamora y es Baumbach total.


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Por cierto, comparto por aquí mi último intento por traer a mis amigos por el forochoques:

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Me ha encantado, vaya peliculote se marcó El Trufas. Es muy bonita y triste, pero, sobre todo, la palabra que más me viene a la mente para describirla es “honesta”, es la sensación que me transmite. Me gusta mucho cómo están construidos los personajes y su relación con el conflicto. Me da la sensación de que Truffaut los definió al principio y dejó que echaran a andar en línea recta, sin moverse ni un pelo de su definición. Y esperó a ver cómo esas líneas se cruzaban e interactuaban entre sí, probablemente sin siquiera tener claro dónde iban a acabar esas líneas. Y no solo los tres protagonistas, también otros personajes recurrentes, como Albert o Therese (la locomotora). Me parece increíble lo bien que funcionan las relaciones entre los personajes.

Abro melón: varias veces se menciona el tenis. ¿Podemos decir que Jules y Jim inaugura el Universo Cinematográfico Challengers?

Bromas aparte, me ha gustado pensar las dos películas juntas y ver en qué se parecen y en qué se diferencian los enfoques de los dos directores, porque creo que sus triángulos amorosos se complementan muy bien. La fogosidad de Guadagnino es calidez en Truffaut, sobre todo en la parte posterior a la guerra, cuando todo orbita alrededor del hogar que Jules mantiene a flote.

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Qué bonito esto, Genís! La verdad es que echándole un ojo apenas estamos tratando otra cosa que peliculones, qué suerte :slight_smile:

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Después de revisar veinte años después ’Jules y Jim’, vuelvo al hilo con sentimientos encontrados. Porque la peli es de una inteligencia cinematográfica increíble, pero al mismo tiempo, me ha molestado mucho lo que, en última instancia, creo que sería una demostración de misoginia como la copa de un pino.

Empiezo con lo segundo, que viene, básicamente, de la caracterización del personaje femenino protagonista como una caprichosa que se dedica a jugar con los sentimientos de los pobres amigos enamorados, jodiéndoles la vida. Al final hay un intento de arreglar esto un poco, al aludir a cómo ella ha intentado subvertir las relaciones sexo-afectivas tradicionales (por cierto, en un diálogo en el que Jim le explica a Catherine su propia mentalidad, el chiste se cuenta solo…), pero me resultó evidente la complicidad con los propios Jules y Jim en detrimento de Catherine.

Dicho lo cual, es increíble la coherencia entre el discurso contracultural bohemio del relato y la absoluta y saludable falta de respeto a la gramática cinematográfica clásica, apreciable en mil detalles: las prisas narrativas iniciales, que hacen saltar por los aires el normal desarrollo del tradicional primer acto; algunos cortes de plano, locos a más no poder; la planificación de muchas secuencias, indiferente a la habitual consideración del espectador como mirada privilegiada; o un fallo de raccord tan desvergonzado que solo cabe que sea buscado.

Pero, más allá de las provocaciones de enfant terrible, me quedo con la sabiduría de Truffaut reflejada en un plano: cuando Jim y Catherine suben al piso de arriba a consumar su relación, en la ventana aparece claramente un insecto, que se mueve en el espacio de cristal visible entre los personajes que van a terminar besándose. No hay que olvidar que Jules, quien ha aprobado ese acercamiento entre su esposa y su amigo, escribe libros sobre bichos, lo que nos podría permitir deducir que el de la ventana representa, vicariamente, al propio Jules. Y la secuencia reuniría en el mismo plano, en el momento en que Catherine inicia su relación con Jim, a los tres protagonistas.

En definitiva, peli estimulante, una más en el cinefórum.

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Perdonad la tardanza en responder. Y perdonad doblemente porque he tardado tanto en juntar algunas ideas para la peli que ¡ya apenas la tengo presente en la cabeza!

