Slow Cinefórum #8: La conexión (Shirley Clarke, 1961)

Octavo Cinefórum, segundo del año, tercero dedicado a la década de los 60 después de Las margaritas de Vera Chytilová y La batalla de Argel de Gillo Pontecorvo.

En este caso toca volver al experimentalismo liderado por una mujer pionera como en el caso de Chytilová, aunque ahora adentrándonos en la contracultura estadounidense y en el llamado New American Cinema. Esto es, un grupo de cineastas de vanguardia que se forjó en Nueva York a finales de los años 50 (articulados según el manifiesto de la Cooperativa de Cineastas) e incluía a figuras tan ilustres como Maya Deren, Stan Brakhage, Jonas Mekas o la jefaza que nos ocupa, Shirley Clarke.

Originalmente había querido ser bailarina y eso es lo que estudió contra los deseos de su padre: un hombre abusivo que trató de entorpecer su carrera hasta que conoció a su marido Bert Clarke y se alejó de la familia biológica. Pudo entonces reconvertir su pasión en varios cortometrajes experimentales que tenían la danza como tema central (caso de Dance in the Sun en 1953), si bien este interés por el audiovisual pronto alcanzó cotas más ambiciosas. Por ejemplo las dos partes de Bridges-Go-Round, centrado en los puentes de Nueva York, o sobre todo el cortometraje Skyscraper, que centrándose en la construcción de un rascacielos fue premiado en Venecia y nominado a un Oscar.

Fue entonces, a inicios de la década de los 60, cuando quiso adaptar para su debut al largometraje una obra de teatro que estaba haciendo mucho ruido en los círculos contraculturales: La conexión, desarrollada por Jack Gelber, la película que nos ocupa. Para llevarla al cine Clarke mantuvo a Gelber como guionista y a buena parte del reparto (incluyendo a Carl Lee, con quien iniciaría un romance que provocaría su divorcio con Bert), al tiempo que la adaptación se fundamentaba en un planteamiento rompedor: así como la obra original partía del ficticio empeño de hacer una obra de teatro con un grupo de músicos de jazz heroinómanos, en el cine se haría algo equivalente. Es decir, un director y un cámara que se introducirían en el piso de unos yonkis para grabarlo todo. Es decir, que sin comerlo ni beberlo Clarke estaba inaugurando el cine found footage, falso documental con ‘metraje encontrado’, que muchos años más tarde desencadenaría una revolución en el cine de terror a partir de El proyecto de la bruja de Blair (1999).

Lo rompedor de La conexión en su día no estribó sin embargo en el género que inventaba o en su temática (donde Esperando a Godot confluía en la agobiante espera a un camello, la deseada conexión del título), sino en la supuesta obscenidad de sus elementos. De forma que, aunque La conexión gustara mucho en los entornos más artísticos (el festival de Cannes, el entusiasta abrazo por parte del movimiento beat), la película experimentó la censura y la prohibición de su estreno en muchos cines.

Clarke podría remontar después de esto (un posterior documental sobre el poeta Robert Frost fue nominado al Oscar a Mejor documental), pero se tendría que limitar a un reconocimiento muy de nicho junto al resto de sus amigos experimentales, alejados de la explosión del cine independiente-narrativo que se viviría en EEUU a través de John Cassavetes. Clarke dirigió por ejemplo en 1964 The Cool World, adentrándose en las calles de Harlem y contando con el apoyo de Frederick Wiseman (posiblemente el gran documentalista estadounidense, aunque en esa época aún no era tan conocido). En 1967 dirigió Portrait of Jason, un documental sobre un gigoló gay y afroamericano que tuvo mucho éxito en Europa. Y en el 69 hizo una simpática colaboración con Agnès Varda (de quien estudiamos La Pointe-Courte en este otro CineFórum) en su comedia de cine dentro del cine titulada Lions Love, donde interpretaba a una directora basada en sí misma.

En los 70 empezó a experimentar con el vídeo y la performance, colaborando con John Lennon y Yoko Ono en su película Up your legs forever (compuesta íntegramente por planos de piernas, siendo dos de ellas las de Clarke), o haciendo en el 85 otro documental que tuvo cierto pábulo, Ornette: Made in America. Poco después sin embargo contrajo el Alzhéimer, y murió en el 97 bastante olvidada. Por suerte la reivindicación de su figura no tardó en llegar, organizándose menos de diez años después el premio Shirley Clarke para cineastas de vanguardia.

