Slow Cinefórum #4: La Pointe-Courte (Agnès Varda, 1955)

Hola, Choquejuerguistas! Vamos con ya el cuarto Slow Cinefórum, nuevamente situado a mediados de los años 50 tras haber conversado sobre Johnny Guitar, Pechos eternos y Té y simpatía (cuyos hilos siguen abiertos para quien quiera ver las pelis cuando le apetezca y seguir nutriendo la conversación).

Ahora nos toca desplazarnos a Francia para hablar de La Pointe-Courte, estrenada en 1955, que viene a ser el debut al cine de una directora tan querida como Angès Varda. Posiblemente sea la figura más popular de la que hayamos hablado hasta ahora en este espacio, sobre todo gracias a unos últimos años (falleció en 2019) donde fue redescubierta para una nueva generación de cinéfilos a partir de Caras y lugares. Fue entonces, creo, cuando se construyó una especie de imagen de abuela adorable, que diría que no tiene mucho que ver con el grueso de su cine, de una variedad y una agresividad política bastante destacada.

Sea como sea, baste decir de Varda que se la considera una figura central de la Nouvelle Vague, al haber estrenado en 1961 la última entrega de esa suerte de “trilogía fundacional” que integrarían Los 400 golpes de Truffaut en 1959 y Al final de la escapada de Godard en 1960 (cuyo legendario rodaje, por cierto, acaba de ser recreado por Richard Linklater en su nueva peli, titulada precisamente Nouvelle Vague).

Aún así Varda siempre fue más a su rollo, alternando la ficción con el documental y brindando títulos clave como La felicidad de 1965 (mi personal favorita suya), Daguerrotipos en 1976, Sin techo ni ley en 1985 (León de Oro en el Festival de Venecia), Kung-Fu Master en 1988 o el díptico de Los espigadores y la espigadora en 2000-2002, muy rompedor por su uso del vídeo.

Esta tensión entre el documental y la ficción ya está presente en La Pointe-Courte, que Varda rodó sin experiencia alguna en el cine y sin estar especialmente interesada en el medio de hecho: por entonces ella era fotógrafa profesional, y sus contactos con la esfera cultural parisina habían facilitado que el montaje corriera a cuenta nada menos que de Alain Resnais (cuando aún su carrera se reducía al documental, La Pointe-Courte precede por un año un título tan indispensable como Noche y niebla, primer gran documental sobre el Holocausto).

La Pointe-Courte se ambienta en el distrito homónimo de la ciudad de Sète, al sur de Francia, y su metraje alterna dos vías narrativas: por un lado una pareja reflexionando sobre si debería divorciarse (interpretada por actores profesionales, Silvia Monfort y el Philipp Noiret que quizá a muchos les suene por ser luego el entrañable proyeccionista de Cinema Paradiso) y por otro el día a día del pueblo, que encabezan actores no profesionales y, de hecho, gente local de Sète. De esta forma se construye una suerte de contraste entre unas experiencias y otras, que de entrada podría recordar (aunque a saber si era una referencia que Varda tuviera en mente) al neorrealismo italiano. A mí en particular me parece que tiene un esquema muy similar a Te querré siempre de Rossellini, estrenada justo un año anterior.

Y estas son por ahora las ideas que os lanzo, ¿qué os ha parecido la peli? ¿Ha sido vuestro primer contacto con Varda? ¿La habíais visto antes?

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¡Buenas a todos!

La Pointe-Courte no es solo mi entrada a Agnès Varda, sino a la Nouvelle Vague (cosa que me alegra, porque reconozco que quería hacer deberes para lo nuevo de Richard Linklater). Digo esto porque sé que al entrar en sitios desconocidos, es fácil reaccionar con distanciamiento a algunas cosas. Entiendo que también hay un trabajo por mi parte de aclimatamiento que no he hecho (aún).

Sobre todo digo esto porque la dicotomía documental-obra de teatro de Shakespeare me chocó un poco. Ambas me atraen, pero creo que, al menos en esta película, no sé si se mezclan y casan con fluidez. Mi sensación fue la de aclimatarme a una para que me saquen y tener que volverme a aclimatar. Eso me llevaba a ser demasiado autoconsciente, pensando en pelis como Nomadland.