Aunque lo cierto es que este “olvido” parecía bastante inevitable en base a la experiencia que tuve viendo Jules y Jim, que me atrapó de una forma tal como para apagarme el cerebro. Se le considera la película definitiva de la Nouvelle Vague y habiendo algunas que me gustan más de este movimiento o como lo queramos llamar (bueno, sobre todo hay pelis de Godard y Varda que me gustan más), compraría totalmente que es la película definitiva porque es donde más he sentido que el protagonista es el propio aparato cinematográfico.

Cualquier noción argumental de Jules y Jim está enterrada en el despliegue formal, ya sea por cuestiones más técnicas como la fotografía y la música (que son excepcionales y absolutamente protagónicas, reclaman para sí toda la atención) o por la forma tan audaz que tiene Truffaut de contar la historia, con un montaje tan veloz y unos personajes tan hieráticos pero tan llenos de gracia y personalidad.

Jules y Jim es una peli que me atrapó por completo, que me sorprendía a cada instante y, perdonad la cursilada, pero me hizo exponerme al cine como una experiencia plástica de primer grado, de una forma que apenas era capaz de racionalizar. Leyéndoos si puedo caer en las influencias tonales con respecto a Noah Baumbach o la misoginia que rodea a Catherine, aunque casi que parecen nociones exógenas a lo que me propuso a mí la película en particular.

Si puedo decir que me parece una belleza la frase final. “Catherine quería que arrojaran sus cenizas desde lo alto de la colina pero no pudo porque no era legal”. Tremenda la ironía que late ahí, tremenda la metonimia con respecto a un cine al que le gustaría expandirse en múltiples direcciones caóticas, al ritmo del viento, pero tiene que quedarse mejor o peor atrapado en un compartimento estanco. Creo que Truffaut, con todas sus limitaciones, es de las personas que con más audacia ha querido sacarlo de ahí.

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Creo que podré ver dentro de poco ‘Nouvelle Vague’ de Linklater, ¿habrá segunda parte sobre el rodaje de ‘Jules y Jim’? :winking_face_with_tongue:

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Cuando la veas coméntala por aquí! Pero vamos, que Linklater no hace mucho para salir del mito de que la NV son Godard y Al final de la escapada y punto jaja (aún así la peli es maravillosérrima)

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Es cierto que no se ha hablado de Nouvelle Vague La pelicula por aquí. Qué penita.

¡Vista ‘Nouvelle Vague’! Me ha encantado :grinning_face_with_smiling_eyes:

Iba un poco receloso porque la figura de Godard siempre me ha despertado un poco la impresión de director comido por su personaje de cineasta rompedor, pero mis miedos eran infundados: es una carta de amor cinéfilo tan guay que humaniza a un tipo que, siendo consciente de lo marginal de su ideario y su praxis, era capaz de verse von ironía y humor.

La relación entre Godard, Belmondo y Seberg me parece una maravilla (ella, la estrella, deseando dejar el rodaje y, al mismo tiempo, disfrutando de él). Y la frase que Godard le dice al productor de la peli, algo así como que no se imagina dirigir con un productor que no sea su amigo (después de sus más y sus menos), sintetiza lo que siento viendo esto: que el cine (hacerlo, pensarlo, escribir o hablar de él) es una forma de estar en el mundo. Y coño, no es la peor que se me ocurre jajajaja.

El cine de Linklater, hasta cuando patina, es un sitio muy acogedor. Paro aquí la digresión jejeje.

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Volví a pensar en esta peli recientemente, cuando vi Resurrection de Bi Gan.

Que no sé si la habéis visto por aquí o qué os pareció: a mí me gustó pero es verdad que comparada con Nouvelle Vague sí se me hace un poco antipática, por toda su impostura y su ímpetu de trascendencia (que a veces que parece que te está regañando si no te gusta tanto al cine).

En oposición a Resurrection, verdaderamente que es que NV me parece de las cosas más saludables y juguetonas y ligeritas que se pueden hacer para proclamar que amas el cine, es una peli que cuanto más tiempo pasa más simpática me parece.

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