Y hasta aquí el contexto. ¿Qué os ha parecido, Choquejuerguistas?

7 Me gusta

@alcoronag No he podido verla aún, algo que espero subsanar en breve. Pero no quería dejar pasar la ocasión de agradecer una vez más estas presentaciones, ¡cada vez más guapas!

2 Me gusta

Gracias @Jose! No te preocupes, cuando te sea posible.

Entiendo que esta peli es más ignota y menos accesible que otras pero os animo mucho a que os la pongáis!!

1 me gusta

Me gustan mucho las obras que combaten por mostrar la autenticidad como valor supremo, más aún en un ambiente tan caótico como lo era América en los 50. Nada más empezar me ha recordado , tanto por temática como por la presentación y fuerza de sus personajes a la fotógrafa neoyorkina Diane Arbus, quien mostraba el mismo mundo marginal de una manera tan incomoda y certera, como diciéndole al publico: no apartes la mirada de la verdad solo porque te sea difícil saber que formas parte de ella.

Hay una escena, no muy lejana del principio de la película dónde el documentalista está dando algunas directrices a los actores, intentando que todo lo natural se vuelva un poco más guionizado (a pesar de que es justo lo que intenta evitar) y uno le discute con la frase: ya ni si quiera mi mano es mi mano. ¿Qué entendemos por naturalidad cuando ni si quiera su propio cuerpo les pertenece? Quieren contar una verdad para la que ni si quiera están preparados, quieren ritmo, quieren el conflicto, quieren los prejuicios a los que estamos acostumbrados en la gran pantalla. Sus deseos no son más que la representación de la mirada cultural. Y la realidad aquí consiste en esperar. Hacer del espectador un participante más de la película es justo el punto clave del filme a mi parecer; no tratan de convencernos de sus dolencias o de sus decisiones, de como han llegado hasta ahí, de querer que juzguemos nosotros desde la comodidad de nuestro salón si son buenos o malos, solo tratan de sostener sus duras vidas como pueden y de compartirla de la manera más realista con quien quiera escuchar. Creo que hay reflexiones muy profundas y que están muy bien hiladas con lo que busca criticar de la sociedad.

No conocía a la directora y puedo decir que ha sido toda una sorpresa adentrarme en su mundo con una obra así, creo que le hace bastante justicia al texto y es muy curioso que esta pelicula diera lugar a los inicios del found footage. ¡Muchas gracias por la recomendación!

3 Me gusta

¡Vista!

Qué de cosas que decir… Y la primera y seguramente fundamental: esta película es una lección en vivo de teoría de la ficción, jugando constantemente con la idea de relato, de representación y de realidad. Diría que ahí está lo que más ha condicionado mi experiencia con ella, donde le veo más logros y, también, lo que le acarrea algún que otro problema.

La peli Salta sin solución de continuidad de la representación de un grupo de drogadictos esperando a un camello a la representación de la filmación de una película sobre esos drogadictos, con un uso muy sugestivo de las dos cámaras presentes (pequeño inciso: qué guapo ver lo que en los sesenta se entendía con visibilizar a los cineastas y su estilo, y compararlo con lo que el audiovisual contemporáneo plantea al respecto). Por ello, el entendimiento de la ficción como universo cerrado que requiere el pacto con la audiencia salta por los aires, y pone de manifiesto tanto lo artificial de la idea de cine narrativo como la naturaleza de constructo que aplica de igual modo a ficción y a no-ficción.

Lo radical de esa propuesta es lo que más me ha gustado con diferencia, pero creo que limita mucho en última instancia la propuesta completa: tengo la impresión de que una vez que ha puesto sobre la mesa su preocupación temática y su libro de jugadas de puesta en escena, la potencia de la movida de consume con cierta rapidez.

En cualquier caso, se trata de una peli que pone sus ideas (que no son precisamente simples) en diálogo con la forma específica en la que se representan, y con eso ya me tiene ganado para la causa.

No había oído hablar de ella nunca, así que el foro sigue al pie del cañón descubriendo cosas :wink:

2 Me gusta

¡Bueno, bueno! Esta podría ser fácilmente la película del cinefórum que más he disfrutado. Entre esta y Pechos eternos.