También creo que La Pointe-Courte tiene cero interés en la actuación. He de decir que es otro aspecto de la película que me sacaba de su mundo para pensar lo que veía, no sentirlo o vivirlo.

Dicho esto, se acabó lo malo. Voy a lo que me gustó, que fueron muchas cosas.

La primera es la fotografía. Un sinfín de imágenes muy bonitas. No me ha sorprendido al leer a Alberto comentar que a Varda le gustaba la fotografía porque hay una visión de fotógrafa clara. No de DOP, no de cinematografía; de fotógrafa. Las luces, el contraste, las formas. Hace que la obra se sienta distinta en mi opinión.

Otra cosa que me encantó es ese pueblo, la vida que hay y entender esa obra como una pieza que congela en el tiempo un pueblo, una gente y la vida. Veo mucho valor intrínseco en ello. Poder transportarme ahí y entender o fantasear sobre como era vivir en ese sitio y en ese momento de la historia.

Y, por último, diré que soy hijo de un pueblo del mediterráneo. De hecho, varias costumbres que salen en la película son tradiciones que también se hacen en mi pueblo, como lo de andar en el palo (pal ensabonat en el Delta). Y me gusta como Elle viaja al pueblo para poder entender a su pareja. Es algo con lo que he conectado con tristeza y cariño al mismo tiempo. Más tristeza, pero no soy capaz de ver si soy yo o la película.
No me creo del todo el viaje de Elle, no entiendo su “transformación”, pero lo achaco más a la poca fijación por el acting que nada.

No creo que esta película se vaya a quedar conmigo, pero sí que ha puesto mi atención en Agnès Varda. Voy a ver más de su cine y con bastantes ganas.

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Yo a Varda la conocía por ‘Cleo de 5 a 7’, y por la última parte de su filmografía, pero esta peli no la había visto, y he flipado con ella por una sencilla razón: es un manual en movimiento sobre qué es la ‘nouvelle vague’, y, si apuramos un poco, sobre qué podría entenderse por cines modernos europeos. Enseña de manera tan transparente el libro de jugadas de este movimiento, descrito en tantas historias del cine y ensayos sobre el tema, que para mí ha sido una revelación.

Dicho lo cual, creo que la película es una opera prima paradigmática: experimental, a veces un poco dispersa y, sobre todo, desacomplejada en su mostración del catálogo de influencias que acompañan a su autora. Porque efectivamente, está ese vaivén entre el artificio de ficción y el tono más documental (paseos por las calles muy naturalistas que se interrumpen con un corte de plano muy bestia), el neorrealismo italiano a tope (las movidas del pueblo creo que están hechas pensando en cualquier peli del primer Rossellini o De Sica), y por supuesto, ese cine francés que los radicales cahieristas salvaron de la quema (pienso aquí, sobre todo, en Jean Renoir y en Jacques Tati).

Pero es que, como caja de resonancias, la peli es aún más acojonante, porque determinados planos de la pareja protagonista diría que emulan los icónicos planos de ‘Persona’, de Ingmar Bergman, sólo que… ¡’Persona’ se rodó once años después! Así que, igual fue al revés, y el bueno de Bergman se encontró con una pequeña peliculita de una directora debutante que le sirvió uno de sus hallazgos visuales más emblemáticos.

Por lo demás, me quedo mil veces con la parte neorrealista de la movida, la de los amantes de Teruel me parece una muestra de cine intensito y un poco pijo que haría las delicias de un Oliver Laxe.

Y para terminar, desde un punto de vista más historiográfico: me resulta muy perturbador que una peli como esta no tenga un peso crítico mayor, dado su singular alineamiento con el movimiento que introduce. Esto me hace pensar en todo el cine que aún está fuera de mi radar, y que me haría pensar y ver las pelis desde un sitio muy diferente.

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Lo curioso es que según he leído Agnès Varda apenas había visto 20 pelis en toda su vida antes de hacer La Pointe-Courte porque a ella sobre todo le interesaba la pintura y la fotografía (ya era fotógrafa profesional antes de esto); así que supongo que mínimo diez de esas pelis tuvieron que ser del neorrealismo italiano porque a mí también me parece una referencia indiscutible jaja.

Pero al margen de estas especulaciones, está muy bien visto lo del manual de la nouvelle vague por cuanto podemos asumir este movimiento (cuya teorización siempre ha sido tan complicada) como una suerte modernidad instintiva: varios perfiles creativos inquietos con ganas de desafiar la norma clásica teniendo en mente sus experiencias juveniles y los traumas sociales de la guerra y la incipiente cultura de masas. Estos perfiles tenían en común como sabéis la cinefilia y el interés por la crítica, pero por eso mismo es tan interesante que fuera Varda (alejada inicialmente de la galaxia Cahiers) quien lo iniciara todo. A fuerza de intuición y de ganas de observar la realidad de otra manera, con un ímpetu absolutamente moderno al margen de aparatos teóricos sólidos.

Es lo que estamos viendo en todas las pelis que llevamos del Slow Cinefórum: una norma clásica convencional donde no dejan de surgir grietas. Siendo la peli de Varda, creo, la más agresiva de todas, porque además de jugar con los registros formales también hay una subjetividad esquinada muy interesante, que creo que llegaría a su cima en La felicidad (una peli cuyas imágenes se esfuerzan lo máximo posible en contradecir el discurso) y que aquí sobre todo está canalizado con una ironía antiburguesa: el contraste de las chorradas de los amantes frente a un pueblo que afronta una posible crisis para su modo de vida.

(por cierto, me he acordado de que hace tiempo tenía un podcast de cine clásico con mi colega Ramón y uno de los episodios lo dedicamos a la figura de Varda, os adjunto el enlace por aquí por si os da curiosidad: Esta película no podría hacerse hoy 1x08- 'Una canta, la otra no' - Esta película no podría hacerse hoy - Podcast en iVoox )

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¡Buenas familia! Un placer estar de nuevo por aquí hablando de peliculitas.

Comienzo con un tema más por abrir el debate y el espacio a otras historias del cine (si es posible hablar de algo así) que por ser el típico del dedo levantado que dice “eeeeh…:nerd_face: ” y busca dinamitar cualquier debate. Me refiero a la idea canónica de colocar a Varda en el saco de la nouvelle vague de manera absoluta y sin matizar. Obviamente podemos encontrar en los albores de su cine mucho de ello, como en la propia La Pointe-Courte o, mirando más allá a cuando su cine estuvo más consolidado, Cléo de 5 à 7, pero ese afán documentalista se queda más en solamente aproximación a las formas de la nouvelle vague, cuando su cine es realmente hijo de la rive gauche, los de la otra orilla del Sena, los de enfrente de Cahiers. Al contrario que la nouvella vague, que desarrolla un cine mucho más lúdico, en estas referencias de Varda vemos cómo el juego con la cámara se diluye, los diálogos son más interpretados, es menos espontáneo… Es un cine más dilatado y hierático. No sé si esto es polémico o no, pero así me lo enseñó Luis Aller en sus clases de historia del cine.

Dicho ello, simplemente transmitir dos aportaciones. Por un lado, lo ya mencionado: estoy mucho más subido a la historia del pueblo, sus amoríos, la pesca festiva y sus fiestas, que a la parte de los amantes. Aunque evocadora y visualmente impactante, la sentí demasiado borrador de Hiroshima Mon Amour y El año pasado en Marienbad, las películas de Resnais, el montador de La Pointe-Courte y, quizás, principal figura de la rive gauche. Por el otro lado y en relación a esto, me gustaría mencionar los créditos, porque hay una idea paradigmática para “la mitad” de la película correspondiente al pueblo. En estos créditos, Varda no firma la película ella sola, sino que añade como guionistas y directores a los habitantes del pueblo de La Pointe-Court, algo que justo va muy en relación con esa aproximación neorrealista, dándoles un valor capital en la concepción y construcción de la película. Me recordó a cuando en Good Time los Safdie colocan en los créditos antes que a ellos a su ayudante de dirección y a su supervisor de VFX, resaltando inevitablemente su labor.

Les sigo leyendo, abrazo a todes.