Me lo he pasado muy, muy bien. No siempre dentro, porque a ratos mi mente volaba pensando "uf, pero que wapo sería hacer una obra de teatro de esto (y con Steve Buscemi haciendo de Leach). Pero en los créditos ya he visto que está basado en una obra de teatro y luego… pues he leído la siempre increíble introducción.

Supongo que, por la propia naturaleza de la obra, el teatro es su entorno natural, pero la traducción queda muy apañada. Al principio pensaba que estaba claro que estos no son adictos. Ni hablan como tal ni se les ve como tal. Y me parece acertado. Me gusta mucho que no me quieran engañar, que el formato sea para un divertimento, para la reflexión y no para la burda mentira. Cuando he caído en esto ha sido cuando el director habla por primera vez a cámara.

*Mini anécdota: Cuando era pequeño hacia películas caseras. Con mis amigos, con mis primos, solo… Me encantaba el cine y me encajaba hacerlo. Luego me enamoré los extras en los dvd’s y, obviamente, empecé a hacer extras. Muchas de mis películas caseras (como La búsqueda, sin Nicolas Cage, pero con mi prima) las completaba con un video de mí mismo (el director) sentado en una silla como si me entrevistasen y, de vez en cuando, gritando a alguien imaginario, cosas como “no, más a la derecha, actúa mejor, esto está mal”. Eso es lo que pensaba que era un director.

Y el director ficticio de esta película ficticia no dista mucho de eso. Un director, si quiere cortar, no se pone delante de la cámara, mira directamente a ella y dice “no, no, no… tenemos que cortar, esto no es así”. Simplemente, grita “¡Corten!”. Es este el momento en que he pasado a estar más relajado y la película me ha entrado como agua en verano.

Me encanta que me haga jugar mentalmente y reflexionar sobre lo voyeur que es el cine y, al mismo tiempo, mostrarme la disfuncionalidad de la adicción, escapando de la romanización del dolor. Me encanta cuando Cowboy suelta un monólogo de lo mal que lo está pasando para luego decirme “¿qué? ¿Es esto lo que querias?”. Toma.

Y hablando de Cowboy. Al principio pensaba que habían construido muy bien las ganas de verle para luego ser un tío que “ni chicha ni limona”. Pero, una vez más, caí en lo que pasaba cuando el director ficticio le dice “ibas a ser el héroe de mi historia”. Es que me la han querido colar y me la han colado. ¡Que bien me lo he pasado!

3 Me gusta

Qué alegría que os haya molado tanto la peli!

Yo vamos, como vosotros, no tenía ni idea de su existencia (creo que leí el título en una lista de grandes pelis de los 60), y en efecto me ha descolocado muchísimo.

Creo que encaja muy bien dentro de estos embates de modernidad fílmica que venimos analizando por aquí desde los años 50, y que entre la Nouvelle Vague y lo que por ejemplo hacían Chytilová o Pontecorvo no dejan de aludir a la autoconsciencia del dispositivo al tiempo que una preocupación por proyectarla hacia algún lado útil. Sea expresivo, sea ético, sea político.

Así que La conexión es una obra especialmente nutritiva en este caso porque se preocupa de la ética de las imágenes: cómo se capturan, a qué oficio sirven, qué subjetividad será la prioritaria (que en efecto y como avanzáis no es la de las entes representadas sino la de quienes las registran).

En este sentido me gusta cómo, a la vez que se burla del afán del cineasta/documentalista por manipular y reconstruir, también va explorando cómo este se va contagiando de lo que registran sus imágenes.

Aún así creo que la peli no me ha gustado tanto como a vosotros y diría que es un poco por lo que dice @Jose: la extrañeza que invoca el planteamiento se agota rápido. Y a mí particularmente no me funciona demasiado el acting; se nota demasiado que el origen es teatral y le quita potencia a la ilusión de realidad que quiere conjurar la peli. En particular creo que todo lo de la monja es un error grave, que empuja la propuesta a los terrenos de la farsa y desactiva la mordiente social.

Pero vaya, tampoco son cosas demasiado graves; desde luego ha sido muy enriquecedor toparme con algo así. Y descubrir que el found footage, antes de ser un marco tan provechoso para el terror, sobre todo es una invitación a sospechar sobre los mecanismos que posibilitan las imágenes en cualquier medio.

2 Me gusta