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Muy bien apuntado, @whoisinthebunker. Por eso un poco comentaba antes lo de que es peliagudo conceptualizar la Nouvelle Vague como un movimiento compacto y, más aún, vincular a Varda con ella. Es tentador y casi inevitable, sobre todo cuando nos topamos con una peli tan fundacional como La Pointe-Courte, pero creo que también es clave diferenciar estas dos vías (por el tono o el compromiso político, que aunque desde luego estaba presente en el bando de Godard diría que es más radical desde el comienzo en Varda).

Diría que también de aquí se ha ido mitificando tanto la figura de esta directora, porque siempre concibió lo cinematográfico como un medio totalmente abierto y ajeno a las teorías de autor (que, por otra parte y como sabemos, fueron tan básicas en los inicios de los cahieristas). Gran parte de las pelis de Varda son obras en construcción, consagradas al diálogo y muy preocupadas de reflejar vivencias colectivas; tanto que quizá por eso en La Pointe-Courte la parte de los amantes puede ser la menos convincente (aunque he de decir que a mí me hace mucha gracia por cómo se articula una crítica velada por el contraste a la gente del pueblo, resumida en cuando alguien dice “hablan demasiado para ser felices”).

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Qué bien que la conversación circule por aquí, porque me dais la oportunidad de decir una de las chorradas con las que me gusta epatar de vez en cuando: en realidad, la ‘Nouvelle vague’ se reduce a la obra de Godard. Seguramente Varda encaje bien en algunas de las premisas que definen (sobre todo a posteriori, como construcción historiográfica) el movimiento. Y sigo pensando que esas premisas se adaptan bien a ‘La Pointe-Courte’.

Pero es que con los demás nombres habitualmente asociados… ¿De verdad da la cosa para hablar de un grupo? A Resnais siempre le he visto más cercano al cine de Antonioni o del propio Bergman, y Chabrol, Rohmer o Truffaut terminaron encaminando su obra a un cine deudor de lo que les molaba de Hollywood, pero también de una idea burguesa y pelín (o muchín) pijilla de las pelis que criticaron mucho en sus inicios, sobre todo en su faceta crítica.

Disculpad la chapa, pero los nuevos cines en general, y el francés en particular, me parecen momentos de la historia del cine que admitirían de largo tanto una teorización como una historiografía más finas. Y que partiera, por qué no, de una figura como Varda, tan central y a la vez tan liminar en muchos de los temas que articulan los debates sobre estos cines.

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Creo que reducir a la Nouvelle Vague a Godard no es nada desencaminado, como demuestra el hecho de que la peli de Linklater se llame como se llame recreando el rodaje de Al final de la escapada.

Y aún afinaría más, se reduce a una pequeñísima parte del cine de Godard, casi diría que a escenas de la propia Al final de la escapada junto al baile aquel de Banda aparte. Es la Nouvelle Vague pop que más ha trascendido por su iconicidad y por cómo su energía ha inspirado más tarde a gente como Scorsese o Tarantino, y en ese sentido me llama la atención que sea tan famosa siendo un concepto tan deslavazado; me da la sensación de que hay más uniformidad hablando de movimientos aledaños en el cine europeo como el Free Cinema o el Nuevo Cine Español. O, desde luego y volviendo a Scorsese, en el Nuevo Hollywood.

Es muy divertido aún así que todos tengamos una idea tan clara sobre un concepto tan líquido y que infecte inevitablemente nuestra experiencia de La Pointe-Courte. Me hace pensar como en tantas ocasiones en la influencia absolutamente inmesurable de la Imagen Godard.

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Diría que este es mi primer acercamiento a la obra de Varda, aunque no estoy del todo seguro porque mi hermano (un par de años mayor que yo) tuvo una temporada de adolescente en la que se metió a tope con la Nouvelle Vague, así que no descarto haber visto alguna peli de Varda medio de rebote hace 20 años.
El caso es que esta La Pointe-Courte no me ha acabado de convencer, aunque tiene cosas que sí me han gustado.
Como suelo hacer, no me puse a leer lo que habíais comentado hasta haber visto la película, así que no sabía que Varda era fotógrafa antes de meterse en el cine. Pero es algo que pensé mientras veía la peli, en el sentido de que muchos de los planos (por la composición, supongo) me parecían muy fotográficos y que incluso los movimientos de cámara muchas veces me dieron la impresión de centrarse más en ir del punto A al punto B que en “acompañar” la acción. Creo que me estoy explicando regular, pero bueno. El caso es que se le nota bastante el deje fotográfico.
Sobre lo que comenta Alberto de que Varda sólo había visto 20 películas antes de rodar su ópera prima, en principio me pareció bastante sorprendente, pero pensándolo bien quizás no lo es tanto: estamos hablando de hace 70 años y la directora no tenía ni 30 años, así que a lo mejor no era raro haber visto pocas películas a esas alturas (sobre todo si no estaba demasiado interesada en el medio. Seguramente prefería irse a sacarle fotos a unos barqueros haciendo justas antes que meterse en un cine), pero sí que creo que afecta un poco a la película, que es una ópera prima muy ópera prima.
Aunque también es verdad que para ser una primera película arriesga bastante con el cruce de géneros, mezclando la historia de la pareja (que a no me terminó de enganchar, como ya habéis dicho otros antes) con las viñetas del pueblo, que creo que están más conseguidas.
De todas formas, el encaje de esas dos partes tampoco me convenció del todo, así que al final la cosa se me quedó un poco coja.

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Me gusta mucho lo que apunta @Javi de que la cámara está dirigida de punto A a punto B en lugar de ceñirse a la acción, creo que da en el clavo con la diferencia que puede entrañar esta peli (en particular su “modernidad”) frente al corpus clásico. Y es que básicamente nos habla de una cámara autónoma, identificada con la subjetividad de la directora hasta el punto de poder ser caprichosa. Que al final creo que es con lo que hay que quedarse: no creo que La Pointe-Courte sea una gran película ni mucho menos, pero sí tiene una intuición tan clara de ir a su bola (de buscar una “nueva manera”) que refleja muchas de las cosas que hemos estado atendiendo en este cinefórum.

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La movida es que, tal y como estáis señalando, lo principal de esta peli no es que sea excelente, sino que es importante. Al menos significativa desde un punto de vista historiográfico, por lo que ayuda a pensar la modernidad cinematográfica francesa, y creo que también en general.

De hecho, diría que eso conecta con una dinámica de nuestro cinefórum, ya mencionada antes en alguno de los hilos: el repaso del cine de los cincuenta a través del eje clasicismo/modernidad. Evidente en cómo Ray y Minnelli subvertían no pocas convenciones narrativas, estéticas e ideológicas del Hollywood clásico, pero también en cómo Tanaka hacía lo propio con el estándar fílmico japonés, y, por supuesto, Varda interviniendo en un lugar tan sensible para este debate como la Francia de los cincuenta. Me parece que Mur Oti encaja muy bien en esta línea, y en un caso tan interesante como el español.

Lo que estoy disfrutando en estas charlas no está escrito :wink:

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A mí en este caso me pasa una cosa y es que ese carácter rupturista de la película (que está claro que lo tiene) me parece que puede ser más accidental que buscado.
Quizás accidental no es la palabra (aunque tampoco tendría nada de malo… yo qué sé, la penicilina se descubrió medio de chiripa y bien descubierta está). Me refiero a que si Varda se puso a hacer la película sin tener apenas contacto previo con el mundo del cine, parece más o menos normal que su forma de narrar no se ajuste a los estándares de la época.
En el caso de las otras películas que vimos en el cinefórum sí que me parece que pretenden romper un poco con ciertas convenciones, pero en este caso no estoy tan seguro de si la cosa va por ahí (que lo mismo sí, la verdad es que me falta contexto).

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Creo que la clave es la “intuición”. Realmente las artes no evolucionan con gente erudita que haya perfeccionado la convención para a continuación alterarla e impulsar una vanguardia, sino con perfiles más acordes a los de Varda, más juguetones y atolondrados, más de “pasar por aquí”. Aunque es cierto que lo que caracteriza a la mayor parte de la Nouvelle Vague es la cinefilia…

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Aquí @Javi ha abierto un tema que me flipa (espero no dar la turra demasiado): la intención del autor. De primeras, diré que me suele importar poco aquello que pretendía el director o directora de turno, por una sencilla razón: lo que tenían que decir ya lo han dicho, y eso es la película.

Me explico un poco mejor: Umberto Eco distinguía tres conceptos desde los que acometer el análisis de una obra, que eran la ‘intentio auctoris’, la ‘intentio operis’ y la ‘intentio lectoris’. En otras palabras, atender a la obra desde el contexto biográfico y lo que sabemos del autor (lo que nos empujaría a leer las pelis casi como síntomas psicoanalíticos a la manera freudiana), desde las respuestas e interpretaciones de los receptores (y ahí los estudios sobre audiencias convivirían con los estudios de representación y la idea de los tipos de lectura de Stuart Hall y del propio Eco), y, claro, desde la propia obra (entendiendo así la peli como el manual de instrucciones desde el que pensar lo que hemos visto y oído).

En ese sentido, y sin desdeñar cualquier acercamiento, siempre me he sentido más cómodo atendiendo a la película antes que a otros factores. Y, en nuestro caso, creo que ‘La Pointe-Courte’ presenta numerosos elementos para el debate, y que tienen más peso que los propósitos que podamos atribuirle a Varias en función de lo que sabemos y podamos deducir de ella.

Como digo, es una discusión que me apasiona, y que, a la luz de lo que comentabais, me resulta tan pertinente como estimulante en relación a esta película.

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Un melón excelente, en efecto. Sin poder sustentarme en tantas lecturas como @Jose, es el que intento que sea mi abordaje cuando analizo una película: el texto fílmico es lo fundamental, y los valores que transmite tienen que ver más con nuestro mundo que con lo que sea que haya pretendido el artista (que al fin y al cabo, y por muy firmemente que haya querido planificar su obra, está más abonado a las pulsiones y las inconsciencias que otra cosa).

Sí que apuntaría por otro lado que hay que ser precavidos con lo de dejarnos llevar por el contexto, porque si leemos cada obra a conveniencia de nuestras preocupaciones o posicionamientos a cada momento corremos el peligro de aplanarla o manipularla. Es lo que nos podría llevar, por ejemplo, a los análisis pseudocinematográficos que aquí en España creo que asentó Pablo Iglesias, y luego continuó Pedro Vallín. Ese empeño en leer las películas según lo que queremos que signifiquen a mí me causa mucho rechazo y veo que va sobresaliendo a cada momento.

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Buenas! Ayer me la pude ver por fin! Tengo que decir que disfruto mucho descubriendo pelis y luego viniendo al foro para ver qué opináis sobre ellas. Como siempre, muy interesante todas las cosas y melones que habéis abierto.

A mi de Varda me marcó Los espigadores y la espigadora cuando la vi en cine en su momento. Un documental plagado de curiosidad y verdadero cariño por los personajes que retrataba.

Y lo que más me ha gustado de La Pointe-Courte es esa mezcla de curiosidad e intuición, que habéis señalado, que la empuja a traspasar la fotografía y a experimentar en un nuevo medio sin ningún tipo de prejuicio. Va recogiendo lo que más le interesa (el neorrealismo, Renoir, Rene Clair), aplicando también una estructura narrativa, en dos mitades radicales, que saca de la novela Palmeras Salvajes de Faulkner.

A mi casi toda la parte de los amantes me ha parecido un rollo tremendo jajaj Valoro esa curiosidad, esos travellings (muy interesante lo que señala @Javi de cómo aplica los movimientos de cámara desviándose del clasicismo y señalando el “artificio”), el juego en las composiciones (yo también paré la peli y fui a mirar cuando rodó Persona Bergman, a ver quién había tomado de quién. No me extraña que fuera idea de Varda por su libertad y falta de prejuicios)…Me gusta también como contrapone el pueblo pesquero y a dos pavos burgueses de veintipico años hablando como si tuvieran 60 sobre la melancolía que les produce su amor de juventud (algo que les pasó dos años antes), que no me creí en ningún momento, pero entiendo que en parte en eso consiste su “ejercicio”, un poco a ver que sale de la mezcla. Me reí mucho con el diálogo que también ha comentado @alcoronag, cuando en la parte final una pareja del pueblo dice:

-Se van esta noche.

-Qué raros son.

-Vaya vacaciones. Paseándose todo el día como perros.

-Hablan demasiado para ser felices

Otro momento en la misma línea que me gustó mucho es el del gato bostezando y estirándose detrás de los dos amantes mientras sueltan su turra (sobre los gatos, algo interesante que leí en Letterboxd son los tres bloques de personajes que hay en la película: los habitantes del pueblo, los amantes, y los gatos). Creo que ese momento y el de los amantes atravesando el baile, algo que les incomoda e interrumpe, es donde consigue meter sentido a la fusión de las dos narrativas, creo.

Todo lo relativo al pueblo me ha gustado mucho, como habéis comentado se nota que venía de la fotografía y que parte de ahí para las composiciones. Leyendo un poco sobre Varda y la película, he entendido mejor todo ese cariño que desprende hacia La Pointe-Courte, donde vivió durante años (su familia vivía en un barco). La iluminación también me ha sorprendido: para los pocos medios con los que contaban está muy cuidada.

Cosas que no me han gustado: el bofetón al niño en primer plano. Creo entender lo que intenta hacer pero no creo que sea necesario. Tampoco el gato muerto flotando con la cabeza deformada para hablar de la descomposición del amor de los amantes, es efectivo pero no hacía falta.

Verla como ejercicio de Varda por tratar de entender un lenguaje nuevo mediante sus variaciones y juegos a mi me ha funcionado, porque creo que no hay unidad de ningún tipo a la que aferrarse. No creo que la vuelva a ver, pero me han entrado muchas ganas de ver lo que me falta de Varda (que es casi todo).

Sobre la nouvelle vague no puedo opinar porque he visto relativamente pocas pelis y las he pensado menos, pero sobre esto y el tema de la intención del autor y cómo abordar el análisis os leo atentamente : )

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Yo esto me lo tomó siempre de la misma manera: pienso que el encuentro con un artefacto cultural es un diálogo, y lo que dice el creador de turno es, literalmente, su obra: la forma en que una escritora participa en la conversación es, fundamentalmente, su libro, y un cineasta, su peli, y así hasta donde queramos. Y, en este caso, la película dice lo que dice, interpretable, por supuesto, pero dentro de unos márgenes (los “límites de la interpretación” que decía Eco, y ya le dejó tranquilo).

Esto creo que entronca con lo que decíamos acerca del concepto de la ‘nouvelles vague’: al final, si vas peli por peli, haciendo un ejercicio específico como el que acaba de hacer @Mario, acaba apreciándose que el discurso sobre los fenómenos culturales muchas veces parece no haber mirado esos mismos fenómenos.

En cuanto a la mención de @alcoronag a Pablo Iglesias y Pedro Vallín, voy a tomármelo con calma porque iba a ponerme morado :sweat_smile: . Solamente diré que Pablo Iglesias ha escrito mucho sobre cine sin tener ni puñetera idea de cine, lo cual es una pena con la cantidad de peña con ideas bien guapas que compartir. Por no hacer leña del árbol caído, diré que su problema es justo el que dice Alberto: obligar a las pelis a decir lo que una premisa marca, sin importar retorcer las imágenes y sonidos mismos. De Vallín que opine el siguiente, jejeje…

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¡Hola! Por fin algo de tiempo para leeros a todos y contestar con calma.

Qué delicia leeros, lo bien que me lo he pasado. Voy por partes con todo, ya que he llegado bastante tarde. Primero de todo, coincido con la mayoría en que el valor de la película está en la tensión documental, así como por supuesto en el montaje simbolista de Resnais y el trabajo de cámara de Varda, que sorprende desde el inicio.

La experiencia de Varda en fotografía se percibe, en mi opinión, no en el movimiento dentro del plano (bastante lineal aún) sino en el mismo movimiento de cámara, que mantiene en todo momento la composición fotográfica al mismo tiempo que realiza un trabajo de sugerencia visual, un camino alternativo al de los personajes, como apuntaban @Javi y @alcoronag .

Efectivamente, @NinoCine_akaGenis el tema de hacer autoconsciente al espectador es una constante en la Nouvelle Vague, ya sea mediante el montaje, la ruptura de la cuarta pared, la parodia de los géneros o hasta la propia dirección de actores. A mí no me molesta, me resulta un ejercicio divertido si no es cargante. El problema para mí es que me interesaba muy poco la pija descubriendo que en San Juan de los Terreros de Francia los pescadores se comen los mocos, pero bueno. Sin embargo, me ocurre igual que a @whoisinthebunker, podría haber visto otra hora más de trasiegos del pueblo con el marisco y habría estado satisfecha.

@Jose, como siempre, cargado de razón e información. Ni una coma que tocarte, aunque no coincida tanto en lo de Godard entiendo la dirección que tomas. La genealogía Varda > Bergman > ABBA, me tiene tan feliz como sorprendida.

Respecto a los huevoneos de análisis fílmico/políticos de los Pablos mencionados antes por Alberto y Jose… Bueno, la reinterpretación cultural me parece siempre útil cuando, como en todo, está exenta de ignorancia y mala fe. Y con eso digo todo. Quizá no deba escribir sobre textos, contextos y subtextos cinematográficos nadie que no pueda escribir sobre la imagen en sí misma.

Con lo del triste tema de convertir a Varda en la abuela del internet cinéfilo… hace un tiempo escribí esto Cómo Martin Scorsese se ha convertido en la nueva mascota de internet . No va sobre Varda en concreto, sino sobre Scorsese, pero al final el tema es cómo nos enfrentamos a la vejez pública.

Por terminar en buenos términos, estoy descojonada con que tantos nos hayamos quedamos enganchados en el “hablan demasiado” XD.

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Vivan los offtopics! El tema que saca @letipe me interesa especialmente, en su día de hecho pensé en escribir barra opinar en alguna red social sobre el tema y está super atinado el artículo. Esto de la "mascotización” va más allá de Scorsese y Varda además, pues también podemos pensar en lo que ha sucedido con David Cronenberg (que cuando presentó Crímenes del futuro en Cannes hace un par de años apareció con unas gafitas así horteras y todo el mundo lo quiso abrazar).

Yo es un tema con el que estoy ambivalente. Por un lado veo que la mascotización puede ser útil para que cineastas veteranos se mantengan actuales e interesen a las nuevas generaciones de cara a ponerse con sus pelis. Por otro… pues lo que comenta María, hay una confluencia de edadismos y condescendencias muy muy pocha. Yo he terminado harto de los vídeos de Francesca Scorsese y no me hacen ni puta gracia.

El caso de Varda a mí me irrita especialmente, por la movida que se montó con Caras y lugares. No sé si esto es muy conocido, me refiero a un momento del documental en el que Varda y su compa van a visitar a Godard y este no les abre la puerta. Que vamos, podemos conceder que Godard era un imbécil, pero con ese episodio se formó como una pequeña guerrila cinéfila que llegó hasta cuando Godard falleció años después, todo porque habíamos querido erigirnos como los protectores de esta abuelita adorable. Que al final es el problema, lo que trae la mascotización es superficialidad, relatos facilitos con los que traficar, y terminamos aplanándolo todo y convirtiéndolo todo en una broma.

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¡Chaval! Cómo de desubicado tienes que estar para querer darle un abrazo a Cronenberg como si fuese el puto baby yoda, presentando además Crímenes del futuro, ni más ni menos XD. Te tienes que reír.

En fin, lo de la reacción en redes sobre Godard y Varda dio bastante vergüenza ajena. Sobre todo porque no siento que Varda incluyese aquello en el montaje con afán incriminatorio, sino de nuevo con esa sensibilidad documental de la que hablábamos. No hay mala fe. Ya si la tenía Godard es otra cosa, pero vete a saber la vida de la gente. Por otro lado, que Godard es un capullo lo tenía que saber la peña solo de ver sus películas, digo yo.

Yo cero ambivalencia con tema viejos cineastas mascotas, si queremos aproximar sus figuras a nuevas generaciones mi propuesta es hacer nuevos análisis, nuevas genealogías sobre su obra, como lo que propongo en el texto de una aproximación más espiritual de Scorsese o sobre su trabajo de cronista de la historia del cine, que lleva a cabo en varias de sus películas de manera soterrada.

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